"Busqué a mis padres biológicos y descubrí que mi padre era muy conocido"

​Mariah se quedó en shock cuando descubrió la famosa identidad de su progenitor y saber que ya no vivía.

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Este testimonio relatado a Stephanie Booth fue publicado por primera vez en el número de diciembre de 2007 en la edición americana de Cosmopolitan con el título "Cuando encontré a mi padre ya era demasiado tarde".

Siempre he sabido que soy adoptada. Mis padres me explicaron que mis padres biológicos me querían mucho pero no estaban preparados para tener un hijo cuando mi madre se quedó embarazada. He sido feliz, he tenido una infancia normal y he crecido en una familia maravillosa, pero una gran pregunta siempre ha estado ahí.

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En Saint Paul, Minnesota, donde crecí, las personas adoptadas no tienen acceso a sus expedientes de adopción con los nombres de sus padres naturales hasta cumplir los 19 años. Así que pasé toda mi infancia preguntándome quiénes eran y cómo serían. Los servicios sociales facilitan algunos datos sobre los padres biológicos y yo por lo menos pude saber que tenían 21 y 19 años cuando me tuvieron y que su color de pelo era castaño. Según crecía, más ansiedad sentía por saber cómo serían mis verdaderos padres y si yo me parecía a ellos. Pero sobre todo me preguntaba si era hija única o tenía hermanos.

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El día de mi cumpleaños era el día que más me acordaba de ellos. Me preguntaba si ellos me recordaban y si se preocupaban por mí de alguna manera.

Tenía la costumbre de imaginar cómo sería nuestro encuentro si alguna vez se producía, si me invitarían a cenar o si tenía una familia numerosa deseando conocerme. Sé que suena un poco tonto, pero así era cómo deseaba que pasara.

Su espeluznante presentimiento

En 2001, durante mi tercer año en el instituto, el director anunció por los altavoces que dos aviones se habían estrellado contra el World Trade Center de Nueva York. Todos nos quedamos muy impresionados pero yo tuve una sensación muy extraña y una abrumadora e inexplicable tristeza se apoderó de mí.

Cuando llegué a casa, le dije a mi madre que tenía la sensación de que unos de mis padres biológicos había muerto en los atentados. Nunca antes había tenido ningún tipo de presentimiento como aquel y mi madre intentaba convencerme de que ese hecho era realmente muy improbable. Pero aquella terrorífica sensación no me abandonó.

Durante las siguientes semanas, estaba demasiado asustada para ver cualquier noticia sobre los atentados, pero resultaba prácticamente imposible escapar de la información sobre los atentados.

Tom Burnett, uno de los pasajeros que evitaron que el vuelo 93 de United se estrellara contra el Capitolio y la Casa Blanca, creció cerca de nosotros, así que su foto y su historia estaban por todas partes. Intenté desconectar de todo. Seguí con mi vida, saliendo con mis amigos y escribiendo en el periódico del instituto.

En busca de la verdad

Cuando cumplí 19 años en enero de 2004, solicité mi certificado de nacimiento. 6 semanas después, mi madre me llamó para decirme que ya había llegado a casa y que no había podido evitar abrirlo. Cuando le pregunté por el nombre de mis padres, ella insistió en hablarlo cuando llegara a casa esa noche por mis vacaciones de primavera. Su tono cortante me sorprendió; mi madre siempre me había apoyado en mi búsqueda. "¿Es conocido?" le pregunté. "Más o menos" me contestó.

También le pregunté si alguno de mis padres estaba muerto, pero ella me volvió a decir que hablaríamos cuando llegara a casa.

Cuando colgué el teléfono, comencé a sollozar porque de pronto tuve claro que mi padre era el héroe del vuelo 93 del que hablaban las noticias y que mi presentimiento del 11 de septiembre se hizo más fuerte que nunca.

Cuando mis padres me mostraron mi certificado de nacimiento a llegar a casa, estaban muy impresionados por cómo había podido saberlo. Intentaron consolarme pero yo estaba muy alterada. Había esperado demasiado tiempo para conocer a mi padre y ahora él estaba muerto.

Conociendo a su familia

Conduje hasta el instituto donde había estudiado Tom para ver si podía ver sus fotos de graduación. Allí esperaba encontrar fotos de él con mi madre ya que debieron ir al mismo instituto pero por lo visto comenzaron a salir tras su graduación. Intenté localizarla en Google pero no encontré nada, así que centré todos mis pensamientos en Tom.

Durante las semanas siguientes me sumí en una profunda depresión. Dormía todo el día y pasaba horas mirándome en el espejo buscando algún parecido con Tom, a ver si nuestros ojos y narices eran similares.

Mis padres trataban de ayudarme por todos lo medios, así que mi padre llamó a un sacerdote del que había leído que era amigo de la familia de Tom para preguntarle si ellos estarían dispuestos a conocerme.

Mis abuelos biológicos me llamaron pocos días después y me invitaron a tomar el brunch. Yo estaba muy nerviosa y excitada. Quería que todo resultara perfecto, tal y como tantas veces había soñado.

Sin embargo fue una situación incómoda. Conocí a mis abuelos, tías y primos. Vimos fotos y charlamos, pero no sentí el cariño de mis abuelos con el que tanto había fantaseado a lo largo de mi infancia. Las hermanas de Tom, con las que sí he llegado a intimar , me confesaron que habían querido conocerme durante mucho tiempo. Después de aquello, mis abuelos ignoraron mis siguientes llamadas y su silencio me dolió.

Un mes después de aquel encuentro, la mujer de Tom, Deena, me escribió un correo electrónico. Me habló un poco de su vida con Tom, de las 3 hijas pequeñas que tenían e incluso me dijo que vivían cerca de San Francisco. Nos estuvimos escribiendo durante meses y el diciembre siguiente Deena me preguntó si quería conocer a mis hermanas cuando vinieran a nuestra ciudad por Navidad. Fue uno de los días más felices de mi vida. Mis hermanas vinieron corriendo hacia mí, me cogieron de la mano y no me soltaron. Su cariño fue tal y como yo había deseado.

Durante aquella visita, Deena me dio una carta que Tom había escrito para mí en 1987, que era cuando yo tenía 2 años y justo después de romper con mi madre biológica. En ella me explicaba lo mal que se sentía por haberme dado en adopción. La carta no estaba terminada, pero lo aprecié igualmente. Todo lo que iba conociendo de Tom era por terceras personas, pero aquella carta era realmente de él para mí.

La conclusión final

A veces no quería saber nada más de mis padres adoptivos. Estaba molesta por no haber sabido antes de mi padre biológico. Pero echando la vista atrás, conocer a mi familia biológica me hizo fortalecer todavía más los vínculos con mis padres adoptivos.

Ahora tengo 22 años y el misterio sobre de dónde provenía ya está resuelto. Me he licenciado y estoy pensando en estudiar Derecho. Adoro tener a Deena y mis hermanas en mi vida.

Todavía me duele no haber conocido a Tom, pero siento que estoy cerca de él a través de mi relación con Deena y sus hijas.

Vía: Woman'sDay

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