"Soy adoptada, pero eso no significa que debas sentir pena por mí"

Aunque mis padres naturales no pudieron criarme, encontré una maravillosa familia que sí lo hizo.

Lo más popular

"¡Esos no son tus padres DE VERDAD!"

A pesar de esas palabras que habían sido mencionadas hace más de 30 años, sigo recordando como Nancy McDonald me miraba cuando dijo eso, una mano apoyada en la cintura y la otra tocándose sus rizos rubios mientras me decía eso y se iba tan tranquila, dejándome boquiabierta en medio del patio.

Siempre he sabido que era adoptada, de hecho, no recuerdo un momento en el que no hubiera sido consciente de ello. Y siempre he estado orgullosa de que mis padres adoptivos me hubieran escogido, según ellos me contaban. Después de todo, yo pensaba que la adopción era mejor que ser un hijo biológico. Además del cumpleaños, celebrábamos el "Día Feliz", que era el día en el que vine a vivir con mis padres adoptivos, así que tenía el doble de regalos que el resto de los niños.

Publicidad

Pero Nancy pensaba que yo no era especial. Ella creía que yo había sido rechazada por mi familia biológica y no tenía ningún problema en decírmelo delante de todos sus amigos: "Tus padres de verdad no te querían, por eso te dejaron sola", explicaba a todo aquel que pasara por allí. Por supuesto, había algo de verdad en lo que ella decía. Sus palabras dolían, pero yo entendía, a pesar de mi corta edad, que yo no era nada más que una niña muy afortunada. Si mis padres biológicos no me querían, ¿no era mejor para mí vivir con gente que sí lo hacía?

Lo más popular

Incluso el niño adoptado más feliz tiene curiosidad sobre sus orígenes, y cuando yo estaba en la adolescencia, estaba dispuesta a saber más sobre la gente que me había traído al mundo y sí, que también me habían abandonado. Mi adopción tuvo lugar a través de la Caridad Católica, en Carolina del Sur. Cuando nací, las decisiones sobre el contacto en un futuro eran únicamente de mis padres biológicos, y podían hacerlo una vez que yo fuera adulta. Pero indicaron que no querían que fuera así.

¿Estaba decepcionada? Por supuesto. ¿Estaba hundida por ello? Para nada. Tenía que respetar que las dos personas que me habían traído al mundo habían sido incapaces de criarme. En ausencia de tal capacidad, tomaron la mejor decisión que había, una que me hiciera crecer feliz y sin miserias ni dificultades. Y gracias a Dios, encontré un hogar con dos personas que no sólo cuidaron de mí y me sacaron adelante, sino que era algo que querían hacer de verdad.

Mis amigos me preguntaban cómo podía aceptar que la única información que me diera la Caridad Católica era un informe de dos hojas con la información básica sobre mis progenitores: su edad, color de pelo y ojos, y detalles superficiales sobre sus historiales médicos. ¿Por qué no contraté un detective privado? Con el crecimiento de internet, su pregunta cambió: ¿Por qué no estuve horas y horas investigando en la red a través de foros y chats?, ¿por qué no busqué a mis padres por la web o metí presión a la organización para que me pusiera en contacto con ellos? Mi respuesta era fácil: porque no lo necesitaba.

El concepto de padres "de verdad" es un término que se utiliza mucho en los niños adoptados, pero para mí, tanto mis padres biológicos como los adoptivos eran mis padres auténticos. Jugaban diferentes papeles en mi vida, obviamente, uno de ellos habían estado más involucrados que los otros, pero mi completa existencia dependía de las dos partes. Siempre he estado agradecida a cada uno de ellos, y respetar sus decisiones era la mejor manera de agradecérselo.

A menos que seas adoptado, probablemente no pienses sobre qué parte de nuestra identidad tiene que ver con nuestro origen biológico. Desde nuestros apellidos a las historias de nuestros ancestros, la manera en la que encajamos y jugamos un papel en la sociedad no está solo determinada por quienes somos ahora, sino por dónde venimos.

Esto me ha venido a la cabeza en cada uno de mis tres embarazos, cuando las enfermeras y médicos me han preguntado por mi historial familiar. "No lo sé, soy adoptada", era mi frase recurrente, que iba acompañado de la típica respuesta con gesto de pena: "Oh, vaya, lo siento", como si hubiera dicho algo sobre la muerte de un familiar cuando solamente no tenía la información que ellos necesitaban.

Esto es por lo que Nancy McDonald nunca entenderá mi postura. Y si hay algunos "problemillas" que yo haya tenido por ser adoptada, no tienen nada que ver sobre encontrar a mis padres biológicos, sino con encontrar un lugar en el mundo donde me sienta cómoda hablando de mi adopción y la gente me trate como una persona normal, no teniendo que llevarlo en secreto, como algo de lo que la gente tenga que sentir pena por ello en lugar de celebrarlo.

* Los nombres han sido cambiados para respetar su intimidad.

Vía: www.goodhousekeeping.com

More from Diez Minutos: