¿Por qué me siento una madre impostora?

En lugar de sentirse como la adulta al mano, le surgen mil inquietudes en la educación de sus hijos que le hacen cuestionarse su papel.

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Ejercer de madre da muchas satisfacciones y supone una entrega de amor indescriptible, pero, al mismo tiempo, resulta un papel difícil de interpretar en muchas ocasiones. ¿Lo haré bien? ¿Seré una buena madre? ¿Educaré bien a mis hijos? Las dudas son inevitables. Te contamos aquí, en primera persona, la experiencia de Stephanie Sprenger para que no te sorprendas con tus inquietudes familiares.

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"Mi gran secreto es que, durante los nueve años que he sido madre, lo he estado fingiendo todo. No tengo ni la más remota idea de lo que estoy haciendo", dice.

Stephanie continúa relatando que "algunas veces, cuando mis hijos me hacen preguntas, siento la necesidad de mirar por encima de mi hombro para ver si puede hablar con otra persona, alguien que realmente esté al mando. O más específicamente, alguien que esté cualificado para estar al mando".

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Sus ejemplo son éstos: "¿Podemos ver otro programa?", me gritan mis hijos. No lo sé. ¿Cuántos son demasiados? ¿No hay algún adulto que decida sobre este tipo de cosas?

"¿Puedo hacer una fiesta de pijamas?" ¡Jesús! ¿Cuántos años se supone que debes tener para poder hacer eso? No tengo ni idea.

"¿Dónde están mis botas de nieve?" De nuevo, no tengo respuesta. En serio, ¿a qué hora llegan los verdaderos padres a casa? Porque la mayoría de los días me siento como una niñera poco cualificada, a pesar de que recuerdo de manera muy vívida las dos veces que he dado a luz.

Para ella, "no solo es la paternidad, es la vida adulta en general. Veo que todos mis esfuerzos son patéticos en comparación con lo que hacían mis padres cuando yo era una niña. Quiero decir, ¿no se supone que los verdaderos adultos deben limpiar bien las cosas y saber cómo cambiar las ruedas? ¿No tienen cortinas y faldones y ese tipo de cosas?".

Recuerda que "los adultos deben llevar las cosas a la limpieza en seco y a planchar, y saber las respuestas a todas las preguntas. Se supone que los mayores deben tener preparada una merienda sana y variadas para sus hijos, en lugar de apuntar con la mano a la alacena".

"No hago ninguna de esas cosas"

"He dado tumbos por mi vida adulta tanto como el ejemplo a seguir para el "Síndrome del impostor". Mi mayor miedo es que alguien descubra que no tengo ni idea de lo que estoy haciendo, ni como adulta ni como madre. Esta sensación es inquietante, como poco. Pensaba que a estas alturas de mi vida, no estaría siempre pensando que me estoy perdiendo algo realmente importante".

"¿Cómo quito la pintura de las ceras del sofá? ¿cómo limpio el horno? ¿Cómo apago las molestas luces del salpicadero del monovolumen? ¿Qué debo hacer cuando mis hijos se despiertan en medio de la noche y no pueden volver a dormir?", recuerda.

Da vueltas a todo y "no consigo saber si mis fallos son de buena fe que tienen que ver con mi personalidad o si nosotros, los hijos de la generación ultracompentente del Baby Boom nos sentimos siempre deficientes. Suelo sentirme como una niña jugando a las casitas. Soy conocida por trabajar desde casa con un pijama unibody de Hello Kitty, ¡por amor de Dios!".

"Por suerte, estoy casada con un hombre que sabe cómo hacer las cosas. Es un manitas, culto, responsable y sabe arreglar las cosas de la casa y el coche. Pero a veces me pregunto si él se siente como un niño gigante y descuidado que paga impuesto. Es que, el todavía se pone la misma camiseta que lució en un concierto en 1989, así que probablemente tenga un Peter Pan todavía dentro", dice.

Y también piensa mucho "en mis padres. ¿Pensaron ellos que estaban fingiéndolo todo, que asistir a las fiestas de Tupperware y las reuniones de padres eran solo para tapar el síndrome del impostor? ¿O empezaron ya con el pie derecho después de dejar la universidad, tomando siempre la decisión correcta y sabiendo la respuesta a todas las preguntas? Porque la verdad es, que incluso siendo una madre de treintaitantos, no me quito de encima la necesidad de llamarles y pedirles consejo en todo lo básico".

"¿Es esto normal?"

"¿Cuánto pagas por tu servicio de internet?"

"¿Hacías tú eso de pequeño?"

"¿Estás ahorrando lo suficiente para la jubilación?"

"Todavía siento un enorme alivio al saber que ellos están ahí para mí. Son los verdaderos expertos, ¿verdad? Quizá cuando sea abuela sienta que me he ganado el derecho de llamarme a mí misma adulta, de verdad.

Pero por ahora, estoy sin respiración".

Vía: http://www.goodhousekeeping.com

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