Megan Maxwell y el capítulo 6 de su relato erótico

Tras la sorpresa del parto de la perrita que encuentra Víctor en el parking del hospital, Alicia le acompaña a su casa y sí, prepárate porque pasa lo que llevas esperando 6 capítulos.

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(Resumen del capítulo anterior: Tras terminar su turno, Alicia está dispuesta a irse a casa pero cuando se encuentra a Víctor y le pide ayuda con un parto de lo más especial,no puede negarse y le acompaña al parking del hospital. Allí le muestra una perrita dando a luz y juntos la llevan al veterinario. Una vez terminado el parto, Víctor la invita a su casa).

¿Qué hago metida en el coche del Bombón Caliente y camino de su casa?

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De verdad, que en ocasiones ¡no me entiendo ni yo!

Pero cuando me ha propuesto acompañarlo a su casa para ayudarle con la perrita y sus cachorritos y cenar algo, me ha parecido todo tan inocente que he sido incapaz de decirle que no.

Y aquí estoy.

Mirando al frente, mientras él conduce el bonito BMW azul y por la radio suena la voz de la de Barbados cantando aquello de "work…work…work…work…work…work" y siento una presión en el pecho que o me tranquilizó o me va a estallar.

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Estamos en Aravaca. Conozco la zona porque mi prima Cristina vive aquí y cuando se para ante una valla blanca, y esta se comienza a abrir, sé que hemos llegado a su casa.

¡Menudo casoplón!

Una vez entramos con el coche en la parcela, unas lucecitas del suelo se comienzan a encender y como si fuera una pista las seguimos hasta el garaje. Sorprendida por aquello lo miro y este sonriéndome murmura.

- Lo sé… parece un aeropuerto, pero por la noche es cómodo.

Asiento. Sin duda lo es.

Una vez para el coche y nos bajamos, abrimos las puertas de atrás del vehículo y mientras él coge a la perra entre sus brazos, yo cojo la caja conde van los cuatro cachorrillos.

Me encantan, son monísimos, y sonriendo estoy cuando Víctor dice.

- Sígueme.

Tras él voy hasta llegar a una enorme puerta, la abre y haciéndose a un lado mirándome dice.

- Las damas primero.

Encantada por aquello sonrío y paso, las luces del techo se encienden al detectarme. Incrédula lo miro y cerrando la puerta cuchichea.

- Es una casa inteligente.

Embobada asiento, y le sigo mientras las luces al detectarnos se encienden a nuestro paso ¡qué pasote! Lo bien que me vendría a mí eso en casa, ya que soy de las que se va dejando siempre las luces encendidas. ¡Qué lucha mi madre toda la vida con eso!

Cuando entramos en el salón me quedo embobada, es enorme y decorado con un gusto exquisito. Sin pararse Víctor camina hacia un lateral y dejando a la perra en el suelo, sobre la manta que lleva, se agacha para besarle la cabeza y murmura.

- Bienvenida a casa Rubia.

Encantada por aquel detalle tan bonito por parte de él, con mimo entre los dos sacamos a los cuatro cachorritos de la caja y los ponemos junto su madre. Rubia, rápidamente los chupetea y emocionada murmuro.

- Qué cosa más bonita.

Víctor asiente y agarrándome la mano dice.

- Vayamos a la cocina a comer algo.

De nuevo las luces se encienden y apagan a nuestro paso y cuando llegamos a la cocina, al entrar murmuro.

- Por Dios ¡esto es la NASA!

Divertido por mi comentario cuchichea.

- Tengo una amiga diseñadora de cocinas a la que le dije ¡haz la cocina que quieras! Y cuando la vi, me quedé tan sorprendido como tú.

Y es para estarlo. La cocina es blanca, de cristales ahumados y minimalista. Encantado me la enseña y yo parezco recién llegada del pueblo por mis comentarios. Es más, llega un momento que dejo de ser natural porque ya me estoy dando hasta vergüenza.

Cuarenta minutos después, tras haber picoteado algo en su increíble cocina, salimos al jardín y tras dar un trago a mi cervecita, lo miro y sin cortarme pregunto.

- ¿Vives solo?

Víctor me mira. A saber Dios qué piensa. Sonríe y responde.

- Ahora no. Ahora vivo con Rubia y sus cuatro cachorros.

