"Me siento culpable por haber sacado a mi padre de mi vida"

​Esta mujer tomó la mejor decisión para ella, pero no puede evitar sentir arrepentimiento.

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Shelbi Deacon nos explica por qué tuvo que echar a su padre de su vida y cómo se siente por ello.

La culpa no es una emoción desconocida para mí. Desde que era una niña, no solo he sido muy sensible, sino que estaba completamente convencida de que era mi responsabilidad conseguir que todos los que tenía alrededor fueran felices. El sentimiento de culpa siempre me acompañaba. Sin embargo, cuando cumplí 22 años, y tomé la decisión de apartar a mi padre de mi vida por completo, jamás imaginé que ciertos sentimientos estarían ahí siempre, como una herida abierta.

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Mi padre bebía. Parecía que todo el mundo de mi entorno lo había aceptado y todos intentábamos vivir nuestras vidas de la mejor manera posible. Tras el divorcio de mis padres, mi padre acostumbraba a llamarme para excusarse por no poder ir a buscarme ese fin de semana porque tenía que trabajar hasta tarde, pero el identificador de llamadas lo situaba en un bar. Cuando sí venía a por mí, siempre olía a cerveza y conducía con una botella entre sus piernas, mientras la siguiente la tenía preparada en el sujetavasos. Todo aquello era normal para mí, hasta que dejó de serlo.

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Como adulta, intenté con todas mis fuerzas aceptar a mi padre. Si el resto de mi familia podía ver sus defectos y lidiar con las continuas decepciones me parecía perfecto, pero ¿por qué yo no podía? Aprendí a no creerle cuando me llamaba prometiéndome dinero. Aprendí cómo debía contestar sus llamadas de borracho a la 1 de la mañana e intentar calmarlo. Incluso aprendí a ignorar la cantidad de botes de cerveza vacíos que se podían recoger durante los días que iba a verlo a su casa. Pero fue demasiado para mí.

Empecé a odiar a mi padre cuando bebía. No era él mismo, e incluso si alguien a mi alrededor parecía aceptar la situación, yo sencillamente no podía. Así que tomé la decisión de alejarle de mi vida hasta que dejara de beber. Le mandé un mensaje en el que le explicaba detalladamente la decisión que había tomado y bloqueé su número de teléfono. Me dolió mucho, pero sabía que era necesario.

Esto ocurrió hace tres años. Todavía tengo pesadillas cada semana en las que mi padre aparece en mi casa rogando y llorando para volver a tenerme en su vida, pero la realidad es que solo he recibido silencio de su parte. Todavía tengo su número de teléfono bloqueado, pero nunca ha intentado llamarme por otra línea ni enviarme un email. Su familia hace todo lo que puede para apoyar mi decisión e intentan evitar el tema, pero puedo ver en sus ojos que les he hecho daño. Sé que a ellos les gustaría que pudiera ignorar sus palabras mal articuladas, sus promesas vacías y su lista interminable de conducción bajo los efectos del alcohol. La mayoría de los días desearía poder hacerlo yo también.

En los último meses, me he prometido y me he casado. Aunque estaba muy tranquila con mi boda informal en la playa, solo había una cosa que me transformaba en una novia loca, y es que no quería que mi padre estuviera allí, y tampoco quería mencionarle en ningún momento. Me acostumbré a los pinchazos de culpa que sentía por apartarle de mi vida, pero a medida que se acercaba mi gran día, se multiplicaron por diez. No tenía un padre que llevara al altar y, a pesar de ello, seguía sintiendo culpa por haberle quitado esa oportunidad. Me preguntaba si él habría soñado toda su vida con llevar a su única hija hacia el altar y si le estaba rompiendo el corazón con mi decisión.

Aunque en el fondo de mi corazón sabía que la ausencia de mi padre era lo mejor para mi vida, a veces me costaba aceptarlo. La culpa siempre me acompañaba porque sabía que haberle echado de mi vida había sido mi decisión. Podía haberle aceptado en cualquier momento tal como es y haberle dejado entrar de nuevo en mi vida.

Poco a poco, he aprendido a sentirme segura con la decisión que tomé. Sin embargo, no estoy segura de que la culpa se haya ido del todo. Vuelve todo el rato: en las vacaciones que ya no paso con él; el día de San Valentín, cuando me mandaba tantas flores como años había cumplido; el Día del Padre cuando me lo imagino esperando mi llamada.

Espero que algún día consiga enfrentarse a sus demonios. Y cuando ese día llegue, espero que sepa ver por qué tuve que alejarme de él.

Hasta que ese día llegue, intentaré trabajar para que la culpa desaparezca de mi vida.

Vía: GoodHouseKeeping

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