Megan Maxwell y el capítulo 12 de su relato erótico

Los desencuentros entre Alicia y Víctor se acentúan cada vez más. Sin embargo, la gran atracción sigue ahí aunque nuestra querida enfermera tenga a Yago a tiro.

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Estoy en la cafetería del hospital merendando mi pulguita de jamón, mientras escucho a mis compañeras cotorrear.

¡Madrecitacuandoseponensonmatadoras!

El hijo del doctor Reverte es todo un descubrimiento y las tiene enloquecidas.

Sentirme envidiada es raro. Nunca había vivido una situación así y en cierto modo me hace gracia.

Reconozco que Yago, el hijo de Reverte, es un pibón de esos que te dejan sin palabras, ¡joder que es el doble de Matt Bomer! Pero por alguna extraña razón que soy incapaz de entender, cada vez que aparece por el hospital, no sé por qué no puedo dejar de pensar en el maldito doctor Molina.

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¿Pero qué me ocurre?

¿Acaso soy tan tonta que no me doy cuenta de que Yago quiere algo conmigo, mientras el doctorcito lo quiere con todas?

No me entiendo.

Yago es el guaperas con el que sueña media humanidad, pero en mis sueños el prota principal siempre es el doctorcito.

¿Es para matarme o no?

Abstraída estoy en mis pensamientos cuando Marieta pregunta.

- ¿Dónde vais a ir a cenar?

Mis compis me miran. Esperan respuestas y yo que no sé dónde vamos a ir respondo.

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- No sé. No lo hemos hablado.

El revuelo es colosal. Silvia y Lorena me dan nombres de restaurantes íntimos y maravillosos a los que asistir y al final, algo agobiada respondo.

- Vale… vale… tomo nota. Tranquilas.

Sonríen cuando entra la doctora Peña en la cafetería y al vernos se acerca y pregunta.

- ¿Esta noche cenas con Yago verdad?

Pero vamos a verrrrrrrrrrrr.

¡Ni que fuéramos la última pareja que sale a cenar en la Tierra!

La doctora Peña se sienta junto a Marieta y comienza a cuchichear junto a las demás y yo al escuchar sus graciosos comentarios no puedo parar de reír.

Minutos después aparece el doctorcito Molina en la cafetería y la doctora Peña al verlo lo llama. Víctor se acerca y Peña sin cortarse un pimiento pregunta.

- ¿Cómo se llamaba el restaurante hindú ese tan chulo al que fuimos?

Todas se miran. La doctora les acaba de dar madera para quemar los próximos días y Víctor molesto por aquello responde alejándose hacia la barra.

- Se llama Naisha.

Peña asiente, sonríe y mirándome añade.

- Naisha, es un hotel restaurante y sus habitaciones temáticas son increíbles. ¡Te lo recomiendo!

Asiento. Entiendo su guiño de ojo y sonrío y cuando Peña se levanta y se va junto a Víctor, Marieta cuchichea.

- Bueno… bueno… ¡confirmado lo de Peña y Molina!

- Y yo que no me lo creía —murmura Silvia.

- ¿Tú lo sabías? —me pregunta Lorena al ver mi gesto.

Yo consciente de que paso de movidas, niego con la cabeza y me hago la sueca ¡es lo mejor!

Dos horas después, tras haber ayudado al doctor Reverte en una cesárea gemelar, una vez llego al control de enfermeras, Luisa entregándome un papelito dice.

- Ha llamado Yago. ¡Qué simpático! —sonrío—. Dice que lo llames a este teléfono.

Sin dudarlo saco mi móvil del bolsillo y marco. Dos timbrazos y cuando oigo la varonil voz de aquel saludo.

- Hola, soy Alicia.

- Hola preciosa, esperaba tu llamada.

Encantada sonrío y me enfrasco en una conversación con aquel. Hablamos del tiempo, de restaurantes y de todo lo que se nos antoja. Yago es un encanto, cuando Víctor aparece por el control de enfermeras y se sienta a mi lado. Boquiabierta lo miro y tapando el auricular pregunto.

- ¿Quiere algo doctor Molina?

Con chulería aquel me mira, mueve la cabeza y responde.

- Estoy esperando a Luisa ¿Molesto?

Incrédula indico.

- Estoy hablando por teléfono.

Víctor se encoge de hombros y abriendo un libro que se saca del bolsillo de la bata dice.

- Por mí no hay problemas. Puedes continuar.

Durante varios minutos continúo mi charla con Yago y quedamos en que lo llevo al restaurante hindú que me ha comentado Peña, pero mi tranquilidad se ha esfumado. Ya no soy capaz de reír y bromear con aquel, estando el otro con la oreja puesta y digo.

- He de dejarte Yago. A las nueve nos vemos. Un besito.

Dicho ésto cuelgo el teléfono y me levanto. Estoy incómoda y mirando a aquel que lee tan pancho a mi lado pregunto.

