Megan Maxwell y el capítulo 2 de su relato erótico

La popular escritora no nos defrauda y con su primer capítulo de 'Alégrame la vista' ya ha enganchado a miles de lectores. La segunda entrega ya está aquí y promete tenernos en vilo una semana más.

Más de Megan Maxwell y su relato 'Alégrame la vista'
20 articles
Último capítulo del relato erótico de Megan Maxwell
Megan Maxwell relato erótico
Megan Maxwell y el capítulo 22 de su relato erótico
Megan Maxwell y el capítulo 21 de su relato erótico

Resumen del capítulo anterior: Alicia, enfermera, comienza su turno con un parto en el que resulta que la mujer es la nuera de su jefe, el serio "Tiranosaurio Rex", y el padre, su hijo. Pero no acaba ahí la cosa. El futuro papá tiene un hermano gemelo guapísimo con ojos verdes que es médico y va a comenzar a trabajar en el hospital y que la ha escuchado llamar así a su padre).

Por suerte para todos el parto de Patricia es estupendo.

Publicidad

Para ser primeriza, ha ido todo genial y verla con su bebé sobre ella y su marido con cara de tonto mirándola, me emociona.

Cada vez que nace un bebé y veo la emoción en esos padres, me pongo tontorrona e imagino el día que yo tenga a mi bebé. Porque sí, algún día quiero ser madre y tengo muy claro que para ello no necesito tener una pareja.

Ese tema, mi sufrida madre lo lleva fatal. Alguna vez que lo he comentado, se santigua horrorizada y sé que reza un rosario por mí pidiendo que me salga novio.

More From Megan Maxwell y su relato 'Alégrame la vista'
20 articles
Último capítulo del relato erótico de Megan...
Megan Maxwell relato erótico
Megan Maxwell y el capítulo 22 de su relato...
Megan Maxwell y el capítulo 21 de su relato...
megan maxwel
Megan Maxwell y el capítulo 20 de su relato...
Megan Maxwell libros
Megan Maxwell y el capítulo 19 de su relato...

Ay pobre ¿cuándo se dará cuenta que yo no soy mi hermana?

Mi hermana Sagrario es todo lo opuesto a mí.

Para empezar, se quedó viviendo en el pueblo y yo me vine a vivir a Madrid. Ella se echó novio con dieciocho años. Yo he tenido varios amigos especiales a lo largo de los años. Su noviazgo duró cuatro años. Los míos apenas superan el mes. Se casó por todo lo alto. Yo en lo último que pienso es en una boda y después tuvo a mi preciosa sobrina Genoveva. El juguetito de la familia.

Según mi madre, Sagrario hace las cosas como se han de hacer, mientras yo con eso de la maternidad, quiero comenzar la casa por el tejado.

Pero soy así y le guste a mi madre o no, la que dirige mi vida soy yo

Mirando estoy a los recién estrenados padres cuando Víctor, ahora doctor Molina, se levanta de la butaca donde se había sentado para terminar su trabajo y mirando a su hermano y su cuñada dice.

- Todo está perfecto —y acercándose a su sobrino murmura tocándole la manita—. Hola amigo, qué ganas tenía de conocerte.

Sin saber por qué sonrío, cuando aquel coge al bebé en sus brazos e indica mirándome.

- Que el celador baje a mi cuñada a planta. Tú y yo ahora bajaremos al bebé.

- ¿Pasa algo? —pregunta el hermano de aquel alertado.

Víctor sonríe y mirándolo dice.

- No. Tranquilo. Quiero que lo vea la pediatra. Son unas pruebas de rutina. No te preocupes ¡papito!

Ambos hermanos sonríen. Veo el buen rollo que hay entre ellos y cuando llega el celador se los lleva a la habitación.

Una vez solos, con el bebé en brazos Víctor me mira y susurra cogiéndole una manita al pequeño.

- Hola pequeño Tiranosaurio Rex.

Al escuchar aquello maldigo. Aquel listillo piensa vacilarme y dispuesta a ser yo quien lo vacile a él suelto jugándome el tipo.

—¡Oh Dios! Sus manos ¿las has visto?

Rápidamente siento como su mirada se alerta. Mira aquellas perfectas manitas en busca de algo raro cuando murmuro.

- Tiene cinco dedos, cuando en la familia de los Tiranosaurios Rex soléis tener dos.

Víctor me mira.

Lo acabo de vacilar y no sabe si mandarme a freír espárragos por el susto que le he dado o reírse. Al final opta por reírse. ¡Menos mal! Eso me tranquiliza porque siempre me he dejado llevar por mi impetuosidad.

En ese instante entra Eloisa, la pediatra, que mirando a Víctor dice.

- Perdona por hacerte esperar pero estaba atendiendo a unos gemelos.

- Tranquila mujer, solo quería que le echaras un ojo a mi sobrino —indicó aquel.

Con mimo, veo como la pediatra coge al bebé, lo tumba sobre una mesita, lo destapa y tras hacerle un examen rutinario murmura con cariño.

- Vaya chicarrón fuerte, sanote y guapo.

Víctor asiente y mirándome se mofa.

- Eso es de familia.

Al escucharlo sonrío y dándome la vuelta me voy. Que baje él al bebé hasta sus padres.

Diez minutos después, veo entrar en la habitación 323 a mi jefe con varios hombres y mujeres de su edad. Imagino que es la familia por lo felices que están.

En el control de enfermeras estoy mirando unos papeles cuando escucho.

- El pequeño Rex y yo ya estamos aquí.

Al ver a Víctor con el bebé en brazos sonrío, cuando aquel pregunta.

- ¿Crees que Rex es un buen nombre?

- Nooooooooo —murmuro divertida y al ver que nadie me puede escuchar murmuro—. Oye, ahora en serio, discúlpame por lo que dije sobre tu padre.

- Disculpada.

- Se me fue la lengua y…

- Yo lo he llamado cosas peores —me corta.

Parpadeo ¿ha dicho lo que ha dicho? Cuando de pronto aquel pregunta.

- ¿Cenas conmigo?

Boquiabierta lo miro. Este es directo… directo… y dispuesta a ser tan directa como él respondo.

- No.

Nos miramos, sonreímos e insiste.

- Conozco un sitio precioso para llevarte y…

- No —lo corto y antes de que diga nada más indicó marcando las distancias—. Doctor Molina, no salgo con compañeros del trabajo.

- ¿Por qué?

Incrédula porque me pregunte eso respondo.

- Primero porque no quiero y segundo porque en el hospital, las relaciones entre el personal no están bien vistas —aquel asiente cuando suelto—. Debería usted conocer ciertas normas del centro si va a trabajar aquí, o presiento que se va a meter en líos.

Según digo eso ya me estoy arrepintiendo cuando aquel insiste.

- Duendecilla ¿y si quedamos y me enseñas esas normas?

Bueno… Bueno…. Bueno… aquí el guaperas de los ojos verdes va de chulito y espabilado.

Y no dispuesta a dejarme caer en las redes de un depredador como aquel, voy a responder cuando de pronto se escucha a mi jefe decir.

- Hijo… vamos, queremos conocer al nuevo integrante de la familia.

Víctor asiente, sonríe y dándole al bebé un besito en la cabecita oigo que cuchichea.

- Rex, despídete de la Duendecilla.

Y sin más, se aleja de mí con una sonrisa que me pone nerviosa, mientras siento que el nuevo doctorcito, tiene más peligro que un cirujano con hipo.

Continuará...

Megan Maxwell Megan Maxwell

More from Diez Minutos: