"Tras la muerte de mis abuelos, me enteré de un secreto familiar trágico"

Una historia devastadora que pone al descubierto los orígenes de una familia.

Lo más popular

Ésta es la historia de una familia que conoció de casualidad sus orígenes y descubrió que la tragedia marcaba a sus antepasados. Personalizada en Sarah, descubrirás a través de su relato en primera persona lo que escondía su familia.

Mi nombre completo es Sarah Kathryn. Para mí siempre ha sido sólo mi nombre. Me llamaron así por mis bisabuelas, cuyos rostros sólo he podido ver en fotos antiguas en blanco y negro. Tampoco me contaron nunca historias sobre ellas. Más allá de sus nombres, apenas sabía nada de mis bisabuelas Sarah y Katie. Ni siquiera sabía de dónde eran, de dónde venían.

Publicidad

Cuando de pequeña, me mandaron en la escuela hacer mi árbol genealógico, siempre me topaba con obstáculos que me lo ponían muy difícil. "¿De dónde somos?" Le preguntaba a mis abuelos maternos.

Mi abuelo, un alegre dentista, bromista y sensible, era increíblemente optimista. Sin embargo, cuando le preguntaba sobre nuestros orígenes se limitaba a responder de forma seria: "Somos judíos".

Lo más popular

"Pero abuelo, eso no es un sitio. ¿De dónde venimos?", insistía yo.

A pesar de mis protestas, jamás me dio otra respuesta distinta, eso era todo.

Pero yo era una niña muy cabezota, y no quería parar hasta saber más acerca de la historia de mi familia y lo que nuestras raíces contaban. Nunca tuve la sensación de que mis abuelos me estuvieran ocultando algo; simplemente pensaba que ellos tampoco lo sabrían.

Tras la muerte de mis abuelos, temí que las oportunidades de averiguar los orígenes de mi familia se hubieran esfumado para siempre. Pero la vida tiene una forma irónica de revelarte secretos en el momento más oportuno.

Revisando sus pertenencias después del funeral de mi abuela, mi tío encontró algo extraño y llamativo: en una carpeta de viejos documentos, había copias del certificado de nacimiento de ellos dos. Ahí constaban los nombres completos de sus padres, incluyendo el de la madre de mi abuelo.

Todos sabíamos que mi bisabuela Katie había emigrado de algún lugar de la antigua Unión Soviética, pero eso era todo. Hablaba poco inglés y nadie, incluido su hijo, sabía nada de ella, ni siquiera su nombre de soltera. Pero ahí, en aquél papel amarillento y consumido, estaba escrito su nombre completo: Katie Roskin.

Profesión: Ama de casa

Lugar de nacimiento: Rusia

Mi familia permaneció en un silencio sepulcral durante un rato. Averiguar el apellido de mi bisabuela era como encontrar la primera pieza de un rompecabezas interminable y que sospechábamos que nunca podríamos resolver. Tomé algunas fotos de los certificados de nacimiento y volví a casa a buscar información por internet. Me pasé horas buscando registros de inmigración antiguos que me pudieran dar una pista fiable de cuándo mi bisabuela y su marido, Joe, vinieron a este país, y más importante, de dónde venían.

My family, when I was younger.

Por desgracia, no tuve suerte en internet. Sin embargo, por arte de magia o coincidencia, otro secreto se reveló sin darnos cuenta. Una semana después de la muerte de mi abuela, un primo lejano nos contactó para informarnos de que estaba siguiendo la pista de nuestro árbol familiar como parte de su tesis doctoral.

Este primo había traducido una carta dirigida a mi bisabuela Katie en 1935 escrita por su madre; había estado un largo periodo de tiempo en manos de un familiar que no era capaz de leerla. La traducción revelaba muchos detalles de la vida de Katie. Antes de emigrar, su apellido era Suraksi, no Roskin. También descubrimos que su madre, Chana, era muy pobre y vivía en un pequeño pueblo polaco llamado Knyszyn, así como que el hermano de Katie emigró a Argentina antes de que la guerra estallara.

Y aunque no se mencionara en ningún sitio, está implícito que nuestra familia, al igual que muchas otras, sufrieron la tragedia del holocausto judío. Suponemos que Chana y toda su familia, exceptuando a Katie y a su hermano, murieron en algún campo de concentración nazi.

Nuestro primo lejano nos explicó a través de un email que había estado hablando con un sobrino de Katie que vivía en Buenos Aires, quien confirmó que el resto de nuestra familia había sido asesinada en el pueblo de Knyszyn junto con otros dos mil judíos.

Como judía americana que soy, sin tener conocimiento alguno sobre mis ancestros, siempre he estado apartada del tema del holocausto. Conozco el dolor y la tristeza que causa el saber que desciendes de personas que fueron, en el pasado, el objetivo de un genocidio. He caminado por los pasillos del museo de la Segunda Guerra Mundial con lágrimas en los ojos. He llorado la muerte de aquellos que no tuvieron a nadie para rezar y vestir luto por ellos.

Ahora sé que familiares míos murieron en el genocidio judío. Entre los nombres de esas víctimas anónimas, están mis familiares, la sangre que corre por mis venas es la suya. Pero esto no cambia quién soy yo. Sigo conectada a todos aquellos que fueron asesinados y sigo sintiendo que son mi familia. Tener una conexión más individualizada hacia el holocausto no me hace ser más judía, simplemente me siento más completa conociendo los detalles de la historia familiar, por muy trágica que sea. Eso sí, cuando voy a algún museo que trata el tema o veo "La lista de Schindler" no puedo evitar imaginarme a mis propios antepasados muriendo ahí.

Mi padre murió cuando yo era pequeña, por lo que no tengo conocimiento acerca de la historia de su familia. Aprender todo esto acerca de la de mi madre ha sido para mí algo especial e importante. Seguramente no descubra nada más, pero saber todo esto ya es suficiente.

Mi nombre siempre había sido sólo un nombre, hasta ahora, que me siento orgullosa de llevar el de mis bisabuelas y espero hacerle justicia como merecen.

Vía: www.womansday.com

More from Diez Minutos: