Megan Maxwell y el capítulo 18 de su relato erótico

La relación de Víctor y Alicia va viento en popa... pero el doctorcito le tiene preparada una sorpresa a su enfermera favorita que no sabemos cómo terminará.

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Los días pasan y lo que tengo con el doctorcito se hace más y más fuerte.

De momento lo mantenemos en silencio.

Solo es algo de él y mío y reconozco que me divierto.

Verlo furtivamente y besarnos en el hospital cuando nadie nos ve, es tremendamente excitante, aunque cuando escucho a alguna de mis compañeras hablar de él, lo excitante se desvanece para aparecer unos celos incontrolables.

Con Yago la situación se vuelve complicada. Él quiere quedar conmigo y yo le doy largas hasta que finalmente se presenta en el hospital en la hora del desayuno y no lo puedo obviar.

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Es más, cuando lo veo, se me revuelve el estómago, pero entiendo su reacción. No me estoy portando bien con él y sé que se merece una explicación.

Dispuesta a dársela, decido no desayunar en el hospital y salir con él al exterior. Lo que tenemos que hablar es algo nuestro y nadie más tiene porque enterarse, pero cuando voy a salir, me cruzo con Víctor que al ver con quien voy acompañada me taladra con la mirada.

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Cuando Yago y yo llegamos la a cafetería nos pedimos dos cafés. Siento la tensión que hay entre los dos y cuando nos sentamos y nos miramos sin dudarlo digo.

- Estoy saliendo con otro. Tú eres un hombre impresionante, pero esa otra persona me gusta desde antes de conocerte a ti. Y lo siento… lo siento… pero…

No puedo decir más.

Yago me tapa la boca con su mano y sin perder su bonita sonrisa murmura.

- No me des más explicaciones, Alicia. Somos adultos y decidimos con quien estar.

Asiento. Me gusta que se tome la noticia con tan buenos modos cuando pregunta.

- ¿Amigos podremos ser verdad?

Por favor… pero si es que más rico no puede ser este hombre y con una sonrisa afirmo.

- Por supuesto.

Yago sonríe. Me sorprende lo bien que se ha tomado aquello cuando dice.

- Eso sí, a mi padre le has dado el disgusto del siglo.

Ambos reímos por aquello y nos terminamos de tomar el café.

Aclarado todo me acompaña hasta la puerta del hospital. Allí nos damos un abrazo cariñoso y cuando me doy la vuelta para entrar, me encuentro con Víctor que se aleja a grandes zancadas. Sin lugar a dudas me estaba esperando.

¿Estará enfadado?

Durante la mañana atiendo con el doctor Reverte a varias parturientas y este no me comenta nada sobre su hijo, hasta que terminamos con la última y mirándome dice.

- Aunque mi hijo diga que entre vosotros no existe nada, quiero que sepas que la esperanza es lo último que se pierde.

Al escucharle aquello sonrío. El doctor Reverte es un cachondo y me bajo a planta. Seguro que me necesitan.

Una vez estoy en el puesto de enfermeras preparando algunas medicaciones, veo a Víctor entrar en la sala de incubadoras con gesto serio.

Rápidamente al no ver a nadie cerca, dejo los medicamentos y entro en la sala donde él ha entrado y acercándome a él, voy a decir algo cuando éste pregunta.

- ¿A qué ha venido lo de Yago?

Al entenderlo, le cojo del brazo, le llevo hasta una zona donde nadie nos puede ver y acorralándolo contra una estantería indico.

- Tenía que hablar con él y aclarar las cosas

Nos miramos… uf… como nos miramos y cuando no puedo más, acerco mi boca a la suya y sin rozarle susurro.

- Solo quiero estar contigo… idiota.

El gesto de aquel se relaja y rápidamente veo como sus ojos sonríen. Me encanta la sonrisa de su mirada cuando le doy un beso al que él responde sin dudarlo y cuando finalizamos murmura.

- Estaba celoso.

—Tú lo has dicho, estabas ¡pero eso ya se acabó! Los celos no son buenos cielo.

Víctor asiente…

Yo asiento…

Y nos volvemos besar.

Hummmmquébesosmássabrososeincreiblesquemedaaaaaaaaaaaaaaaaaa

Consciente de que no podemos seguir haciendo lo que hacemos en nuestro lugar de trabajo, nos separamos cuando dice.

- ¿Qué tienes que hacer esta noche?

- Quedar contigo —afirmo encantada.

Víctor sonríe ¡que bribón! e indica.

- ¿Qué te parece si paso a buscarte sobre las nueve y vamos a cenar?

- ¡Perfecto!

Dicho esto nos separamos y seguimos trabajando.

Esa noche cuando me viene a buscar encantados nos besamos. Divertidos vamos hablando en el coche hasta que de pronto veo que entra en una zona residencial y pregunto.

- ¿Dónde vamos?

Víctor me mira.

Uy… Uy… esa carita de no haber roto un plato e insisto.

- ¿Dónde vamos?

Tras un silencio que no entiendo finalmente dice.

- Mi abuela ha organizado una cena por su mejoría y…

- ¡¿Qué?!

Víctor sonríe e indica.

- Tranquila. El tiranoxaurio Rex ya está advertido de tu presencia.

Boquiabierta lo miro.

¿Que voy a casa de su abuela?

¿Que su padre sabe que voy?

Me da… me da… ¡Uf que calor!.

- Respira Alicia. Solo es una cena.

Asiento. Sin duda es solo una cena, pero añado.

- Pero con tu familia.

Vuelve a sonreír ¡me cago en su padre, en su madre y en toda su familia!

Una verja se abre y ante nosotros aparece un casoplón que si mi madre lo viera ¡le daba algo!

¡Ay qué nervios!

¿Pero qué hago yo allí?

Cuando llegamos a la puerta del casoplón para el coche y un hombre al que Víctor llama Raúl sale a nuestro encuentro y tras abrirme la puerta saluda.

- Buenas noches señores.

¡¿Señores?!

Con una sonrisa miro a aquel que tras coger las llaves del coche que Víctor le entrega, se monta en el vehículo y se lo lleva. Incrédula lo estoy mirando cuando Víctor me agarra de la mano y pregunta.

- ¿Preparada?

No puedo responder.

¿Pero qué hago yo allí?

Y cuando estoy a punto de salir corriendo con más ritmo que Usain Bolt, escucho la voz de mi jefazo decir.

- Hola hijo. Hola Alicia.

Al volverme me encuentro con la oscura mirada del Tiranosaurio Rex y rápidamente me doy cuenta de que está tan confundido como yo por verme allí.

Continuará...

Megan Maxwell Megan Maxwell

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