Megan Maxwell y el capítulo 13 de su relato erótico

La cita de Alicia con Yago tiene al hospital revolucionado. Tanto que Víctor está algo desconcertado y sigue en su empeño en tener algo con nuestra enfermera favorita.

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Madre mía… madre mía.

El restaurante no puede ser más hortera y optamos por cenar en uno de los reservados que están separados por cortinas color canela.

La estancia parece el saloncito de un palacio hindú o mejor, el decorado de una película bollywoodiense.

Es más, en cualquier momento espero que salgan los guapos morenazos de las pelis vestidos con sus trajes de vivos colores y nos bailen una cancioncita moviendo sus cuellos y sus manos a lo ¡aserejé!

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Yago, al ser piloto comercial ha viajado más que yo y por suerte ha estado en la India y conoce su gastronomía. Me explica los distintos platos que en la carta pone y al final nos decidimos por pedir entre otras cosas, algo llamado pakoras y pollo al yogur con jengibre y limón.

¡Pinta bien!

Diez minutos después cuando lo traen, aquello tiene una pinta estupenda y comenzamos a comer cuando dice.

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- Cuéntame algo de ti.

Tras masticar el trocito de pollo al yogur, que todo sea dicho está de muerte, lo miro y pregunto.

- ¿Y qué quieres que te cuente?

Yago sonríe.

Yo también.

No sé qué contarle cuando de pronto pregunta.

- ¿Sales con alguien?

Aquella pregunta directa me hace gracia y sin apartar mi mirada de él indico.

- Salgo con amigos. Un ejemplo tangible, esta noche estoy cenando contigo y…

- ¿Alguno especial?

Sonrío.

Él no.

Pienso en Paco. Mi Pacorro es un amigo con derecho a roce pero poco más e irremediablemente pienso en el doctorcito. Ese ni es amigo, ni es nada pero pensar en él me turba, me pone nerviosa y quitándomelo de la cabeza respondo.

- No.

Yago sonríe.

Yo también y mirándome pregunta.

- ¿Entonces puedo besarte?

Ay… Ay… Ay… qué monooooooooooo ¿y me pregunta y todoooooooo?

Me entra la risa, cuando soy consciente de que el puñetero doctorcito está en mi pensamiento y hasta incluso mi nariz parece olerle.

¿Pero me estaré volviendo loca?

Yago no me quita ojo. Espera contestación y yo nerviosa porque Víctor este presente sin yo quererlo, acerco mis labios a los de aquel pedazo de hombretón, le doy un dulce beso en los labios y cuando me separo murmuro.

- Beso con sabor a pollo con jengibre ¿Qué te parece?

Yago sonríe, asiente y con una mirada que hace que Víctor desaparezca de mi mente de un plumazo, en un tono bajo de voz susurra.

- Sabroso, excitante y tentador.

Ay… Ay… Ay…

¡Ayloquemehadichooooooooooooooooooo!

¡Aycomomeponeeeeeeeeeeeeeeesumiradaaaaaaaa!

¡Ayquemevuelvolocalocalocaaaaaaaaaaa!

Me entran los calores de la muerte.

Yago sí que es sabroso, excitante y tentador y por cómo me mira, siento que es un tsunami en la cama.

¡Madrecita!

Acalorada estoy, cuando Yago que ya se ha lanzado besándome el cuello susurra.

- He visto que el restaurante al que me has traído también es hotel ¿indirecta o simple casualidad?

¡Wooooooooooooooooooquemedaaaaaaaaaa!

Sonrío…

¡Uf qué calor lo que me estoy imaginando!

Y sacando esa vena sensual y descarada de la que soy dueña y me gusta disfrutar, respondo.

- En ocasiones las casualidades son simples directas.

¡Toma yaaaaaaaaaaaaaaaaaaa lo que he soltado!

Yago asiente, me mira y sonríe.

¡Qué bribón!

Está más que claro que ambos jugamos en la misma liga y tras darme un beso que me hace temblar hasta el esmalte de las uñas de los pies, levantándose dice.

