"Una citología a los 50 me salvó la vida"

3,7 millones de mujeres en el Reino Unido todavía no se hacen citologías. Dawn, de 51, comparte su historia sobre cómo descubrió que tenía cáncer de útero.

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Una prueba salvó la vida de esta mujer, que logró vencer al cáncer. Te contamos su relato en primera persona.

"Hace dos años, me estaba arreglando el pelo para la fiesta de mi 50 cumpleaños cuando, de pronto, empecé a sangrar. Era extraño, ya que mis períodos eran bastante regulares y no me correspondía en esos días. También sangraba después de mantener relaciones, pero como en ambos casos podía deberse a signos de la menopausia, no le di importancia. El cáncer de útero ni siquiera se me pasó por la cabeza".

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"Poco después, cuando me fui de vacaciones con Mark, mi marido, tuve la sensación de que algo iba mal, aunque no sabía qué. Acudí a mi ginecóloga cuando regresé y me dijo que podía ser la menopausia, pero me prescribió una citología por seguridad", continúa.

"Dos días después, recibí una llamada de los médicos al colegio de primaria donde trabajaba. En la citología había salido algo anormal y tenía que volver para que me hicieran una colposcopia. Me asusté mucho y pensé: '¡oh no, esto no puede ser cierto', porque nunca había dejado de hacerme revisiones y siempre había ido todo bien. Bajé corriendo las escaleras del colegio, algo que siempre decimos a los niños que no hagan, y me encontré con mi compañera y amiga, Lucy. En cuanto me vio la cara, supo que algo iba mal. Le dije que el resultado de la citología era anormal y rompí a llorar. Estaba aterrorizada".

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"Una semana más tarde, me hicieron la colposcopia. Me tumbé en la cama y los médicos me miraron con una lente de aumento muy potente para buscar irregularidades en el cuello de mi útero. El doctor encontró un bulto que crecía por fuera del cuello uterino y tomó muestras para hacer una biopsia. Después, nos informaron a mi esposo y a mí que podía ser precanceroso o canceroso. Si era precanceroso, me harían una biopsia de cono, que es cuando te duermen y toman una muestra del cérvix -como una citología, pero más intenso- o, si definitivamente era cáncer, necesitaría una histerectomía radical. La incertidumbre era horrible".

"Una semana después, tras una resonancia magnética y un análisis de sangre, el doctor confirmó que tenía cáncer y que necesitaba la histerectomía radical. Que te digan que tienes cáncer es, simplemente, aterrador. Lo primero que le pregunté al médico fue, '¿cuál es mi esperanza de vida?' y él respondió 'realmente buena porque si lo extirpamos por completo, te recuperarás'."

"He tenido amigas que han sufrido cáncer de mama y cuando eran informadas, tuvieron a una enfermera de oncología sentada a su lado. El día que me dijeron que tenía cáncer, no había enfermera. Me lanzaron esa noticia y me tuve que marchar y esperar a que llegaran las citas posteriores. Aunque mi esposo me animó muchísimo, era espantoso no tener a nadie que entendiera realmente cómo me sentía".

"Fue duro levantarse de la cama después de eso, no por el miedo a morir, sino porque estaba muy preocupada por mi marido, mis hijos y mi madre. ¿Qué harían sin mí? Para prepararles, les dije a mi hija de 18 años y a mi hijo de 20 que la citología había desvelado algo anormal, y parece que se lo tomaron bien. Sin embargo, cuando salí del quirófano tras ocho horas y media de intervención, tan sólo ocho semanas después de que sangrara por primera vez, mi hija estaba muy preocupada. Creo que fue la primera vez que me vio realmente enferma".

"Por un lado tuve suerte, porque los médicos atajaron mi cáncer antes de que saliera del cuello uterino, de modo que no necesité radio ni quimioterapia, y pudieron eliminar los ganglios linfáticos cancerosos durante la histerectomía. Habiendo visualizado al cáncer como un enemigo al que vencer, saber que me deshice de él me hace sentir francamente satisfecha".

"La operación me precipitó a la menopausia. Tan pronto lloraba como reía, me asaba de calor o me congelaba. Olvidaba las cosas más sencillas. Perdí dos cheques y una tarjeta de cumpleaños que todavía no sé dónde estarán. Comencé una terapia de reemplazo hormonal en la que puedo permanecer durante cinco años. Todavía sufro un montón de efectos secundarios de la cirugía; por ejemplo, ya no tengo la sensación de necesitar orinar, así que debo recordar ir de vez en cuando para evitar una infección".

Recuerda también los efectos psicológicos. "Fueron difíciles. La gente piensa que te sometes al tratamiento y ya está, pero en realidad me sentía completamente perdida y sola. Incluso acudí a un terapeuta durante once meses. Pasó mucho tiempo hasta que pude pronunciar la palabra cáncer en lugar de 'eso' en nuestras sesiones".

"Cualquiera que haya superado un cáncer os dirá que cambia tu actitud frente a la vida. Te vuelves menos tolerante con las tonterías de los demás. La gente se queja por haber perdido mucho tiempo en la compra pero, cuando has estado tan enferma, ves la vida de otro modo. Los árboles son más verdes, el cielo más azul y lo aprecias todo porque te das cuenta de lo frágil que es la vida. Ahora me siento mucho mejor, sobre todo porque ayer recibí una carta en la que decía que mi última citología estaba limpia (es la primera desde la operación y la tuvo que abrir mi marido de lo nerviosa que estaba). Me gustaría que redujeran el límite de edad para realizar estas pruebas. Insistiré a mi hija, a sus amigas y a las hijas de mis amigas para que se hagan pruebas tan pronto como les sea posible. Y para las mujeres más mayores que continúen haciéndoselas. Lo sé por experiencia: puede salvar tu vida".

Vía: www.goodhousekeeping.co.uk