Megan Maxwell y el capítulo 10 de su relato erótico

Alicia no quiere saber nada de Víctor, pero él intenta arreglar las cosas con ella. ¿Lo conseguirá?

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Paco, como siempre que llega cuando va a buscarme, me manda un mensaje. Al recibirlo Tina que me está pintando dice.

- Dame un minuto que termino de ponerte el eyeliner.

Sin moverme, espero. Tina es una excelente maquilladora y peluquera y cuando termina y me miro al espejo, boquiabierta me quedo al ver el resultado final y murmuro.

- Madre mía… estoy castigadora.

- Ya te digo —sonríe Tina—. Estás hecha para vestir de cuero.

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Incrédula pero encantada de verme tan estupendosa, corro hacia el salón donde Bea, está cenando una sopa y pregunto.

- ¿Cómo me ves?

La fiesta a la que voy el tema principal es la película Grease, por lo que me he rizado el pelo, me he puesto un pantalón y un chaleco de cuero sin nada debajo y mis botas de lagartona. Lo de lagartona lo dice mi madre cuando me las ve puestas.

- Madre mía Alicia ¡estás impresionante! —suelta.

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Sonrío. Me encanta escuchar aquello. Por Dios ¡que egocéntrica soy!

Pero ¡qué narices! Quiero estar guapa, divina y atractiva.

Tina se acerca con algo en la mano y me dice.

- Toma… ponte mi cazadora de cuero roja. Te dará un toque estupendo.

El toque, que me da es de zorrón verbenero ¡pero me gusta!

¡Vivan los zorrones verbeneros!

Encantada acepto la cazadora. Me la pongo, me miro en el espejo y sonriendo, afirmo.

- Nena… esta noche mandas tú.

Tina y Bego se ríen.

Ese nena y lo que le sigue es nuestra frase matadora. Es la frase que utilizamos la noche que salimos a ligar y queremos sexo.

- Sin duda, Paco… hoy pilla —se mofa Tina.

- Ya te digo —afirmo yo encantada.

Tras despedirme de aquellas, cojo un pequeño bolso y salgo de mi casa. Me cruzo con un par de vecinos que me miran sorprendidos y yo simplemente les sonrío conocedora de la pinta que llevo. Menos mal que mi madre no me ve.

Una vez en la calle, veo a Paco, a mi Pacote, sentado en su moto en la acera de enfrente con un tupé y unas pintas a lo Travolta que me hacen reír y cuando me ve suelta un Fiuuuu… Fiuuuu de esos que te hacen saber que eres un pibonazo en toda regla.

Cuando voy a cruzar la calle, de pronto un coche azul para ante mí.

Al mirar me encuentro con el doctorcito que boquiabierto me mira de arriba abajo. Veo la sorpresa en su cara, cuando segura de mí misma, le guiño un ojo y pregunto.

- ¿Qué haces en la puerta de mi casa y qué quieres?

Mirándome el canalillo del chaleco está cuando embobado sube sus ojos a los míos y responde.

- Creo que te debo una explicación.

- ¿Ahora?

Atontolinado asiente y afirma.

- Sí.

Lo miro. Parpadeo, voy a responder cuando suelta.

- ¿Dónde vas con estas pintas?

Andaaaaaaaaaaaaa mi madre.

Y con chulería y rebabilla respondo.

- De fiesta loca ¿no se ve?.

Ahora el que parpadea es él, oscurece la mirada y dice.

- Sube al coche.

Oy… Oy… Oy… no me agrada su voz, ni su orden, ni su careto y respondo.

- No.

- Que subas —insiste.

Al ver el cabreo en su mirada, su voz y hasta en su cuello por lo tenso que lo tiene replico.

- Eh… Eh… no te confundas que te estoy viendo venir. Aquí la dueña de mi vida, mi cuerpo y mi tiempo soy yo. Y tú no eres nadie para ordenarme que…

- Alicia —me corta—. No me confundo, pero tampoco te confundas tú. Si te vas con el Travolta, olvídate de mí.

