Megan Maxwell y el capítulo 7 de su relato erótico

Tras la noche de pasión incontrolada en casa de Víctor, la vida en el hospital sigue y los rumores sobre el doctor son más intensos que nunca.​

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(Resumen del capítulo anterior: Tras acompañar a Víctor a su casa con la nueva familia perruna que encontró el médico en el parking del hospital, la tensión sexual acumulada explotó y no pudieron evitar dar rienda a la pasión).

Han pasado tres días desde mi locura total con el Bombón Caliente en su casa.

Desde ese día, nos hemos visto por el hospital, disimulamos y nos comportamos como las dos personas maduras y profesionales que somos. Intento no encontrármelo y lo esquivo cuando lo veo a lo lejos porque no tengo ni la más pajolera idea de cómo actuar después de lo que pasó y aunque nos dimos los teléfonos, ninguno de los dos hemos dado todavía un paso al frente.

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Soy incapaz de olvidar lo vivido y mira que no es el primer hombre con el que me acuesto simplemente por diversión. Estoy soltera, no tengo churri fijo y yo, y solo yo, mando en mi cuerpo, en mi vida y en mis decisiones, pero reconozco que es verlo y ponerme a mil.

Así andaba yo en mis pensamientos esta mañana cuando hemos coincidido a solas en el quirófano 3 y, oh Dios, nos hemos lanzado a besarnos con un deseo brutal y hemos quedado para ir esta noche en su casa.

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Suena el teléfono del control de enfermeras. Rápidamente lo cojo y es Marieta.

- ¿Duendecilla bajamos a desayunar?

- Vale —acepto encantada.

Una vez mi compi Lluisa regresa de dar medicaciones a las pacientes, se queda en el control y yo me dirijo al ascensor, me suenan las tripas de hambre. Mirando al frente estoy cuando oigo unas voces y mi cuerpo se alerta. ¡El Bombón Caliente!

Miro a mi alrededor en busca de una vía de escape. Tengo las escaleras cerca y cuando voy a salir pitando de allí, oigo la voz de mi jefe, que dice.

- Alicia ¿sabe si ha llegado el doctor Campodón?

Rápidamente me doy la vuelta y me encuentro al Tiranosaurió Rex con su hijo Víctor y uf… lo que me entra por el cuerpo al recordar cómo nos hemos besado hace un par de horas, pero sacando la profesional que hay en mí, respondo.

- No lo he visto llegar todavía Doctor Molina.

Mi jefe asiente, deja de prestarme atención y vuelve a prestársela totalmente a su hijo, mientras yo saco mi móvil del bolsillo y actuando con convicción, me lo pongo en la oreja y hago que hablo y huyo escaleras abajo.

Una vez llego a la cafetería más tranquila porque me he quitado a aquellos de encima, veo a Marieta que levantando la mano me hace saber que ha cogido mesa ¡qué bien!

Guillermo el camarero al verme, sonríe y guiñándome el ojo dice.

- Siéntate que yo te llevo a la mesa tu café con leche y tus tres porritas preciosa.

- Graciasssss.

- Las que tú tienes encanto.

Sin poder evitarlo sonrío. Guillermo es un guasón que siempre intenta ligar conmigo y cuando deja ante mí el desayuno, cuchichea.

- ¿Cuándo vas a quedar conmigo fuera de esta cafetería?

Yo sonrío. Marieta también. Guille es un cielo y respondo.

- Sabes que soy alérgica a salir con compañeros de trabajo Guille ¿cómo te lo tengo que decir?

—Esa es la actitud Alicia. Por eso me gusta tenerla en nuestro equipo.

Al escuchar la voz de mi jefe, miro hacia atrás y allí está con el guaperas de su hijo que me mira con una media sonrisa y con cierta sorna, indica.

- Una decisión muy sabia Alicia, eso mantendrá la armonía en el trabajo.

¿Armonía? ¿Te voy a dar yo a ti armonía esta noche?

Wooooooooooooo ¡lo que me entra!

Si mi jefazo supiera que su criaturita y yo estamos compartiendo fluidos corporales la que se iba a armar era gorda.

Sin más aquellos se alejan y se acercan a una mesa donde hay varios doctores y se sientan con ellos, mientras yo me siento con Marieta.

Durante varios minutos charlamos y reímos cuando de pronto, cuando mojo mi porra en el café con leche, aquella dice.

- ¿Te has enterado del último cotilleo?

Metiéndome la porra estoy en la boca cuando cuchichea.

- Al parecer el Bombón Caliente y la doctora Peña, están liados. Según me ha contado Virginia, ayer se los encontró en un pub por la zona de Chueca, excesivamente acaramelados.

¡Me atraganto!

La porra de la impresión se me va por otro lado y me ahogo.

¡Ay madre que me ahogo!

Marieta rápidamente se levanta y me da golpes en la espalda, pero nada, la porra se me atranca y no puedo respirar.

Me llevo las manos al pecho ¡ay qué angustia!

En ese instante siento que alguien con celeridad me levanta de la silla, pasa sus manos por debajo de mi pecho y apretándome contra su cuerpo, practica la maniobra de Heimlich con precisión. Una... Dos… tres.. y a la cuarta un trozo de porra sale de mí a propulsión.

Algo desorientada por la asfixia apoyo mi nuca en el cuerpo de quien está tras de mí y oigo muy bajito.

- Tranquila cielo…tranquila.

Madre mía ¡casi la guiño asfixiada por un trozo de porra!

- ¿Estás bien?

Asiento, tomo aire y me doy cuenta que el que habla y aún me tiene entre sus brazos es Víctor, mientras toda la cafetería nos mira.

¿Me ha llamado cielo y me ha salvado?

Aissssssss ¡qué monoooooooooooooo!

Pero abochornada por ser el centro de atención de toda la cafetería, me separo de él y cuando Guillermo, el camarero, asustado deja un vaso de agua sobre la mesa, Víctor insiste.

- ¿Estás mejor?

Asiento… vuelvo a asentir.

- Alicia por Dios ¡qué susto nos has dado!

Al mirar, veo a la doctora Peña al lado de Víctor. Los dos me miran con gesto preocupado y mirándoles susurro.

- Tranquilos, estoy bien.

Una vez aquellos dos se dan la vuelta y regresan a su mesa, me siento con Marieta y me doy aire con la mano para reponerme. ¡Qué mal ratito he pasado!

Mi respiración se relaja y siento que el color regresa a mi rostro, mientras Marieta y Guillermo hablan entre ellos.

En ese instante mi móvil suena. He recibido un whatsapp de Superman.

Superman y Supergirl es como Víctor y yo tenemos guardados nuestros números de teléfono para despistar y leo.

"Me has dado un buen susto"

Incapaz de no hacerlo, miro con disimulo hacia donde aquel está. Tiene el teléfono en la mano a la espera de una contestación y sin dudarlo se la escribo.

"Gracias por salvarme Superman"

Cuando aquel mira el teléfono, veo que sonríe y yo sin saber por qué lo hago también, cuando veo que la doctora Peña, le quita una pelusa de la bata y sin poder evitarlo la voz de mi madre suena en mi cabeza diciendo aquello de cuando el río suena, agua lleva.

Continuará...

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