Megan Maxwell y el capítulo 21 de su relato erótico

Alicia se va a encontrar con dos noticias: una regular y una buena, ¿a qué esperas para descubrirlas?​

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Y sigo en una nube.

Tras lo ocurrido en el ascensor con el Tiranosaurio Rex y la embarazada, su concepto por mí ha cambiado. Ahora es amable y encantador conmigo y yo se lo agradezco de mil amores, especialmente porque veo a Víctor relajado y feliz.

Hemos ido un par de veces a comer con la abuela, el padre y la madrastra y todo ha funcionado como la seda. Está visto que cuando todos ponemos de nuestra parte si se quiere ¡se puede!

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Pensando en ello estoy mientras relleno unos papeles en el control de enfermeras cuando oigo.

- Hola preciosa.

Sin mirar ya sé que es él. Su voz. Esa voz que me encanta y mirándole saludo.

- Hola doctorcito.

Ambos sonreímos pero no nos tocamos. En el trabajo intentamos seguir siendo los profesionales que siempre hemos sido, aunque de vez en cuando se nos olvida.

Mirándonos estamos con una sonrisa cuando Víctor murmura.

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- He de decirte algo que…

Pero yo ya lo sé. En el hospital, las noticias vuelan como la wifi e indico.

- Tienes que marcharte en unas horas para Bruselas.

Boquiabierto me mira. Le sorprende que lo sepa y cuchicheo.

- No voy a decirte quien me lo ha dicho. Pero sé que a ese congreso tenía que ir el doctor Martínez, pero a última hora por un problema familiar no puede asistir y tienes que ir tú. Ah… y tu vuelo sale a las seis.

Víctor sonríe incrédulo. Yo también, e indica.

- No has dicho que regresaré en seis días.

Asiento. Me joroba mucho que se tenga que ir, pero afirmo.

- Aquí estaré cuando regreses.

Nos seguimos mirando. Uf… ¡cómo nos miramos!

Mamacitalindamieditomeestadandoelmomentoooooo.AyAy¡queperdemoslacordura!

Y necesitada de despedirme de él, le hago una seña y entramos en la parte de atrás de control de enfermeras. Una vez allí, sin necesidad de hablar nos besamos, nos abrazamos y cuando nos separamos murmura.

- Si no estuviéramos aquí, te…

Le tapo la boca con la mano. No quiero que lo diga y mirándole cuchicheo.

- ¡Pórtate bien en Bruselas!

Víctor sonríe. Yo no.

Hay una parte de mí que desconfía, cuando él besándome murmura.

- Odio irme y dejarte aquí. Y en cuanto a lo que me has pedido ¡aplícatelo tú también!

Sorprendida lo miro y sonrío.

Vaya… vaya… me gusta ver que esa inseguridad que yo siento, él la siente también y besándolo afirmo.

- Te voy a echar de menos.

Un beso… dos… tres…

Y cuando vamos a por el cuarto un ruido nos alerta y recuperando la compostura, salimos de allí a toda prisa. No es sitio, ni lugar para darnos la paliza como dos adolescentes quinceañeros.

Una vez regresamos al control de enfermeras, Víctor me mira, me guiña el ojo y se va. Se tiene que marchar a casa a hacer la maleta y con una simple sonrisa me despido de él, mientras Luisa me mira y pregunta.

- ¿Hoy doblabas turno verdad?

A las tres y veinte cuando salgo de farmacia de recoger unos medicamentos y me dirijo al ascensor me doy de bruces con el Tiranosurio Rex, que va acompañado del doctor Reverte. Los dos sonríen al verme y me saludan.

Con una sonrisa les saludo yo también cuando el doctor Reverte, que ya ha aceptado que lo mío con su hijo fue algo pasajero, mira al jefazo y pregunta.

- ¿Qué hace ella aquí?

Boquiabierta lo miro. ¡Ay madre! ¿Es que me quiere despedir?

De pronto me sudan las manos, los pies y hasta la cabeza. No entiendo que quiere decir aquella pregunta cuando Reverte, que es muy amigo del jefazo insiste.

- Emilio… creo que hablamos y…

Mi jefe al escucharlo lo interrumpe.

- Reverte, lo pensé y no lo creí pertinente.

- Por el amor de Dios —gruñe Reverte—. Estamos hablando de tu hijo y su novia ¿el que no ves pertinente?

No entiendo nada. Mis nervios se duplican cuando aquel vuelve a insistir.

- Sabes que a Martínez le iba a acompañar su enfermera de confianza ¿Por qué no se ha marchado Alicia con Víctor como dijimos?

¡¿Cómo dijimos?! ¿Qué es eso de cómo dijimos?

Cada vez entiendo menos, cuando el Tiranosaurio me mira y Reverte vuelve a insistir.

- Vamos a ver Emilio por Dios, que es tu hijo y su novia. No seas un viejo amargado y haz el favor de enviar a esta muchacha a Bruselas con él. Tú sabes tan bien como yo, que eso es lo que tu hijo quiere y seguramente ella también ¿o me equivoco? —me pregunta mirándome.

Los dos me miran. No sé qué decir cuando el Tiranosaurio pregunta.

- ¿Si pudieras ir a Bruselas a ese congreso irías?

Bueno… bueno… bueno….

Sería tonta no…. ¡lo siguiente! Si dijera que no y dispuesta ser sincera afirmo.

- Por supuesto que sí. Me encantaría ir.

Mi jefe me mira…

Reverte también…

Y yo que ya no sé dónde mirar, ni meterme.

Y cuando voy a desaparecer de allí el jefazo dice abriendo su teléfono móvil.

- Date prisa. Solo tienes dos horas y media para llegar al avión. Le diré a mi secretaria que te pase el billete a tu móvil ¿de acuerdo?

Lo miro…

No me muevo…

No sé si he entendido bien... cuando de pronto Reverte sacándome de mi burbujita insiste.

- Vamos Alicia espabila. Sube a tu planta y dile a tu compañera que te vas. Del resto nos encargamos nosotros.

- Pero yo…

- No hay peros ¡date prisa! —me corta el Tiranosaurio.

Como si me hubieran metido un petardo en el trasero, eso hago. Corro… corro y corro y cuando salgo del hospital, sin avisar a Víctor, cojo un taxi y llamo a casa donde por suerte está Bea y le pido que me meta cuatro cosas en una maleta y me la baje al portal en media hora.

Cuando llego a mi portal, entre risas le explico a Bea que me voy a Bruselas con Víctor. Incrédula me mira y yo que aún no me lo creo le doy dos besos, cojo mi maleta y sigo mi viaje al aeropuerto.

Pero la ley de Murphy se cruza y cuanta más prisa tengo ¡peor!

Nos pilla un atasco de mil demonios y cuando llego al aeropuerto, corro, corro y corro y aunque creo que voy a perder el vuelo, por suerte, llego y cuando entro en el avión, busco a Víctor.

Cuando lo veo leyendo un libro sonrío. ¡Qué mono es y cómo me alegra la vista!

Él no me ha visto. Me gusta saberlo y con seguridad camino hacia él y cuando me siento a su lado murmuro.

- Hola precioso.

Su gesto al verme es indescriptible.

Sus ojos y su boca me dejan ver lo feliz que le hace aquel encuentro y cuando va a preguntar cuchicheo.

- El Tiranosaurio Rex nos desea un ¡buen viaje!

Según digo aquello, Víctor me abraza, nos besamos y yo pienso.

¡Viva Bruselas, Reverte y el Tiranosario Rex!

Continuará...

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