Megan Maxwell y el capítulo 16 de su relato erótico

​Alicia baja la guardia y al final, termina cediendo a los deseos de Víctor, pero ¿le dará lo que él más desea?

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Cuando llegamos ante la verja de su casa me sudan las manos.

Madremíaquénerviosaestoyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy.

Una vez traspasamos la verja y aparca el coche, el corazón me late con fuerza cuando veo a la perrita y los cachorritos correr hacia el coche.

Madremíacuantohancrecidoooooooooooooooooooo.

Encantada abro la puerta del coche y lo saludo. La perrita está preciosa. Me reconoce y salta feliz chupándome las manos mientras los cachorros corretean alocados a nuestro alrededor.

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Una vez terminamos de saludarlos, Víctor y yo entramos en su casa y, cuando cierra la puerta, mirándome dice.

- Con el buen tiempo los tengo en el jardín. Mejor que hagan pipí y popó allí que encima del sofá. Me tenían esto como un campo de minas.

Eso me hace gracia, sonrío mientras las luces del pasillo se encienden a nuestro paso y llegamos al salón.

Una vez allí, me quedo parada como un pasmarote, cuando Víctor dice:

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- Haremos palomitas ¿te parece?

- ¡Genial!

En silencio lo sigo a la cocina y tras sacar de un mueble las mencionadas, las mete en el microondas y tres minutos después yo las echo sobre un bol que él me ha dado.

Una vez saca unas cervezas del frigorífico y tenemos las palomitas hechas, Víctor me mira y con una sonrisa que me encanta, indica.

- Ahora solo falta que nos sentemos a ver la película.

Sin rechistar asiento, regresamos al salón y este dice sentándose en su confortable sillón.

- Si quieres quitarte los zapatos puedes hacerlo.

- No, gracias.

Víctor asiente, sonríe, se recuesta en el sillón y una vez me siento a su lado mirándome, dice.

- Ni te imaginas la ilusión que me hace que estés aquí conmigo.

Woooooooooooooooo ¡cómo me miraaaaaaaaaaaaaaa!

Si algo me gusta de Víctor son sus miradas. Tiene el tipo de mirada que habla por sí sola y eso me encanta. Me gusta mucho y más cuando en un momento como aquel su mirada me dice que está como loco por besarme.

Nuestras miradas siguen conectadas.

Lo deseo. Me desea.

Y cuando siento que me va a dar uno de sus maravillosos besos, de pronto se vuelve a echar en el sillón y desconcertándome dice.

- He de cumplir mi promesa. Te prometí que no me propasaría contigo lo más mínimo y veríamos solo la película.

Bueno… Bueno… Buenooooooo ¿pero lo dice en serio?

Perosiyoquiroquesepropaseeeeeeeeeeeeeeeee.

Y sin darme opción a decir nada pregunta obviando mi gesto de alucine.

- ¿Preparada para la peli?

Asiento, la pone y aunque reconozco que al principio estoy algo desconcertada, la película poco a poco me abduce y comienzo a disfrutarla como él.

¡Qué maravilla de película y qué buena banda sonora!

Mientras comemos palomitas y bebemos cerveza, reímos y nos emocionamos con ciertos momentos de la película y cuchicheando los comentamos. En un momento dado, hasta me quito los zapatos y me recuesto como lo está él en el sillón. Sin duda recostada y sin zapatos la película se ve mucho mejor.

Disfrutando estoy de le película cuando de pronto un ruidito llama mi atención y al mirarlo veo que se ha quedado dormido.

¡Ay pobre!

Tiene que estar agotado, pues la noche anterior con lo de su abuela sé que no durmió.

Con una sonrisa lo observo dormir y pienso en hacerle alguna perrería, pero al final desisto. No, no creo que sea buena idea, por lo que le dejo que siga durmiendo, mientras yo me centro en la película, pero el estar callada y recostada hace que me relaje tanto que sienta ganas de dormir como él.

Me resisto. ¡No puedo dormirme!

Pero una vez termina la película, en los créditos, me permito el lujo de cerrar cinco segundos los ojos y ohhhhh… ¡que gustito!

No sé cuánto tiempo pasa, pero por el sabor de mi boca, sé que me he quedado frita y abriendo los ojos asustada observo que Víctor sigue a mi lado dormido. Sin moverme suspiro cuando le escucho murmurar.

- Me alegra no haber sido el único que se ha dormido.

Al escucharlo sonrío y pregunta.

- ¿Viste la película entera?

- Sí.

- ¿Te gustó?

- Mucho —afirmo.

Él sonríe. Parpadeo y sin contener mis apetencias, me acerco a él, le doy un ligero beso en los labios y cuando voy a decir algo él pregunta.

- ¿Por qué me tientas?

Divertida vuelvo a sonreír. El pobre tiene razón ¿Qué hago tentándole? Y segura de mí misma respondo.

- Anda, vete a la cama y duerme. Yo me iré. Estás agotado.

Voy a levantarme del sillón cuando él me agarra la mano. Nos miramos. Nos tentamos cuando él pregunta.

- ¿Qué tienes con Yago?

Aiss… Yago… Yago… Yago…

Y tras ser consciente de que con aquel adonis de cara perfecta y cuerpo hercúleo no tengo más que una bonita amistad por mi parte respondo.

- No tengo nada.

- ¿Y conmigo?

Woooooooooooooooooooo ¡lo que me ha preguntado!

A este el sueñecito le ha dado fuerzas y como ve que no respondo insiste.

- ¿Qué tienes conmigo?

Aún sujeta por su mano finalmente indico.

- Contigo tengo menos que nada.

Según digo eso, Víctor se incorpora en el sillón. Con su mano libre se echa el pelo hacia atrás y mirándome a los ojos susurra.

- Me gustas Alicia ¿todavía no te has dado cuenta?

Woooooooooooooo

Wooooooooooooooo

Wooooooooooooooo ¡lo que me entra por el cuerpo!

Quiero levantarme del sillón pero no puedo.

Mis puñeteras piernas me tiemblan por lo escuchado, cuando él me acerca a su cuerpo y tras besarme como si no hubiera un mañana me dice.

- Sé que te gusto tanto como tú me gustas a mí, pero también sé que no te fías de mí y necesito que eso cambie. Alicia, me… me muero de celos cada vez que sé que sales con Yago y…

- ¿Pero qué dices? —lo corto y sin darle opción a hablar siseo—. Tú estás con Peña y a saber con cuantas más y a mí eso de los tríos y tal no me va porque…

No puedo hablar.

Su boca interrumpe mis palabras para besarme y Diossssssssssssssss ¡me dejo llevar por el beso! Y una vez acaba mirándome a los ojos cuchichea.

- Peña y yo no somos nada, y en cuanto a lo de los tríos he de…

Ahora soy yo quien lo besa. Me lanzo como una tigresa bengalesa y lo beso… lo beso y lo beso y cuando el beso acaba, ambos jadeamos bastante alterados, cuando Víctor murmura.

- Pasa la noche conmigo… por favor.

Ay ¡qué hago!... ¡¿Qué hago?!

…Continuará

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