Megan Maxwell y el capítulo 3 de su relato erótico

Pese a lo guapo y majo que parece el nuevo doctor, Alicia, nuestra enfermera favorita, se resiste a darle una cita, pero ¿cuánto más podrá resistir al encanto de esos ojazos verdes?​

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(Resumen capítulo anterior: Tras atender el parto de la cuñada de Víctor, Alicia y Víctor tontean ligeramente y el doctor le tira los trastos a Alicia que le deja bien claro que ella no se lía con compañeros de trabajo).

Cuando salgo el jueves de trabajar tras haber doblado turno para devolver a Lluisa la tarde que le debía, en la puerta me encuentro a Paco y sonrío.

Paco es un amor.

Es un tipo con el que se puede hablar, se puede viajar y se puede pasar un agradable fin de semana sin complicaciones posteriores y lo digo por propia experiencia.

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Paco es como yo pero en hombre. A los dos nos gusta divertirnos, leer, viajar y tener nuestra propia libertad, y cuando me acercó a él pregunta.

- ¿Tienes planes esta noche?

Lo pienso. Mañana no entro a trabajar hasta las tres de la tarde y sonrío.

De entrada pensaba irme a casa a tirarme en el sofá a ver Gran Hermano, pero necesitada de un poco de movimiento divertido en mi vida, respondo.

- Mi plan es cenar contigo y luego tomarnos algo ¿qué te parece?

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Paco asiente, le gusta lo que escucha y mofándose cuchichea.

- Justo… justo… lo que yo pensaba.

Felices y encantados nos dirigimos a un restaurante chino que nos gusta. Allí al vernos entrar la china llamada "Xuxu" nos saluda con afecto y tras indicar lo que queremos cenar, la mujer se marcha y nosotros no paramos de hablar.

Paco es arquitecto, me cuenta los sinsabores de su trabajo y yo le cuento los míos y ambos nos escuchamos con atención.

Quien nos observe desde fuera estoy segura que piensa que somos una pareja en sus primeros meses, pues no paramos de reír y de hacernos bromas. Pero la realidad es muy diferente.

Paco y yo nos conocemos desde hace al menos ocho años y tenemos muy claro que somos amigos con derecho a roce y nada más. Él no busca nada más de mí ni yo de él. El día que cuadra y a ambos nos apetece un ratito de sexo divertido, lo disfrutamos y después, cada uno a lo suyo ¡y a otra cosa mariposa!

Si mi madre se entera de eso ¡me excomulga! Pensaría que soy un pendón desorejado, pero oye… ¡es mi vida y la disfruto a mi manera! Como mi hermana Sagrarito la disfruta haciendo magdalenas con sus vecinas los viernes por la tarde.

Cuando terminamos de cenar y salimos al exterior, al irnos a montar en la moto, a Paco le suena el móvil. Habla con alguien y cuando cuelga mirándome dice.

- El Cuqui, Dolores, Fonsi y Nieves están tomándose algo en "Nacha´s" ¿te apetece que vayamos?

Sin dudarlo asiento.

Nacha´s es el local de moda y las veces que hemos ido lo hemos pasado muy bien y tras ponernos los cascos nos dirigimos hacia allí.

Tras aparcar la moto en la acera, al entrar, rápidamente vemos a nuestros amigos. Nos besuqueamos con ellos y sedienta me dirijo a la barra. Allí le pido al camarero un cubatita de ron con Coca-cola y canturreando estoy Born This Way de Lady Gaga, cuando escucho a mi lado.

- ¿Pero Duendecilla qué haces aquí?

Al mirar a la derecha, me encuentro con el Doctor Molina. Él guaperas de ojos verdes, que me ha estado guiñando el ojo todo el día en el hospital cada vez que se cruzaba conmigo. Mi cara de sorpresa debe de ser un poema porque cuchichea divertido.

- Sí. Es cierto. Los doctores también nos divertimos.

Al escuchar la guasa en su voz, asiento, sonrío y respondo.

- Sin duda alguna las Duendecillas también, doctor Molina.

Su sonrisa se ensancha.