- Dame dos segundos y la cena la terminamos en una habitación.

Le doy dos, cuatro, diez ¡los que pida! Y antes de que salga del reservado, le miro el trasero con descaro.

Por Dios… por Dios… lo tiene que tener duro como una piedra y bebiendo de mi copa de vino murmuro acalorada cuando él desaparece.

- Eso es nene, alégrame la vista y en cinco minutos el cuerpo.

Sonriendo estoy por lo que he dicho y por lo que sé que va a pasar, cuando de pronto oigo detrás de mí.

- No me lo puedo creer.

Esa voz…

Rápidamente me voy la vuelta, retiro la cortina color canela que nos separa del reservado de detrás y al ver a Víctor incrédula voy a hablar cuando este enfadado sisea.

- ¿Que te alegre la vista y el cuerpo? Oh por favorrrrrrrrrr…

Incrédula lo miró. No estoy loca. Mi nariz lo que olía era su colonia cuando insiste.

- ¿En serio te vas a acostar con ese tipo?

Alucinada y sorprendida, me levanto y retirando totalmente la tela canela, me planto ante aquel que cena solo en el reservado de al lado y pregunto.

- ¿Pero qué narices haces tú aquí?

Víctor se levanta.

Uf… qué guapo está con esa camisa blanca.

Su gesto me hace ver su enfado y sin moverse cuchichea.

- ¿En serio prefieres a ese tipo antes que a mí?

Sonrío. No lo puedo remediar y sin contener mi lado viborilla cuchicheo.

- Ese tipo está buenísimo.

- ¡Por el amor de Dios! —protesta.

Me río.

Él no.

Víctor se toca el cabello. Se lo mesa. Piensa una respuesta porque creo que lo he desconcertado y al final dice mirándome.

- Antes de que Reverte te presentara a su hijo, tú estabas conmigo.

- ¡Y una chorra!

- ¡¿Y una chorra?! —pregunta ojiplatico.

Asiento y sin filtros respondo.

- Mira guapito. Hay una diferencia muy grande entre estar contigo y divertirme contigo. Y sí, nos acostamos, pero eso se acabó cuando…

- Peña no significa nada para mí, pero tú...

Bueno… bueno… bueno… ¡hasta aquí hemos llegado!

Y molesta por la mentira que va a soltar, siseo.

- No pretendo significar nada para ti. Es más, yo decido quién me alegra la vista y con quién disfruto de eso llamado ¡sexo! ¿Te queda claro?

Víctor me mira.

Abre la boca como para decir algo, pero no le sale nada.

Sin duda está totalmente desconcertado, cuando con brío me doy la vuelta para regresar a mi parte del reservado, con la mala suerte de que se me engancha un tacón en la maldita cortina color canela y ¡Zaparrás! Me espanzurro toda lo larga que soy en el suelo.

¡Joderrrrrrrrrrrrrrrrrrr!

El batacazo que me doy es colosal. Creo que ha temblado todo el restaurante.

¡Ay qué golpetazo me he dado en la cabeza con la pata de la mesa!

Víctor acude en mi ayuda y tirada en el suelo estoy cuando preocupado pregunta.

- ¿Estás bien? ¿Te has hecho daño en algún sitio?

Desorientada por el golpe, me toco la frente y presiento que me va a salir un chichón antológico cuando de pronto, Yago aparece en el reservado y sin decir nada se acerca hasta nosotros y entre él y Víctor me levantan con cuidado.

- Me mareo…

El golpe ha alertado a más gente en el restaurante y de pronto el reservado parece el metro en hora punta. Unos entran, otros salen y alguien grita.

- ¡Un médico! ¡Un médico!

- Tranquilos. Yo soy médico —oigo la voz de Víctor a mi lado.

Siento que alguien me coge entre sus brazos y por su olor rápidamente identifico que se trata del doctorcito ¡Qué bien huele el jodío! Cuando lo último que oigo antes de perder totalmente la consciencia es la voz de Yago que dice:

- Llevémosla a la habitación y...

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