Eso me hace gracia cuando aquel mirándolos dice.

- Ayúdame a ponerles nombres a los cachorros ¿Cómo llamarías a la hembrita?

Mis ojos vuelan a aquellos minúsculos perritos que duermen junto a su mamá y mirando a la hembrita respondo riendo.

- Elektra.

¡Me gusta! —afirma él.

Vuelvo a mirar a los cachorrillos y señalando de izquierda a derecha indico.

- Batman, Thor y Hércules.

Víctor suelta una carcajada.

Me encantan sus ojos cuando sonríe y yo, que me vengo arriba, suelto.

- O también a ella le puedes llamar T-rexsita, y a ellos Triceratops, Velociraptor y Diplodocus.

La carcajada de Víctor se hace más grande, se mea de la risa, cuando de pronto, sin mediar palabra se acerca a mí, pasa su mano por mi cintura y acercándome a él murmura.

- Te voy a besar.

Y ¡Zas! Me besa.

Sus tentadores, dulces y sensuales labios se posan sobre los míos y yo incapaz de rechazar aquel manjar tan peligroso, abro mi boca y oh Dios… ¡oh Diosssssssss!

Me gusta… me gusta… me gusta… y me gustaaaaaaaaaaaaaaa.

Víctor, el doctor Molina, el Bombón Caliente, me da el beso más erótico, inquietante, morboso y sensual que me han dado en mi vida, mientras siento cómo se me acelera el corazón, y un calor perturbador que comienza a volverme loca, sube y baja por todo mi cuerpo a mil por hora.

El beso dura y dura… y dura.

Lo disfrutamos...

Lo paladeamos…

Y cuando nuestros ojos se encuentran y nuestras bocas se separan unos milímetros, leo en su mirada lo que él debe de leer en la mía y sin ninguna duda pregunto.

- ¿Dónde está tu habitación?

En cero coma segundos cruzamos el pasillo a tal leche que ni las luces se encienden y cuando llegamos a una preciosa habitación en tonos grises, sin hablar pero con prisa nos desnudamos.

Fuera botas…

Fuera pantalones…

Fuera camisas…

Y fuera ropa interior…

¡Comienza el juego!

Una vez desnudos, nos miramos, nos tentamos, cuando aquel Adonis que ante mí está más bueno que un pan, abre el cajón de la mesilla y saca un preservativo. Me lo enseña, sonrío, rasga el envoltorio con los dientes y yo susurró para mis adentros mientras me dejo caer en la cama.

"Sí nene… sí… póntelo"

Una vez se lo pone, yo que estoy esperándolo tumbada sobre la cama sonrío sin un ápice de vergüenza y le invito a continuar.

Y continúa ¡vaya si continúa!

Se posiciona sobre mí, y mirándome a los ojos coloca la punta de su increíble, dura y tersa erección en la entrada de mi vagina y lenta, muy, muy lentamente se introduce en mí, mientras el mágico momento nos hace jadear y temblar.

Los besos se repiten. Las caricias se multiplican, mientras nuestros cuerpos necesitados de goce caliente y vehemente, se enredan para dar y recibir placer.

Víctor es exquisito.

Sabe besarme, sabe moverse, sabe hacerme el amor y yo lo disfruto sabedora de que también se lo hago pasar bien a él.

No somos primerizos.

Se puede decir que somos licenciados en la materia y cuando aceleramos nuestros movimientos, sabemos que un clímax devastador y placentero se acerca para carbonizarnos.

Una… dos… tres…

…veintiocho veces nos hundimos el uno en el otro gozando de aquel momento de morbosa locura, cuando siento que no puedo más y arqueándome hacia atrás le hago saber que mi momento llegó e instantes después, tras un ronco jadeo varonil, me hace saber que le llegó a él.

Jadeantes nos miramos, incrédulos todavía de lo que hemos hecho, cuando Víctor rueda por la cama para no caer sobre mí.

Con las respiraciones aun entrecortadas los dos miramos al techo, cuando sonriendo digo.

- Tu casa será muy inteligente, pero tú y yo unos descerebrados.

Víctor no dice nada y sonriendo sé, que lo acabo de dejar ¡sin palabras!

Continuará...

Megan Maxwell Megan Maxwell

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