"Por qué me parece bien que mis hijos adolescentes me digan que beben"

Pero no esperéis que yo haga una fiesta en casa o que compre el alcohol.

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Tras la muerte de una niña de 12 años en Madrid por un coma etílico, recogemos el testimonio de de esta madre norteamericana que publicaron nuestros compañeros de Good House Keeping en el que relata sus razones por las que prefiere que sus hijos le digan si beben alcohol.

"Tú también fuiste adolescente alguna vez. Quizá bebiste alcohol cuando eras menor de edad. Quizá no. En cualquier caso, es una parte importante de la cultura americana, y es la sustancia ilícita más fácil de conseguir para los adolescentes. No importa la edad legal que se imponga ni las charlas que les obliguemos a escuchar, es poco probable que el consumo de alcohol en menores de edad desaparezca nunca.

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Así que, me niego a actuar como si fuera a desaparecer, prefiero que mis dos hijos estén bien informados. Juzgadme todo lo que queráis, pero también deberíais entender por qué me parece bien, la mayor parte del tiempo.

1. Prohibirlo hace que lo deseen más

Enseño un programa de escritura creativa a tiempo completo, trabajo con los mismos chicos desde 1º de la ESO hasta Bachillerato. Y como he leído sus textos más honestos y les he visto transformarse desde la inocencia hacia la experiencia, sé qué debo esperar respecto a mis propios hijos. Y sé que cada vez que sus padres marcan una línea en algún tema, ellos se ponen muy cabezones. Asumo que mis hijos van a aprender alguna lección desagradable sin que les importe lo que dice la ley o los consejos que yo les dé.

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2. Tu ciudad puede hacer más difícil el control de la bebida

Miami, donde vive mi familia, es una ciudad emocionante, pero la moral de ciertas personas aquí puede ser ligera, alimentada con mucho dinero. La típica fiesta en casa tiene esta pinta: padres ricos, muchos que vienen de otros países donde la ley es diferente, que suelen dejarles barriles de cerveza mientras se retiran al otro ala de su mansión de estilo mediterráneo, y dejan que los chavales armen jaleo hasta que los vecinos se quejan a la seguridad tantas veces que los echan a todos de allí. Normalmente, esto no dura más de una hora y no hay castigo para nadie. La policía, si es que se la llama, tiene mejores cosas que hacer en la ciudad que arrestar a unos 30 o 40 estudiantes de institutos. (Si viviésemos en una ciudad pequeña donde los polis estuvieran aburridos, mi táctica sería bien diferente).

3. Mis hijos saben que pueden pedirnos ayuda

No importa cuáles sean las circunstancia, saben que deben venir a casa si ellos o un amigo necesitan ayuda. Mi marido es médico, así que puede evaluar qué tratamiento médico haría falta, en caso de necesitarlo. Preferimos que nos dejen manejar la situación a nosotros antes de que intenten hacerlo ellos solos y quizá termine en un coma etílico.

Así que algunas veces nos hemos tenido que hacer cargo de adolescentes que se han pasado un poco con la bebida. Una vez, fue nuestra propia hija, ya en bachillerato. Otra vez, fue la hija de nuestros vecinos, a los que llamamos en cuanto pasó. Ellos estaban muy agradecidos por la ayuda. Otro aspecto positivo: no juzgarles por estas situaciones ha ayudado a que nuestros hijos nos hablen sobre otros temas más espinosos.

4. Evita que se pongan al volante

Ya que hablamos de beber alcohol, puede insistirles en que cojan un taxi, usen Uber o Lyft, para ir y volver de manera segura. Y como las cuentas están asociadas a mi PayPal, sé qué han hecho. Creo que este tipo de servicios están ayudando a bajar la tasa de conductores adolescentes borrachos, aunque puede que solo sean útiles en áreas urbanas donde es fácil conseguirlos o cuando el presupuesto lo puede permitir.

5. Prefiero que cometan sus errores ahora

Puede que suene ilógico, pero quiero que mis hijos tengan las experiencias negativas con el alcohol y que aprendan a manejarlo antes de irse a la universidad. Cuando daba clases en la universidad, presencié, escuché y leí demasiadas historias trágicas de chicos "buenos" que nunca habían probado ni una gota antes de llegar a la universidad. En este mundo, la inocencia e inexperiencia puede tener consecuencias terribles.

6. Pero no significa que yo vaya a dar la fiesta

Hay ocasiones en las que no estoy de acuerdo con que beban alcohol. Somos tolerantes con la presencia de alcohol fuera de nuestro hogar, los chicos han tomado precauciones al volante y recibidos mensajes cada poco tiempo. Pero no tenemos ningún deseo de ser los anfitriones. Ahí es donde nosotros dibujamos la línea: nada de fiestas, no se sirve nada bajo nuestro techo y jamás se robará el alcohol de nuestro mueble bar. Una cosa es que mi hija me diga que va a ir a una fiesta donde habrá alcohol y que mi hijo salga con algunos compañeros de fútbol a los partidos en la Universidad de Miami. Pero es muy distintos cuando llego a casa, después de un fin de semana de conferencias y me encuentro una botella de vodka vacía y vasos de chupito esparcidos por mi cocina. (Mi marido había estado de guardia en el hospital ese fin de semana). Después de que pasáramos el siguiente fin de semana como una gran familia infeliz, en lugar de nuestros típicos planes, nuestros hijos lo entendieron. Puede que no tengamos muchas reglas, así que obedecer las pocas que sí tenemos es, de lejos, lo mejor que pueden hacer mis hijos".

De: GoodHousekeeping