Megan Maxwell y el capítulo 8 de su relato erótico

Tras unos días evitándose en el hospital, Víctor y Alicia repiten experiencia sexual, pero entra una tercera persona en escena y ya se sabe, tres son multitud.

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(Resumen del capítulo anterior: Alicia y Víctor por fin resolvieron la tensión sexual que llevaban dentro y nos dejaron una sesión memorable en casa del doctor. Sin embargo, durante los días posteriores a su intenso encuentro, ellos se evitan, hasta que en un quirófano no pueden más vuelven a besarse, quedando para verse más tarde).

Me puede… me puede… me puede.

Tras una jornada en la que he atendido tres partos y una cesárea con el "Bombón Caliente", cuando salgo del trabajo, nos cruzamos, nos miramos y aquí estoy, en la puerta de su casa, tocando el timbre de la cancela.

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Cuando la cancela blanca de la parcela se abre, paso rápidamente y sonrío al ver que Rubia, la perrita, corre hacia mí para saludarme mientras Víctor con una sonrisa me espera en la puerta.

Rubia, como siempre que me ve, enloquece y yo encantada juego con ella correteando por la parcela. Es una maravilla de perrita y cuando la lengua me llega a los pies tras tanta carrera, me acerco a Víctor y este sonriendo dice dándome un beso en los labios.

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- No sé quién está más loca de las dos.

Al entrar en la casa, como siempre las luces del pasillo se encienden a nuestro paso y camino directamente hasta el salón. Allí están los cachorritos de Rubia sobre una manta y yo, como las abuelas, corro hacia ellos y los besuqueo con mimo y amor. Están preciosos y cada día que pasan más grandes y gorditos.

Una vez termino de besuquear a todos aquellos y hacerles mimitos, me acerco a Víctor que, tras haber preparado unas copas, me espera en el sofá y tirándome a su lado, doy un trago de mi vaso, después apoyo la cabeza en el respaldo del sofá y murmuró.

- Vaya día…

Víctor asiente. En el hospital hoy hemos tenido un día de locos y apoyando como yo la cabeza en el respaldo mirándome cuchichea.

- Me gusta tu profesionalidad con los pacientes.

- Gracias —sonrió—. La tuya tampoco está mal.

Con complicidad nos miramos. Ambos somos profesionales en lo nuestro, cuando suelta.

- Menudo susto me diste cuando te atragantaste en la cafetería.

Al recordarlo suspiro y asiento.

- Yo también me asusté.

En silencio quedamos, hasta que yo, deseosa de sexo, me siento a horcajadas sobre él y mirándole cuchicheo, mientras comienzo a repartir pequeños besos por su rostro.

- Pero ahí estabas tú, para…

No puedo decir más, su boca busca la mía y como si no hubiera un mañana me besa y yo siento que me voy a morir de gustirrín.

Por Dios… por Dios ¡cómo besa este hombre!

Un beso…

Dos…

Siete…

La temperatura sube entre nosotros a la velocidad del rayo.

¡Oh sí nene… no pares!

Si algo me gusta en el sexo es estar con un hombre AIV. Ardiente, impulsivo y vehemente.

A mí, los hombres SAE. Sosos, aburridos y egoístas no me van, y por suerte el "Bombón Caliente" es un AIV de los buenos.

Nuestras ropas vuelan…

Nuestras manos vuelan…

Nuestras mentes vuelan…

Y finalmente nuestros cuerpos… ¡vuelan!

Hacemos el amor sobre el sofá con gusto, placer, morbo y locura.

Nuestra conexión a la par que nuestro juego es impresionante, mientras damos y recibimos placer a raudales y disfrutamos de lo que nosotros mismos provocamos.

¡Sexo del buenoooooooooooo!

Acabado el primer asalto, quedamos abrazados sobre el sofá con las respiraciones entrecortadas y cuando me separo de él para que el aire corra, sonriendo murmura.

- Eres increíble Duencecilla… increíble.

Sonrío… ¿Cómo no hacerlo?

Recuperando el aliento estamos cuando de pronto suena el portero de la casa. Víctor frunce el ceño y yo mirándolo pregunto.

- ¿Esperas visita?

- No.

Se levanta conmigo entre sus brazos y cuando comienza a caminar conmigo a cuestas hacia la puerta me río, mientras las luces del pasillo se encienden a nuestro paso.

