"Cómo un billete de tren de 1856 resolvió el gran misterio de mi familia"

Investigando sobre su árbol genealógico, Julia Park Tracey descubrió el asombroso secreto de sus antepasados.

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Era el año 1990 cuando yo comencé a interesarme por mi árbol genealógico. Junto con mi padre, revisamos viejas fotos del desván, páginas de periódico amarillentas con obituarios y notas de nacimiento, tarjetas de empresa y restos de álbumes de fotos. Pusimos un gran esfuerzo en trazar nuestra línea genealógica tan lejos como pudimos. Casi todo se podía investigar y resolver, sin embargo, llegó un día en el que faltaba una pieza del puzzle, un misterio familiar que, simplemente, no era posible resolver.

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Por parte de mi padre, llegamos hasta nuestras raíces escocesas muy fácilmente. Mi abuelo se marchó de Glasgow en un barco de vapor llamado Athena en 1906. Por parte de su madre, volvimos a Escocia e Inglaterra en un par de pasos, pero una persona surgió como el gran enigma: mi tatara tatarabuelo, William Lozier Gaston. Era adoptado. ¿Venimos de Francia? ¿Quizás de Alemania? No tuvimos suerte encontrando nada más acerca de los Lozier, ya que tan solo teníamos su nombre.

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La única pista que teníamos sobre el misterio de Will era un trocito de papel: un recibo de billete de tren desde Nueva York hasta Oberlin, Ohio, por $7.50, fechado en 1856. También encontramos los restos de un recibo que anunciaba el intercambio de un niño de un orfanato a algún extraño. Will tenía tres años en aquel entonces, por lo que obviamente tuvo que ser trasladado por alguien a Ohio desde Nueva York.

Y el rastro de la familia muere en este punto. Aunque a veces me venía el tema a la cabeza, no pensé mucho más en Will y el misterio que escondía, hasta que leí el libro de Christina Baker, 'El tren de los huérfanos'. Este libro reavivó en mi la curiosidad por saber quién era este tal Will. Comencé a investigar por internet a ver qué podía encontrar acerca del orfanato, la época y los orígenes del supuesto tren de huérfanos. Me llevó cerca de un mes encontrar a una chica del Complejo Nacional del Tren de los Huérfanos que me dijo que quizás podía ayudarme. Escaneé el billete de Will y se lo envié y, después de intercambiar unos cuantos emails, recibí un sobre con un montón de papeles. "Este es uno de los misterios que más satisfacción nos ha provocado resolver". Me decía la voluntaria. "Ya verás."

Cuando abrí el paquete, abrí también un capítulo completamente nuevo en la historia de mi familia. No solo Will había sido dado en adopción, sino también sus dos hermanos y una hermana. Su padre murió en 1848, dejando a Martha, su esposa, sola en la granja familiar al norte de Nueva York. Al poco tiempo de dejar a sus hijos en el orfanato, terminó en los suburbios más pobres de la ciudad.

Tras revisar numerosos censos y facturas, además de archivos del orfanato, me di cuenta de que Martha había dado en adopción a dos de sus hijos, sin embargo, se había quedado con el pequeño Will y con la hija más mayor. Martha trabajaba como costurera, compartía habitación en uno de los vecindarios más peligrosos, en lo que es ahora la urbanización Kips Bay de Manhattan. A medida que entraba más en la pobreza, Martha tomó la decisión de dar en adopción a los dos hijos que le quedaban. Todos fueron adoptados.

"Este es uno de los misterios que más satisfacción nos ha provocado resolver", Me decía la voluntaria. "Ya verás."

Martha era una mujer fuerte y valiente, trabajó y ahorró dinero hasta que se vio capaz de reclamar a sus hijos para tenerlos de vuelta. Sin embargo, el orfanato no respondió a sus cartas. En aquella época no estaba bien visto que una mujer soltera cuidara de sus hijos. A pesar de todo, consiguió encontrar a su hija y al menos a uno de los dos chicos medianos. Martha vivió el resto de su vida con su hija casada y sus nietos. Murió entre 1900 y 1910 y nunca supo que había sido de su hijo Will, que cuando creció se convirtió en uno de los comerciantes de vajillas mas importantes del Medio Oeste.

Will, con el tiempo se mudó a Riverside, California, donde ayudó a criar a mi padre, antes de que se quedase sin padres, durante los duros años de la Gran Depresión.

Me siento tan mal por Martha… Perdió el control de su vida por la pérdida de su marido, y más tarde, de la granja y sus hijos. Ella fue la inspiración para numerosas historias apasionantes de nuestros antepasados. Más tarde descubrí que mi décima tatarabuela era una nativa Americana, conocida únicamente por Lottie, y su marido, mi décimo tatarabuelo era conocido por Johnson. Cuando me hice unas pruebas de ADN y recibí los resultados, vi que estaba marcada la casilla de "Orígenes nativo americanos". Al principio no me lo creía, pero la ciencia no engaña. A través de Martha encontre a Lottie y respondí al enigma de mis ancestros.

También a través de Martha, descubrí nuestras múltiples conexiones con la familia Coffin, fundadores de la isla de Nantucket y muchos capitanes de barcos balleneros. También encontré nuestra conexión con el Mayflower, y mi décimotercera tatarabuela, Mary Allerton, que llegó a América con sus padres con el apellido de Pilgrims. Me aprendí los evocadores y líricos nombres de mis tatarabuelas: Patience, Ruth, Waitstill, Freelove, Truthfull, Experience y Silence.

Todavía no he terminado de investigar mis raíces familiares y se lo tengo que agradecer a Martha. Lo dio todo por intentar mantener a sus hijos, la admiro y recuerdo con cariño, por su coraje y perseverancia. Llevo su ADN y su espíritu con orgullo.

Vía: www.womansday.com

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