Megan Maxwell y el capítulo 22 de su relato erótico

​El relato está llegando a su fin. Solo queda esta penúltima entrega en la que nuestra escritora favorita decide cómo continuará.

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Bruselas… Bruselas… Bruselas…

¡Qué bien me lo estoy pasando en Bruselas!

Víctor y yo acudimos juntos cada día al congreso.

Como excelentes profesionales que somos atendemos a todo lo que se habla y cuando salimos de allí lo comentamos encantados mientras paseamos por aquella bonita ciudad.

Pero al igual que disfrutamos en el congreso escuchando hablar de nuestro trabajo, disfrutamos con verdadera pasión, nuestros ratos de intimidad en la habitación.

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Lo beso… lo desnudo…

Me besa… me desnuda….

Ufmamasitaquébuenoestámiamor.

Le hago el amor con pasión…

Me hace el amor con fogosidad…

Ufloquemeentraporelcuerpocuandomedejollevar.

Todo… Todo… Todo ¡es mágico, loco y especial!

El primer día que tenemos libre, como Víctor sabe que deseo visitar la ciudad de Brujas, lo organiza y para allá que vamos.

Siempre he oído hablar de esa mágica ciudad y mientras caminamos por su casco histórico tan lleno de misterio y romanticismo, disfruto de todo lo que nos rodea y más de la inigualable compañía. Víctor es maravilloso y más, cuando me compra un cargamento de chucherías.

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¡Mia que me gusta el azúcar!

Cuando nos sentamos a comer en uno de sus bonitos restaurantes cercanos al Lago del Amor, y pedimos algo de beber al camarero, soy consciente de como Víctor me mira e inquieta pregunto.

- ¿Qué te ocurre?

Víctor sonríe.

Uf… cómo me pone su sonrisa y finalmente acercándose a mí cuchichea.

- Estar contigo las veinticuatro horas del día estos días, me está haciendo replantearme muchas cosas.

Sin saber qué decir levanto las cejas, cuando el camarero regresa con las cervezas que le hemos pedido.

Cuando se marcha, yo que soy una cotilla que quiere saberlo todo pregunto.

- ¿Y qué te estás replanteando?

Víctor vuelve a sonreír y mientras le estoy dando un trago a mi cerveza suelta.

- He pensado qué responderías si te preguntara "¿Quieres casarte conmigo?"

Según escucho eso ¡me atraganto!

Lamadrequeloparióylepusosuprimercalzoncillo¿perohadicholoquehecreidoescuchar?

Rápidamente Víctor se levanta, me da un par de golpes en la espalda para que no me asfixie mienta expulso, sin ningún glamour, cerveza por la nariz del susto por lo que he creído escuchar.

Una vez me tranquilizo y respiro con normalidad, miro a Víctor que sigue sonriendo y antes de que yo pueda preguntar si escuche bien, él insiste.

- ¿Qué responderías a mi pregunta?

Bueno… Bueno… Buenoooooooooooooooooooooooooo

¡¿Pero que he escuchado biennnnnnnnnnnnnnnnnnnnn?!

Me entran los calores del año.

Ay madre ¡Ay madre!

Me doy aire con la mano, mientras evito beber más cerveza, no sea que me vuelva a salir por la nariz. No sé qué decir. No sé dónde mirar. Solo sé que el hombre que me tiene loca, me acaba de hacer la pregunta que nunca pensé que escucharía en mi vida y a mí se me ha comido la lengua el gato.

Uf… Uf… Uf…

Nerviosa. Estoy terriblemente nerviosa y Víctor, el jodío ¡ni pestañea!

Me mira. Espera una respuesta e intentando sonreír cuchicheo.

- Déjate de tonterías, por favor.

Víctor asiente. Vuelve a sonreír. Se arrodilla ante mí.. ¡joderrrrrrrrrrrrr!... y yo murmuro al ver que todos a nuestro alrededor nos miran.

- Qué hacessssssss.

Víctor sigue sonriendo. Mi apuro le hace gracia.

Lo mato… lo mato… lo matoooooooooooo.

La gente a nuestro alrededor sonríe y yo no sé si salir corriendo o desintegrarme allí mismo.

Víctor se mete la mano en el bolsillo del pantalón y sacando una chuchería de azúcar en forma de anillo, sin importarle las miradas indiscretas que nos taladran, murmura.

- Eres la mujer más increíble que he conocido en mi vida y por nada del mundo quiero perderte, ni que te alejes de mí y…

- Estás loco… —murmuro sin aliento.

Víctor asiente y afirma.

- Sí cariño. Estoy totalmente loco por ti y cuando vi esta chuchería en forma de anillo supe que tenía que decirte "Cásate conmigo".

Ay que me da…

¡Ay que me daaaaaaaaaaaaa!

Todos nos miran…

Ni en el mejor de mis sueños imaginé que algo tal increíblemente romántico me pudiera pasar a mí con Víctor en la ciudad de Brujas, en el Lago del Amor, y con una chuchería de fresa y azúcar con forma de anillo pero sí, está ocurriendo. Está pasando y yo de los nervios no puedo ni hablar.

Víctor me mira…

Espera una respuesta, pero yo estoy tan confundida, sorprendida e histérica que apenas si puedo respirar. Incrédula miro a Víctor de rodillas pidiéndome matrimonio, más guapo que nunca, con un bonito anillo de azúcar en las manos.

Ay Dios… ay Diosssssss…

¿Qué digo?

¿Qué hago?

Las bodas y la seriedad que ellas conllevan nunca han sido lo mío. Pero lo miro, y algo me dice que no sea tonta y disfrute de la vida y del hombre que tengo delante de mí. Pero aún así en un susurro murmuro.

- Creo… creo que es algo precipitado.

Víctor asiente y sin parar de sonreír afirma.

- Lo sé. Pero… ¡cásate conmigo! ¡Precipítate conmigo!

Sentir su insistencia y ver su sonrisa me hace saber y sentir que deseo hacerlo.

Momentos como ese en la vida no hay muchos, siempre me ha gustado la locura y dispuesta a precipitarme con él, finalmente sonrió e indico.

- De acuerdo. Quiero precipitarme contigo.

Víctor feliz me pone el anillo de azucar, mientras todo el mundo a nuestro alrededor aplaude y sonríe con nosotros. ¡Qué momentazo!

Una vez el anillo está en mi dedo, Víctor se levanta, me levanta a mí y nos besamos con locura.

Sin duda a los dos nos falta un tornillo, pero oye ¡viva la falta de tornillos!

Esa noche, tras regresar al hotel de Bruselas y hacernos el amor como si no hubiera un mañana, desnudos en la cama, planeamos lo que va a ser nuestra locura y decidimos que será en una semana.

¿Querrás venir a nuestra boda?

La semana que viene, el final.

Megan Maxwell

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