"Me siento culpable por la muerte de mis hermanos por una rara enfermedad"

Felissa Allard nos relata cómo se esforzó por ser perfecta para sus padres porque sus hermanos no pudieron serlo".

Lo más popular

Imagina que nada de lo que haces es suficiente. Imagina que te pasaras todas las noches pensando que tus padres dejarán de quererte si tu pelo no está perfecto o tus notas no son las mejores. Imagina que si decepcionas a tus padres de alguna manera, ellos podrían lamentarse de haberte tenido. Pues esto es lo que he sufrido yo durante 35 años.

Durante años he estado luchando por evitar que se me encogiera el estómago y sus causas. No tenía ganas de vomitar, simplemente sentía mucha vergüenza. En la universidad no hice ningún amigo íntimo y cuando logré acercarme a alguien, me recomendó que viera a un psicólogo para intentar detectar por qué me pasaba. Tras un año en terapia, por fin le pusieron nombre a mi problema: La culpa del sobreviviente.

Publicidad

De cara a la galería mi familia era perfecta: mis padres estaban felizmente casados y tenían dos hijas estupendas. Incluso teníamos un perro y unas relaciones perfectamente establecidas. Sin embargo, todo era una gran mentira. Mis padres perdieron dos hijos -un niño y una niña- por la enfermedad de Canavan, que es una rara enfermedad genética que causa el deterioro progresivo a las células nerviosas del cerebro y que comienza en la infancia de la persona que la padece. Pero en casa no se ha hablado nunca sobre ello, ni siquiera cuando mis hermanos todavía estaban vivos.

Lo más popular

Cuando tenía 8 años, murió mi hermano mayor y, mi hermana gemela murió cuando yo estaba en mi segundo año de la universidad. La enfermedad de Canavan es mortal. No tiene cura y por tanto, no hay esperanza.

Durante mucho tiempo sentí lástima por la vida que llevaba mi hermana gemela. Pero durante años me hacía muchas preguntas: ¿Puso su enfermedad el foco en mí? ¿Los niños de la escuela me miraban porque pensaban que yo también podía estar enferma? ¿Me evitaban porque creían que podía contagiarles de alguna manera la enfermedad de mi hermana? Aunque es irracional, todavía siento este miedo cuando conozco a alguien. Incluso hoy en día, tengo amigos muy cercanos que desconocen lo de mis hermanos.

Era más fácil fingir que mis hermanos no existían. Ellos estaban hospitalizados cuando yo era muy pequeña. De hecho, en casa ni siquiera había prueba alguna de su existencia. Había fotos de ellos de bebés, pero perfectamente mezcladas con las de mi hermana y mías y de nuestros primos. La única prueba gráfica de la familia al completo es una foto algo borrosa tomada de todos nosotros sonrientes en una habitación de hospital.

Tras un tiempo, dejé de ir a visitarlos. En cada visita al hospital, me sentía fatal y débil, así que mi madre decidió que era mejor si me ahorraba estas visitas.

Ella me aseguraba que todo estaba bien, pero realmente hizo que me sintiera más culpable. Actualmente hay muchos grupos de apoyo a niños con problemas pero en los años 80 no existían y no se hablaba de ello. Llorabas. Seguías adelante y se terminaba la historia.

Según creía, intentaba ser perfecta para que nadie asociara la enfermedad de mi hermana gemela conmigo. No me valía tener buenas notas en todas mis asignaturas, si no que tenía que ser la mejor en todo. Tenía que ser la mejor amiga de todo el mundo, gustar a todos los que me rodeaban... Y si no lo conseguía, me obsesionaba pensando en qué había hecho mal y cómo podría cambiar para lograrlo.

En mi octavo curso, no logré la matrícula de honor en Ciencias y estaba hundida. ¿Me lo perdonarían mis padres? ¿Preferirían que la enferma fuera yo en lugar de mi hermana? Ahora reconozco que mi mayor miedo era que me miraran y pensaran "¿Y si mi gemela fuera la sana y yo la enferma?"

Vivir cada día poniéndome a prueba a mí misma y justificando mi existencia me estaba "matando". Nunca nadie hizo nada que provocara en mí ese sentimiento o forma de actuar, pero incluso a día de hoy es algo que no puedo quitarme de encima.

Cuando tuve que realizar mis solicitudes de acceso a la universidad, mis padres me animaron a que contara en ellas lo de mis hermanos para mostrar mi fuerza, resistencia y determinación. Me negué porque el sentimiento de culpa por ellos me perseguía. Este ciclo de vergüenza familiar y culpa posterior me ha rodeado toda mi vida. Vergüenza por su enfermedad, pero ¿qué opción tenían ellos?

El destino quiso que me casara con alguien con hermanos gemelos (un hermano y una hermana). Y yo misma tengo mis propios hijos gemelos. En cierto modo, es duro ver a mis hijos jugando cada día porque me recuerdan a mis hermanos fallecidos. Pero por otro lado, este hecho me ha ayudado a darme cuenta de que el amor de los padres hacia sus hijos es incondicional. Nunca juzgo a mis hijos, los amo tal y como son y no como podrían ser.

En lo más profundo de mi ser, sé que mis padres nunca pensaron "Qué pasaría si..." respecto a la enfermedad de sus hijos, pero vivo cada día día como si tuviera que justificar por qué estoy aquí. Sin embargo, cuando miro a mis tres hijos, sé que estoy porque tengo que estarlo.

La autora con su gemela. Imagen cortesía de Felissa Allard .

Vía GoodHouseKeeping

More from Diez Minutos: