Megan Maxwell y el capítulo 4 de su relato erótico

Tras su encuentro en la discoteca, Víctor y Alicia vuelven a verse las caras en el hospital y la tensión sexual es cada vez más intensa.

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(Resumen del capítulo anterior: Alicia sale de marcha con un buen amigo con derecho a roce y su sorpresa es mayúscula cuando en la discoteca se encuentra con Víctor. Está muy bien acompañado, pero no quita ojo a la enfermera. Tras un fugaz encuentro en el baño, él le tira los trastos sin disimulo pero ella sigue haciéndose la dura.)

El sábado me toca trabajar.

Eso es lo que tiene currar en un hospital. Los fines de semana, dependiendo del turno, los libro o no.

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Desayunando estoy en la cafetería cuando veo entrar a Víctor, el doctor Molina, con su padre.

¿Mi jefe un sábado allí?

Víctor me ve. Lo sé porque nuestras miradas se cruzan en el espejo y me pone nerviosa.

Yo que estaba desayunando tan ricamente unas porras con café, ahora me da cosa abrir la boca y meterme la porra en la boca ¿Por qué? Pues sinceramente por cómo me observa aquel a través del puñetero cristal.

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Pero al final el hambre me puede y continúo desayunando, cuando entra mi compañera Marieta se sienta a mi lado y cuchichea.

- Me han contado que en Urgencias está la madre del Tiranosaurio.

- ¡Calla! Que está ahí —regaño al escucharla y entender entonces qué hace un sábado allí.

Marieta mira hacia donde señalo con disimulo y, tras verlo, murmura.

- Tranquila, me han dicho que lo de su madre es un simple costipado, en diez minutos se van para casita.

Asiento cuando Marieta coge una de mis porras, la moja en mi café y tras darle un mordisco, cuchichea.

- Uhmm… me encanta ese saborcito a grasilla.

Un minuto después, entra la nueva mujer de mi jefe. La llamamos en petit comité "Perlita de Mahadahonda", por vivir en aquel lugar y porque siempre… siempre, lleva perlas en el cuello y las orejas. Marieta y yo la miramos y cuando sonreímos, soy consciente de que Víctor nos pilla. Rápidamente dejo de sonreír. No quiero que piense cosas raras.

Al rato entra mi compi Fernando, el celador, con una anciana sentada en una silla de ruedas y embobada me quedo al ver como Víctor se agacha para estar a su altura y la besa con cariño. Eso me gusta. Me encanta ver que tratan bien a los mayores y al ver al intrigante doctor Molina bromear y sonreír con su abuela, sonrío como una tonta. ¡Qué mono!

- Por el amor de Dios Duendecilla—protesta Marieta—. Cambia esa cara de lela.

Rápidamente le hago caso y cuando mi jefe y su familia salen por la puerta de la cafetería por fin me relajo. ¿Por qué aquel hombre me pone tan nerviosa?

Una vez termino de desayunar, acompaño a Marieta a Laboratorio a recoger unas pruebas. Una vez las recogemos entre risas vamos al ascensor y cuando las puertas se abren, deseo correr. Allí está el doctor Molina. Sin duda viene del parking de acompañar a su familia.

- Buenos días —saluda sonriendo.

- Buenos días —respondemos Marieta y yo.

Subimos dos pisos y Marieta, tras una miradita cómplice, se apea del ascensor. A mí me entran los siete males, porque que ella se vaya significa que nos quedamos solos en el cubículo y cuando las puertas se cierran, noto que se vuelve a mirarme y pregunta.

- ¿Tu novio es el motero de la otra noche?

Al escuchar aquello, lo miro. Voy a contestarle cuando de pronto el ascensor se para bruscamente, las luces parpadean, e inconscientemente me agarro a su brazo, aunque cuando soy consciente de ello lo suelto y acercándome a los mandos susurro.

- No… no… no…. ¡ahora no!

Pero sí… sí… sí… ¡ahora sí!

Rápidamente saco mi móvil del bolsillo de mi bata y sin importarme que me observe por detrás grabo un whatsapp de voz a mi compi.

¡Joder Marieta el ascensor me la ha vuelto a jugar! Llama a los de mantenimiento y avisa a mi planta de que estoy atrapada por si me necesitan.

El puñetero ascensor ha decidido pararse como hace muchas veces y dándome la vuelta para mirar a Víctor que sigue tras de mí en silencio murmuro.

- Este cacharro cada dos por tres se para. Pero tranquilo, saldremos de aquí.

Víctor asiente justo en el momento en el que recibo un whatsapp de voz. Al ver que es Marieta, sin ponérmelo en la oreja le doy a escuchar.

"El ascensor y tú tenéis algo hija mía ¡siempre te pilla a ti! Vale, aviso a Mantenimiento y por cierto, el Tiranosaurio Tex y Perlita de Majadahonda ya se han marchado".

Según escucho eso intento apagar el móvil pero mi nerviosismo me lo impide.

Por Dios… por Dios… ¡que mi compi está hablando de la familia de aquel! Y horrorizada por lo que ha escuchado, voy a pedirle disculpas cuando muerto de la risa pregunta.

- ¿La mujer de mi padre es Perlita de Majadahonda?

Ay… Ay… Ay… ¡que no sé qué decir!

Pero al ver que él sonríe divertido, sin poder evitarlo yo lo hago también cuando aquel mirándome cuchichea.

- Sin duda, estoy deseoso de saber cómo me llamáis a mí.

Dejo de sonreír. No pienso decir que mis compis y yo ya lo hemos bautizado como el "bombón caliente" por su impresionante porte y mirada y rascándome la cabeza cuchicheo.

- No sé. No he oído nada.

Aquel sonríe. Intuyo que no me cree y con una tranquilidad pasmosa que me poner nerviosa, se recuesta en la pared del ascensor y cruzando las manos ante su pecho pregunta de nuevo.

- ¿Era tu novio el de la moto?

Apoyándome en la pared que hay frente a aquel, intento aparentar normalidad como él y encogiéndome de hombros respondo.

- Es un amigo.

Víctor asiente, ladea la boca al sonreír y pregunta

- ¿Y con tus amigos te besas así?

Valeeeeeeeeeeeeee…

Me vio besarme con Paco y sonriendo afirmo.

- Doctor, estoy soltera y como no he de rendirle cuentas a nadie, vivo en total libertad para hacer lo que quiera, cuando quiera y con quien quiera.

De nuevo veo que asiente. Uf… qué calor me está entrando.

Sin decir nada se acerca lentamente a mí… ¡Uy…Uy… qué peligro! Y cuando casi… casi nos rozamos y siento la electricidad de su cuerpo, mirándome a los ojos murmura.

- No te conozco, Duendecilla, pero me encantaría conocerte para poder disfrutar de esa libertad.

Ay madre… Ay madre… ¡que me da un tabardillo!

No me puedo mover. Mi culo y mi nuca están pegadas a la pared del ascensor y no puedo echarme para atrás.

Víctor me tienta. Me provoca.

No me toca…

No me besa…

Pero sin hacerlo, el Bombón caliente está haciendo que lo sienta y cuando de pronto el ascensor tras un saltito se pone en marcha, da un paso atrás y mirándome cuchichea.

- Cuando quieras, aunamos fuerzas y disfrutamos donde quieras, porque en eso soy como tú, con quien quiero y cuando quiero.

Madre… madre… madre… ¡Voy a explotar de calor!

Atacada lo veo sonreír y para no parecer una idiota sonrío yo también. A mí este a chula no me gana. Y cuando las puertas del ascensor se abren y salimos de él, sin mirarlo me encamino hacia el control de enfermeras sin mirar atrás, mientras pienso…

¡Madrecitalacalorquemehaentradoenelcuerporalescucharlaproposiciondelbombóncaliente!

…Continuará

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