Megan Maxwell y el capítulo 17 de su relato erótico

Tras aceptar ir a casa de Víctor, Alicia y el doctor se quedan dormidos viendo una película, pero lo que pasa a continuación te dejará sin palabras. Coge aire y un vaso de agua muy fría.

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Me pregunto mil veces ¿qué hago?

¿Me voy? ¿Me quedo?

Pero mi mente, mi cuerpo y mi morbo ya sabe lo que desea.

Víctor me mira.

¡Por favorrrrrrrrrrrrr que mirada tiene!

No quiere decidir por mí y, veo en su mirada que desea que sea yo quien tome la decisión de lo que va a ocurrir a partir de ese momento entre nosotros y la tomo ¡vaya si la tomo!

Lo beso… Lo beso… lo beso…

Y cuando mis besos no pueden ser más calientes y entregados, lo miro a los ojos y murmuro.

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- Desnúdame.

Woooomamacitalindaquélanzadaestoyyyyyyyyyyyy.

Víctor sonríe.

¡Qué canalla más guapo!

Pero no pierde el tiempo no sea que yo vaya a cambiar de opinión, y una vez solo llevo puesto el tanga, lo paro y susurro.

- Ahora yo.

Y con más morbo que vergüenza lo desnudo. Lo disfruto. Soy su dueña.

Cuando solo estamos vestidos él con el bóxer y yo con el tanga, estamos agitados, tremendamente agitados y levantándome del sillón, hago que se levante y mirándolo cuchicheo.

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- Vayamos a tu habitación.

Sin dudarlo vamos, mientras el pasillo se enciende y apaga a nuestro paso y cuando traspasamos la puerta de la habitación, me doy la vuelta para mirarlo y digo.

- Eso que dijiste de los tríos…

- Es mentira —me corta—. No es algo que me interese.

Boquiabierta la miro y él aclara.

- Solo lo hice con Peña un par de veces porque a ella le gusta ese tema —y pasando sus manos por mi cintura murmura—. Si algo tengo claro es que no me gusta compartir lo mío y si con ella lo hice, fue porque entre ella y yo solo hay sexo.

Uffffflonerviosaquemeponeaquellarevelaciónnnnnnnnnnnnnnn.

Y antes de que yo diga algo, él añade.

- A ti nunca te compartiría.

Sorprendida cuchicheo.

- Eso se lo dirás a todas.

Víctor sonríe, clava sus dedos en mi cintura y acercándome más a él murmura sobre mi boca.

- Esto solo te lo digo a ti.

Mamacitalindaaaaaaaaaaaaaquémorbomedasaberqueamínomecompartiríaaaaaaaaaaaaaa.

Sin hablar más lo beso. Lo deseo. Me lo como.

Nuestro deseo sube de intensidad y mientras me aprieta contra su cuerpo siento como su erección se me clava a través de su bóxer.

¡Qué morbazo!

Pienso en Yago. Él es muy guapo, muy interesante, pero Víctor es mi debilidad.

¡Mi gran debilidad!

Mientras nos besamos, llevo mi mano hasta su erección y la paso por encima.

¡Wooooooooooooooestoesaceroparalosbarcossssssssssss!

Él está duro como una piedra y yo estoy tan ansiosa que no deseo preliminares.

No, ahora no… por lo que sacando mi parte de chica mala y exigente digo.

- Quítate el bóxer y ponte un preservativo.

Obedientemente, se quita una cosa y se pone la otra, mientras me mira con esa mirada que me vuelve loca y siento como se me reseca hasta el higadillo del calor que me provoca.

¡Mamacitalindaloquetieneestechicoentrelaspiernas!

Pero sin querer recrearme, sino más bien disfrutarlo, lo empujo. Lo hago caer sobre la cama y sin perder el tiempo, no sea que aquello se haga más chico, me quito el tanga y como una tigresa bengalesa, me siento a horcajadas sobre él.

Mirándole a los ojos y con una calentura de mil demonios me dejo caer lentamente sobre su duro pene.