- ¿Doctor Molina va a estar usted aquí?

Víctor me mira y pregunta.

- ¿Por?

Deseosa de alejarme de aquel, cojo un papel que hay sobre la mesa e indicó.

- He de bajar a farmacia a por ciertas cosas y…

- Ve… yo estaré aquí.

Sin tiempo que perder, no sea que cambie de opinión, me doy la vuelta y me piro. Al llegar a farmacia está cerrada, pero siguiendo las instrucciones que pone en el papel que hay pegado en la puerta, consigo la llave y entro en farmacia para coger lo que necesito.

Buscando leche en polvo para neonatos estoy cuando escucho decir a mis espaldas.

- Alicia…

Sobresaltada me doy la vuelta y llevándome la mano al corazón, al ver a Víctor allí murmuro.

- Por Dios… ¡qué susto me ha dado doctor!

Víctor no se mueve. Yo tampoco, cuando aquel dice.

- ¿En serio vas a cenar esta noche con Yago?

Incrédula lo miro y afirmo.

- Sí. Y si no le importa. Prefiero no hablar de mi vida privada.

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- Alicia…

- Doctor Molina —lo corto—. Preferiría que guardara las distancias —y al ver su sonrisita añado bajando la voz—. Es mejor que se tutee con las personas que practique tríos o cuartetos.

Dándome la vuelta prosigo mi búsqueda de leche en polvo, cuando siento que sus manos agarran mi cintura, me da la vuelta y siseo.

- O me sueltas o…

Pero no puedo decir más. Víctor aprisiona mi cuerpo entre la estantería y su cuerpo y me besa.

Durante unos segundos me siento perdida, drogada ¡atontada! Hasta que nuestros cuerpos se acoplan a la perfección e incapaz de cortar aquel beso, lo potencio.

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Un beso…

Dos…

Tres…

Ay Diossssssssss ¡quemegustaquemegustayquemegustaaaaaaaaaaaaaaa!

Lo deseo… me desea y cuando mis manos vuelan al cinturón de su pantalón, me paro, lo empujo y gruño.

- ¡Se puede saber qué narices quieres!

Víctor sonríe, se acerca de nuevo a mí, vuelve a pasar su boca por la mía y murmura.

- Quiero lo mismo que tú.

Me besa. No lo rechazo.

Ay Diosssssssssssssssss ¡quenopuedonopuedonopuedooooooooooooooooo!

Disfruto de aquel sórdido y caliente beso y cuando nos separamos oigo que dice.

- Anula la cita y cena conmigo. Yo te llevare al hindú.

Wooooooooooooooo ¡ni en el mejor de mis sueños imaginé al doctorcito encelado!

Sentir que de pronto soy importante para aquel me hace gracia y mirándolo pregunto.

- ¿Qué tal si cenamos mañana?

Víctor niega. No quiere e insiste.

- No. Cenamos hoy.

Eso me hace gracia. Dejo que me bese de nuevo y cuando el beso acaba, respondo.

- Lo siento pero hoy tengo una cita.

- Lo sé. ¡Anúlala!

- No puedo.

- ¡Puedes! —insiste aquel.

Nos miramos…

Nos tentamos…

Y entonces su chulería y arrogancia pueden conmigo y respondo.

- No. No voy a anularla. Si quieres cenar conmigo lo harás mañana. Hoy tengo una cita con Yago y no pienso anularla ni por ti, ni por nadie.

Dicho esto ¡estoy por aplaudirme! ¿Pero quién se cree ese tío para ordenarme a mí?

Con gesto serio asiente. No le ha gustado lo que ha escuchado cuando dice.

- Mañana no ¡hoy!

Niego con la cabeza. A cabezota no me gana ni Dios y encogiéndome de hombros respondo.

- Pues mala suerte, otra vez será.

Dicho esto, cojo dos botes de leche en polvo que necesito para mis bebés y mirándole, le guiño un ojo con chulería y afirmo sonriendo.

- ¡Los encontré!

El resto de la tarde, cada vez que se cruza conmigo me mira con un gesto que uf… ¡me pone a cien! Pero no… no… no… no pienso claudicar.

¡Andayqueleondulenconlapermanenypasuavizarlequeledenconcrem!

Esa tarde cuando termino mi turno estoy dispuesta a pasármelo de lujo con Yago.

Antes de salir del hospital, curiosamente me vuelvo a cruzar con el doctorcito. Misma mirada. Mismo levantamiento de ceja y misma indiferencia por mi parte. ¡Eso me sale de fábula!

Cuando salgo del hospital allí está Yago y su preciosa sonrisa. Encantada me acerco a él, le doy dos besos y segura de mí misma y olvidándome del moreno que dentro del hospital tiene las pulsaciones a mil, digo.

- Vamos… te voy a llevar a un restaurante hindú, que me han dicho que es una pasada.

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