Woooooooooo ¿Con que con esas estamos? Cuando es él el imbécil que me invitó a unirme al trío con la doctora Peña. Por lo que lo miro y sonriendo indico.

—Paso de ultimátum guapito. Adiós.

Sin más rodeo, el coche, cruzo la acera y tras darle a Paco un piquito malévolo en los labios, me pongo el casco que me ofrece, me subo a la moto y me voy con él dispuesta a pasarlo bien.

Andayqueleondulenalchulerasdeldoctorrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr.

Cuando llegamos al local me muero de la risa al encontrarme con mis amigos todos disfrazados. Eso es lo que necesito yo ¡divertirme! Entre risas, bailes y brindis disfrutamos de la noche y la fiesta, mientras bailo con Paco y como siempre acabamos ¡liados!

Aissss… lo débil que soy para la carne macizorra.

Paco me gusta, es un tipo estupendo y un excelente AIV. Y sobre todo ¡no tengo que darle explicaciones a nadie! Por lo que me dejo llevar por lo que me apetece y cuando nuestro nivel de calentura ya no puede subir más, a las seis y media de la mañana nos vamos a mi casa a continuar nuestra juerga.

Una vez llegamos a mi cuarto, nos desnudamos, nos besamos, nos tocamos y sin reparos disfrutamos de una estupenda sesión de sexo, donde me siento viva y donde no hay cabida para ningún doctorcito por muy bueno que sea en la cama.

A las nueve de la mañana, Paco, se viste, se va y yo encantada me estiro en mi cama dispuesta a dormirme con una sonrisa de oreja a oreja al pensar en lo bien que me lo he pasado.

Cuando me levanto son las cuatro de la tarde tengo la cabeza como un bombo.

Madre mía… madre mía… cada día me cuesta más reponerme de mis juergas.

Estoy sola en casa, Tina y Bego están en el trabajo y tras pasar por la cocina y calentarme un caldito de cocido en el microondas, me tiro en el sillón. No me apetece hacer nada más. Durante un rato miro la tele y me entero de los últimos cotilleos del corazón.

¿En serio ésta está liada con este, mientras que este está liado con aquel?

Boquiabierta sigo el programa cuando me suena el móvil y al mirar leo Superman.

¿Pero qué narices quiere el pesado del doctorcito ahora?

Durante horas llama en varias ocasiones y al final decido quitarle el sonido al aparatito y olvidándome de él me acurruco en el sofá y me vuelvo a quedar frita.

Al día siguiente cuando llego al hospital estoy de buen humor. Salir de fiesta siempre me reactiva las pilas. Tras saludar a Marieta me dirijo a mi puesto de trabajo y en el control de enfermeras me encuentro con el doctorcito hablando con Luisa.

Como días antes hice, con profesionalidad saludo y después me escabullo dentro de la sala de incubadoras a ver a mis pequeños Guerrerillos. Abstraída estoy leyendo el informe de uno de ellos cuando oigo que la puerta se abre y veo que entra él.

Maldigo. No quiero ni que me hable.

En silencio cada uno mira una incubadora cuando la puerta de la sala se abre y Luisa mirándole dice.

- Doctor Molina, la paciente de la 328 ya está en quirófano preparada.

Veo que asiente, Luisa se va y cuando voy a caminar hacia la puerta para comenzar mi trabajo, este con gesto es serio se interpone en mi camino y dice.

- A partir de hoy Luisa pasa a formar parte de mi equipo y usted del doctor Reverte.

Sorprendida lo miro y murmuro.

—¡¿Qué?!

Víctor me entrega un papel en el que ha solicitado el cambio, se lo han concedido y afirma.

- Aquí el dueño de mi equipo, mi paciente y mi quirófano soy yo. Será una manera de no molestarnos mutuamente.

Parpadeo. Alucino con lo que me ha dicho y mirándole pienso mientras se va.

Mecagoentiyentodatufamiliamalditochulerasrevenío.

Megan Maxwell Megan Maxwell

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