¡Madrecitalindayrelindacomoestaestehombredebueno!

Entonces acercándose a mí, baja el tono de voz y murmura.

- Llámame Víctor. Lo de doctor Molina, lo podemos dejar para el hospital.

Asiento y sonrío.

Menudo peligro tiene el colega y dispuesta a dejar cristalino aquel encuentro respondo.

- Creo que no doctor. Es mejor tener las cositas claritas, aún sin estar en el hospital.

- Mujer…

- No doctor… —le corto—. No se equivoque.

De nuevo sonríe. Por Dios ¡qué dentadura más perfecta tiene!

Sin dejar de sonreír lo miro.

El doctorcito a mí no me amilana por muy cañón que esté y cuando siento que va a decir algo, cojo el cubatita que ha puesto ante mí el camarero y sacando esa parte chula que tengo y que todas las mujeres tenemos cuando nos lo proponemos, murmuro acercándome a él.

- Adiós doctor Molina. ¡Que lo pase bien!

Dicho esto y sintiéndome muy bien, me doy la vuelta y camino hacia donde están mis amigos sin mirar atrás, aunque en ocasiones como esta, me encantaría tener ojos en el trasero para ver si me mira o no.

Al llegar a mi destino Paco me agarra por la cintura y yo con disimulo bebo de mi copa mientras por el rabillo del ojo miro hacia la barra. El doctorcito ya no está allí y haciendo un barrido al local, lo veo junto a un grupo de gente que parece muy divertido.

Con curiosidad, cambio mi posición para cotillear sin ser vista y veo como aquel ya se ha olvidado de mí y besuquea con sensualidad el cuello de una mujer rubia. ¡Menudo sinvergüenza! Dos segundos antes intentando ligar conmigo y ahora ya está besuqueándose con otra.

¡Idiota!

Vale… reconozco que descubrir aquello me molesta un poquito, solo un poquito, pero dispuesta a disfrutar de mi noche con mis amigos, me olvido de él y río, bailoteo y disfruto.

Al fin y al cabo, ¡para eso estoy allí!

Una hora después Dolores me pide que la acompañe al baño y yo, sin dudarlo, acepto pues también necesito visitarlo. Eso de ir en pareja al baño es una tradición femenina y no seré yo quien la rompa. Entre risas y confidencias hacemos la cola en el baño, que como siempre está abarrotado y cuando nos toca, Dolores me cede el puesto, ¡lo mío urge!

En el baño, hago malabarismos por no toca nada y una vez acabo, tras lavarme las manos, salgo de allí y espero a Dolores en el exterior. De pronto una mano agarra la mía y al mirar y ver al doctor muy serio pregunto.

- ¿Qué ocurre?

Este no dice ni ¡Mu! Siento que no sabe qué decir y entendiendo aquel silencio cuchicheo.

- No… es no.

Su gesto me hace gracia ¡creídos a mí! Y cuando levanta una ceja sorprendido por mis palabras, pregunto.

- ¿A usted nadie le dice… no?

Siento su incomodidad, se la leo en la mirada y eso que apenas lo conozco y cuando Dolores sale del baño, lo sonrío e indico cogiéndome al brazo de mi amiga.

- Hasta mañana doctor Molina.

Una vez nos alejamos, Dolores mira hacia atrás y sonriendo pregunta.

- ¿Pero quién es ese morenazo?

Reconozco que esta vez siento que el corazón se me ha acelerado ¿por qué? Pues mira no lo sé, pero sin pararme, ni mirar atrás, respondo segura de mí misma.

- Un doctor que trabaja en mi hospital.

Una hora después, Paco y yo abandonamos el local y soy consciente de cómo una mirada verde nos persigue. El doctor Molina no para de mirarme aunque sigue besuqueándose con la mujer rubia.

Su reacción me confunde, pero sin querer pensar más en ella, Paco y yo salimos del local, nos montamos en la moto y nos vamos.

Cuando llegamos a mi casa media hora después, invito a Paco a subir a mi habitación. Ambos queremos sexo y sin lugar a dudas, lo voy a disfrutar.

…Continuará

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