"Tras adoptar a nuestro hijo de 18 años, nuestra familia estaba por fin completa"

Años de dolor llegaron a su fin cuando Stacey y Fulvio Padova le abrieron las puertas a José​.

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Cuando Stacey Padova se casó con Fulvio en 2005, no tenía ninguna prisa en crear una familia, hasta que, al cumplir los 38 años, se dio cuenta de que quería una. "Fulvio tenía una hija, Hannah, de su primer matrimonio, a la que veíamos cada fin de semana y en vacaciones", explica Stacey. Por lo que pronto la fiebre de tener un bebé se instaló en ella.

Al año siguiente, la feliz pareja estaba esperando un bebé, pero su alegría se tornó en lágrimas cuando descubrieron que el bebé tenía un desorden genético. "El doctor nos dijo que la pared que recubría el corazón de nuestro bebé, no estaba creciendo a la par que él lo hacía", recalca Stacey. Hechos polvo, la pareja decidió interrumpir el embarazo a las 20 semanas. "Fue una decisión muy difícil", dice. "Di a luz siendo consciente y estando despierta". Su hijo nació, pero su madre y su padre le dijeron hola y adiós. "Las enfermeras se portaron maravillosamente bien y nos apoyaron muchísimo. Nos dieron privacidad y tiempo para estar con él".

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Stacey se dio un tiempo para recuperarse tanto física como emocionalmente. A finales de 2008, su médico les dio luz verde para que lo siguieran intentando. Se quedó embarazada casi inmediatamente, pero, desgraciadamente, terminó en un aborto en enero de 2009. Devastada por la pérdida de otro babé, Stacey tuvo que afrontar otra dura noticia: tenía cáncer de vulva. "Al menos lo cogieron a tiempo y pude ser operada rápidamente", afirma. La pareja se fue recuperando poco a poco y fue teniendo en cuenta el camino de la adopción.

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Aquella primavera, Stacey y Fulvio hicieron un curso de 10 semanas para "entrenar" a adultos a ser padres adoptivos o de acogida. "Siempre supe que quería tener un hijo, y por ese momento Hannah ya tenía 9 años", explica, "por lo que no queríamos adoptar a un niño pequeño, preferíamos a alguien más mayor".

Pero la naturaleza tenía otros planes para la pareja. Stacey se quedó embarazada por tercera vez, por lo que el proceso de adopción pasó a un segundo plano. Stacey tenía otro problema físico añadido, su útero era capaz de concebir un embarazo, pero no te mantenerlo. "Fue muy duro, pero tuve un montón de amor y apoyo por parte de mi familia y de mis médicos", dice Stacey. Fue también un punto decisivo para Stacey y para Fulvio: "Decidimos que si yo estaba hecha para tener un hijo biológico, así sería, pero no era así", añade. "Creo que la manera de crear una familia no era como yo pensaba que pudiera ser".

Crear una familia

A principios de 2010, se sentaron en el sofá a ver una sección de las noticias de la NBC que se llamaba Wednesday's Child (El niño de los miércoles). "Era sobre un niño pequeño, y nosotros habíamos perdido a un niño", recalca. "Miré a mi marido y él estaba llorando, yo también lloraba". Como adoptar era algo a lo que no se habían negado nunca, retomaron las riendas y siguieron con el plan de montar una familia.

Stacey contactó al departamento de servicios humanos y completó el curso para padres adoptivos que tenía pendiente. Fueron puestos en la lista de admitidos para recibir un hijo en cuanto lo terminaron.

Enseguida, la pareja recibió una llamada que les informaba de que un chico de 16 años necesitaba un hogar cuanto antes, ya que le habían sacado de los maltratos de su madre y no tenía donde quedarse. "Le acogimos", dice Stacey. El chico llegó en junio y se quedó todo el otoño. La finalidad era darle a este niño seguridad, y un lugar lleno de amor mientras su madre recibía la ayuda que necesitaba. "Su madre no era una mala persona", alega Stacey, añadiendo que el país del que ellos venían, Sierra Leona, tenía otras prácticas educativas y una cultura completamente distinta.

Cuando volvió con su madre, fue un trago agridulce para Stace y Fulvio. "Vimos el lazo que había creado con Hannah. Se llevaban genial", dice Stacey. Pero había algo positivo: Hannah quería otro hermano mayor, algo que no habíamos sabido hasta que acogimos a este chico.

Entonces, Stacey y Fulvio participaron en un evento organizado por el programa de televisión de la NBC. "Llevan a adolescentes sin familia. Está muy bien organizado: tienen actividades y así puedes interactuar con los niños. No es nada más que un encuentro con los chicos, para que así ellos también puedan conocerte a ti".

Ahí es donde conocieron a José, el que un día se convertiría en su hijo adoptivo. "Acababa de cumplir 17, la misma edad que tenía nuestro primer chico de acogida, y eso nos encajaba perfectamente", cuenta Stacey. En diciembre, recibieron una llamada desde el orfanato donde estaba José en Washington, "Nos preguntaron si queríamos verle otra vez y contestamos que ¡por supuesto!", dice ella.

Al principio, la pareja se llevó al chico de la casa de acogida y se lo llevaron a tomar un chocolate caliente, después a cenar y más tarde a la bolera y al cine. "Era como si estuviéramos teniendo una cita con él", dice Stacey. "Teníamos cosas en común y simplemente nos encantaba estar con él".

Al poco tiempo, José iba a dormir a casa de la pareja los fines de semana, donde se hizo amigo de Hannah. "Se hicieron inseparables al momento", dice Stacey. Stacey afirma que llevárselo a dormir los fines de semana, y traerlo a casa en las vacaciones de Semana Santa, fue un buen paso de transición para todos. "Fuimos de vacaciones a Pennsylvania. Los niños jugaban al tenis, Hannah y yo fuimos al spa, y los chicos jugaban al Paint ball".

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Después de esa experiencia, Stacey tenía claro que José pertenecía a su familia. "El juez que vio su caso desde el principio, ofició de adopción, y todo fue increíble. Hicimos una celebración por todo lo alto con toda la familia". Suzanne también dice que adoptar a un adolescente tiene un proceso de adaptación más fácil en muchas áreas de su vida que si lo adoptas siendo un niño pequeño. "Podíamos ir a cenar, trabajar hasta tarde y no preocuparnos por una niñera. Podíamos seguir teniendo nuestra vida".

Mientras Stacey and Fulvio trabajaban en educar y querer a José, empezaron a ver pequeños cambios que indicaban que el adolescente se estaba adaptando: por ejemplo, cuando le adoptaron, el joven tenía bigote para parecer más mayor y que no le hicieran de menos en el barrio. "Tras estar con nosotros un mes, se afeitó el bigote y por fin pude ver su cara. Era un niño, al fin y al cabo. Está disfrutando de su niñez ahora con cosas como la Xbox, más vale tarde que nunca"

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Transiciones difíciles

Ellos también habían ayudado a José a lidiar con sus asuntos del pasado. "Una de las peores cosas de José son las mentiras", dice Stacey. "Miente para protegerse a sí mismo". Stacey sospecha que esto empezó cuando sus padres le mandaron de República Dominicana a vivir con su tío en América, pero en lugar de eso, se fue a vivir con su tía. La tía estaba inmersa en un mundo de drogas y prostitución, por lo que José huyó. "Vivía en las calles. A los 7 años estaba durmiendo en portales de casas de amigos. Hacía lo que fuera para mantenerse a salvo. Es muy importante que él supiera que algo estaba mal siendo tan pequeño".

Stacey dice que mentir se ha convertido en una mala costumbre. A pesar de decirle a sus padres que iba a fútbol cada tarde, su entrenador llamó a sus padres para ver por qué se estaba saltando los entrenamientos. Fue cuando Stacey se dio cuenta de que había algo más importante que estaba ocurriendo. "Él sabía que estábamos muy ilusionados y no quería decepcionarnos", admite. También se saltó su examen de conducir porque tenía miedo a suspender, añade. Lo mismo ocurrió con las clases en la universidad, pero Stacey hace hincapié en que ella le quiere, es su familia y quiere la verdad.

Para alguien que sólo ha dependido de sí mismo desde una edad tan temprana, es difícil pedir ayuda. "Cuando te haces mayor, es aún más difícil. Él piensa que lo tiene todo bajo control, y no es así", dice. "Pero hay que tener en cuenta que él está luchando contra un gran trauma y varios problemas. Lo que le ha deparado la vida, no ha sido fácil".

Jose Padova con Fulvio y Hannah durante su graduación en el año 2013.

Un futuro brillante

Ahora, José tiene 21 años, y está en el proceso de selección para trabajar en una tienda. Espera ser agente del FBI algún día para "cargarse a los malos", dice Stacey. También tiene novia y le encanta ver el fútbol, especialmente a los Patriots. "José ha madurado muchísimo, añade, "Es divertido, muy inteligente y nos hace reír un montón".

Stacey dice que la relación entre José y Hannah es lo mejor de la adopción: "Se adoran el uno al otro". Ella y Fulvio admiten que tenían un poco de miedo de traer un chico adolescente a casa mientras había también una niña adolescente, "pero desde el día uno, eran hermana y hermano, se quieren el uno al otro a la vez que se chinchan entre ellos", bromea Stacey. "Haber sido capaz de darle un hermano a Hannah es lo mejor. Había un hueco ahí, y él completó nuestra familia".

Una de las cosas que a Stacey más le gusta hacer con su hijo es, simplemente, cenar alrededor de la mesa hablando sobre las cosas buenas y malas del día. "Para José, lo malo solía ser el no creer en sí mismo; ahora bromea, y lo peor para él es tener coles de Bruselas en lugar de su plato favorito", dice. "Ahora todo es menos dramático, como debe ser".

El recuerdo favorito para Stacey, es el día de la graduación de José. "Cuando le dieron el diploma, no pensé que llegaría hasta ahí", dice. "Lloré viendo como sonreía y la cara de felicidad que tenía ese día".

Cuando estás dispuesto a adoptar a un adolescente, Stacey incide en que hay que mirar más allá y no hacia el pasado, ni pensar en lo que te has podido perder. "Hay mucho más tiempo en la vida y muchas más reuniones familiares", dice. "José habla de tener niños, y cómo cuidaré yo de mis nietos. Puede que no hayamos vivido juntos los años desde el principio, pero nos quedan aún muchos por delante. Tanto si eres un niño como un padre, nunca se es demasiado mayor para una familia".

Stacey, Hannah, Jose and Fulvio Padova in 2014.

Vía: http://www.goodhousekeeping.com/

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