Divertida por aquello me estoy riendo cuando al llegar a la puerta, le da al botón de la cámara de la entrada y al ver quien está allí se me corta la risa.

Ante la cancela blanca está la Doctora Peña.

Incrédula lo miro. Me mira. No dice nada y yo, incapaz de callar, pregunto.

- ¿Qué hace aquí?

La cara de circunstancias de aquel no tiene nombre y entonces recuerdo aquello de "Cuando el río suena, agua lleva".

Con un brusco empujón consigo librarme de sus brazos y bajar al suelo.

El portero de la casa vuelve a sonar y el buen rollito que teníamos segundos antes, se ha esfumado y mirándolo pregunto.

- ¿La vas a abrir?

Víctor, mira de nuevo la pantalla donde aquella sale reflejada y finalmente responde con un escueto.

- Sí.

Bueno… bueno… bueno… lo que me entra por el cuerpo.

Aquello no puede estar pasando. Aquello es surrealista. La doctora Peña no puede verme allí y molesta pregunto.

- ¿Estás liado con ella?

Víctor me mira, se retira el pelo del rostro y suelta.

- La realidad es que nos llevamos viendo desde hace tiempo.

Ay madre… Ay madre… ay madre ¡Que lo mato!

Nunca me ha gustado ser la tercera en discordia.

Nunca me ha gustado ese juego sucio que otras personas se traen con sus parejas porque siempre he tenido muy claro eso de "No hagas a los demás, lo que no quieras que te hagan a ti" y mirándolo siseo furiosa.

- Perfecto doctorcito ¡perfecto! Y si sales con ella ¿qué narices hago yo aquí?

Víctor me mira. Oh Dios… las ganas que me están entrando de patearle el culo.

- ¿Puedes quedarte?

Parpadeo. Ha dicho lo que ha dicho e incrédula pregunto.

- ¿Qué?

Víctor asiente y con una tranquilidad pasmosa responde.

- Peña y yo en ocasiones hemos estado con un tercero.

Lamadrequeparioapeñaapeñoyatodasufamilia¿peroquemeestaesteproponiendoesteinsensatoquecomonocierreelpicolevoyadar?

Acalorada y no por lo de minutos antes, intento no parecer más tonta de lo que ya me siento y siseo.

- Olvídalo. Yo decido con quien jugar.

Y enfadada y conteniendo mis más oscuros instintos asesinos regreso al salón. En menos de quince segundos recojo las bragas, el sujetador, el pantalón, la camisa y cuando meto mis zapatos en mi bolso, regreso a la puerta y siseo en pelotas todavía.

- Voy a meterme en el baño y cuando entréis los dos en el salón me voy —y señalándole con el dedo gruño—. Y que te queden claro tres cositas bonito. La primera, olvídate de mí. La segunda, yo elijo con quien hacer un trío o un quinteto. Y la tercera, como le digas Peña que yo he estado aquí, te juro por Dios que te hundo en el hospital.

El portero de la casa vuelve a sonar. Peña se impacienta y yo dándome la vuelta camino hacia el baño con la dignidad que me queda y cierro la puerta. Una vez sola tiemblo, tiemblo como una hoja, pero me visto a la velocidad del rayo.

Un par de minutos después escucho la voz de la doctora Peña entrando en la casa llamándolo amor y a Rubia ladrar.

Atenta a las voces de aquellos estoy y, cuando oigo que se alejan, abro con cuidado la puerta del baño y al salir me encuentro a Rubia esperándome. Mi chiquitita mueve el rabito al verme y yo agachándome murmuro.

- Me tengo que ir cariño. Cuida de tus chiquitines.

Rubia con su lengua me cruza la cara y yo sonrío. Sin poder evitarlo la abrazo, me despido de ella y le doy un beso en su cabezota. Después corro hacia la puerta mientras las puñeteras luces del pasillo se encienden a mi paso.

En sigilo abro la puerta de la calle cuando de pronto Víctor asomándose por la puerta del salón me mira. Nos miramos unos segundos y entonces este dice.

- Tranquila Peña, se encienden por Rubia.

Una vez salgo y cierro la puerta, ofendida y ofuscada salgo de la parcela y una vez huyo totalmente de ella, me paro, miro hacia atrás y sin querer evitarlo susurro.

- Maldigo MCCP.

¿Qué que es MCCP?

Pues como se dice en mi pueblo un Maldito Cabroncete Con Pintas.

Megan Maxwell