¡Oh diosssssssssssssssssssssssss qué placerrrrrrrrrrrrrrrrrrrr!

Su erección entra en mí, mientras siento como me abro para él y disfruto… disfruto y disfruto.

Víctor excitado me mira, me agarra por la cintura y cuando yo comienzo a oscilar mis caderas un jadeo sale de su boca y sonrío mientras murmuro.

- Eso es… hazme saber cuánto te gusta cómo me muevo.

Mis palabras le encienden, lo enloquecen y mientras yo busco mi placer y le doy a él el suyo, Víctor se abandona a mí y yo disfruto de esa posesión.

Durante varios minutos soy la dueña y señora de la situación, del control, de sus gemidos, de su cuerpo, hasta que de pronto, sus manos se anclan con fuerza en mi cintura y mirándome a los ojos susurra.

- Ahora déjame a mí.

Y lo dejo ¡vaya si lo dejo!

Y ahora soy yo la que gime y jadea mientras él me mueve y es el dueño y señor del momento, de mi cuerpo y la situación.

Sexo bueno…

Sexo divertido…

Sexo consentido…

Ambos sabemos lo que queremos, lo que nos gusta, lo que deseamos, y una vez el clímax nos llega y vibramos enloquecidos, cuando quedo sentada sobre él, Víctor me abraza y murmura.

- No te voy a dejar salir de esta habitación en la vida.

Eso me hace gracia, lo miro y ambos reímos para segundos después, pasar al baño donde de nuevo nos volvemos a hacer el amor con exigencia y delirio.

A las cinco de la mañana, tras más de cinco asaltos en los que quedamos empatados, estamos tirados sobre la cama, desnudos, jadeantes mirando el techo cuando murmura.

- ¿Puedo preguntarte algo?

Asiento, lo miro y dice.

- ¿Volverás a quedar con Yago tras esto?

Aquella pregunta me pilla desprevenida. Yago es un amigo e intentando ser justa con los dos pregunto.

- ¿Haría mal si lo hiciera?

Víctor suspira, veo que resopla y finalmente murmura.

- No lo sé. Dímelo tú.

Con una sonrisa me pongo de lado, echo mi pierna por encima de la suya, y tras dar un beso a aquel rostro que tanto me gusta, murmuro.

- Si crees que voy a hacer con él lo que he hecho contigo, olvídalo. Yago es un amigo y creo que se merece un respeto ¿o acaso tú vas a dejar de hablar a Peña?

Víctor me mira. Procesa lo que he dicho e indica.

- Tú y yo tenemos algo especial ¿verdad?

Uf… no sé qué responder. Desde luego sexo tenemos cuando él añade.

- Quiero que seas algo más que una compañera de trabajo y algo más que una mujer que se acuesta conmigo.

Woooo… los calores que me están entrando. No respondo. No puedo, cuando Víctor moviéndose termina colocándose sobre mí y pregunta.

- ¿Querrías ser mi chica a vista de todos?

¡¿Queeeeeeeeeeeeee?!

¡Aymamacitalindaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!

Mi cara de descomposición debe ser tal que aquel insiste.

- La palabra novia nunca me gustó, pero…

-¿Pero qué estás diciendo? —consigo decir acalorada.

Víctor sonríe, aprieta sus caderas contra las mías e insiste.

- Di que eres mi chica…

- Víctor…

- Vamos… dilo.

Un beso… dos… cuatro… y cuando la excitación toma mi cuerpo y su erección hacen que me tiemblen las piernas digo.

- Solo seré tu chica si tú eres mi chico.

- Lo soy —afirma rápidamente.

El placer por cómo me toca puede conmigo y tras un último y morboso beso murmuro.

-Soy tu chica.

A partir de mis palabras todo se vuelve loco, caliente y posesivo y cuando aquel loco asalto termina me pregunto…

¿Qué tornillo hemos perdido?

Continuará...

Megan Maxwell Megan Maxwell

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