Megan Maxwell y el capítulo 9 de su relato erótico

Alicia está que trina desde que la doctora Peña entró en escena y no piensa ponérselo nada fácil a Víctor. ¿Logrará resolver esta situación el "Bombón Caliente"?

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Qué mosqueo llevo.

Me miro en el espejo del baño de mi casa y hasta yo misma me insulto.

¿Pero cómo puedo ser tan tonta?

¿Cómo puedo estar pensando en el imbécil del "Bombón Caliente", cuando aquel seguro que ha pasado una estupenda noche con la doctora Peña?

Insultándome estoy cuando mi compañera de piso Tina, llama a la puerta.

- ¿Te queda mucho?

Su voz me hace dar cuenta que o termino pronto o todas llegamos tarde al trabajo y resoplando respondo.

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- ¡Ya voy!

Dos segundos después, abro la puerta y las caras de Tina y Bego están expectantes. No entienden qué me pasa y sabedora de que necesitan unas palabras digo.

- Tranquilas. Una mala noche la tiene cualquiera.

Ninguna dice nada.

Ninguna intenta indagar.

Llevamos el suficiente tiempo juntas, como para saber que cuando necesitamos desahogarnos estamos allí y yo no quiero hablar.

Cuando salimos de casa, Bego y yo como siempre nos vamos al Metro y sumidas en nuestros pensamientos llegamos hasta a mi parada y tras guiñarle un ojo, me bajo del tren.

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Diez minutos después ya estoy en el hospital cambiándome de ropa.

Hoy tengo el día tonto por no decir gruñón, menos mal que mañana lo tengo libre y cuando llego al control de enfermeras no sé si salir corriendo o liarme a guantazos.

Allí está el doctorcito de las narices, tan pancho, hablando con Luisa. Al entrar me mira, lo miro, doy los buenos días, ambos saludan y para huir me meto en la sala de incubadoras.

Con mimo miro a mis chiquitines. A esos guerrerillos que por una cosa y otra, no pueden estar con sus mamis en la habitación nada más nacer y están allí con nosotras.

Abstraída estoy mirando a una pequeña que apenas pesa un kilo cien y es una gran Guerrera por lo mucho que lucha por salir adelante, cuando escucho a mi espalda.

- Cada día está mejor y más fuerte.

¡Joder!

¿Pero por qué?

¿Por qué me tiene que seguir el puñetero doctorcito?

Con una fingida sonrisa lo miro, no puedo obviar que estoy en el trabajo y respondo.

- Sí, doctor tiene toda la razón.

Moviéndome con celeridad, me acerco a otro chiquitín, le coloco mejor la venda que tiene cubriéndole los ojos cuando aquel vuelve a decir.

- Escucha Duendecilla…

Ah… ¡eso no!

Y volviéndome a mirarlo con todo el enfado del mundo, tras ver que no hay nadie cerca, siseo.

- Mi nombre es Alicia, doctor Molina, haga el favor de recordarlo.

Su sonrisa se ensancha y siento una necesidad imperante de borrársela de un manotazo, pero claro, si hago eso, a la que borran de la nómina del hospital es a mí, por lo que conteniéndome me muevo hacia la siguiente incubadora.

- De acuerdo Alicia —insiste en voz baja.

- Por favor… deje de seguirme.

Vuelvo a cambiar de incubadora, pero nada, me sigue y suelta.

- Solo si vienes esta noche a mi casa. Allí podemos hablar y…

- No tengo nada que hablar con usted.

- Mujer…

Oydiosmiodemialmaydemiexistirlamalalechequeestetiomeestaponiendodesdeprimerahoradelamañana.

Pero sin dejarme llevar por mi mala leche, lo miro y cuchicheo.

- Olvídese de mí, como yo ya me he olvidado de usted.

Lo oigo reír.

¿A que le suelto un sopapo?

Y antes de que diga nada, mirándole le suelto.

- Ni que usted fuera el único hombre en el mundo con el que poder acostarse.

Wooooooooooo ¡la sonrisa se le corta!

Creo este AIV no está acostumbrado a escuchar aquello y finalizo con más cara que espalda.

- Hombres para tener sexo… me sobran.

Y sonriendo ahora yo, me doy la vuelta y salgo de incubadoras.

¡Para chula y matadora yo!

Un par de minutos después, sale él de incubadoras y sin mirarnos a mi compañera y a mi se marcha. En ese momento respiro y me tranquilizo.

A media mañana se nos presenta una cesárea de urgencia y como profesionales que somos, atendemos a la paciente. En el quirófano somos un equipo, aunque nuestras miradas en ocasiones siento que nos molesten a los dos.

Cuando el celador se lleva a la mami y mi compañera al bebé en una cunita, ambos nos quitamos las batas de quirófano, los gorros y nos dirigimos hacia el ascensor. Durante treinta segundos estamos en silencio esperándolo, cuando de pronto me suena el móvil. Es Paco y sonriendo respondo.

- ¿Qué pasa guapo?

Paco, uno de mis AIV preferidos, me invita a ir con él a una fiesta temática de la película 'Grease' y sin dudarlo, acepto, al día siguiente libro y tengo todo el día para recuperarme.

Salir de fiesta con Paco es sinónimo de ¡fiestón! por lo que quedo con él a las diez en el portal de mi casa, mientras con disimulo veo a través del espejo que hay frente a mí que el doctorcito, está escuchando mi conversación.

Una vez cierro mi móvil con una sonrisa en los labios, aquel sin tocarme pregunta.

- ¿Vas de fiesta esta noche?

Bueno… bueno… ¿Pero qué pretende este? ¿Que le guarde luto? Y con esa chulería que Dios me ha dado, asiento y afirmo.

- Pues va a ser que sí.

Mi respuesta lo desconcierta. Lo dicho, este no está acostumbrado al ¡no! Y molesto, cuchichea.

- Creo que tú y yo deberíamos hablar.

Directamente niego con la cabeza. Como diría mi Bego ¡Paso Payaso! Y dándome la vuelta me dirijo hacia las escaleras. No quiero bajar con él en el ascensor.

El resto del día, siento su reprochadora mirada cada vez que nos cruzamos, y eso no sé por qué ¡me excita! Y me hace saber que le molesta lo que voy a hacer, pero me da igual. Ni soy su novia, ni tengo que rendirle cuentas.

Al acabar mi jornada de trabajo me encamino hacia el cuartito donde nos cambiamos. Una vez me cambio de ropa, cojo mi bolso y salgo del hospital. Voy caminando hacia el metro cuando un coche azul, se para a mi lado y al mirar veo que es Víctor. Rápidamente aquel abre la puerta del copiloto y mirándome, dice.

- Por favor, sube.

Incrédula lo miro.

¿Pero este tío se cree que yo voy a perder el culo cada vez que me llame?

Ah no ¡ni de coña!

Por lo que con una sonrisa me acerco al coche, lo miro y tras cerrar la puerta de un portazo, cuchicheo.

- Adiós doctor Molina.

Y sin más, sin mirarlo, sin darme la vuelta, sigo caminando hacia el metro.

Quiero llegar a mi casa, ducharme, cambiarme e irme de fiesta con Paco y eso nadie lo va a cambiar ¿o sí?

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