Megan Maxwell y el capítulo final de su relato erótico

​La historia de Alicia y Víctor ha llegado a su final, pero su amor perdurará para siempre.

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Madre mía qué nerviosa estoy.

Mi madre llora.

No entiende las prisas por la boda, y aunque yo le prometo que no estoy embarazada, ella me mira y desconfía.

¡Ay mamá, qué graciosa eres!

Vale… entiendo las caras de sorpresa de todo el mundo.

De la abuela de Víctor, de su padre, mis compañeras, la doctora Peña, mi Pacorro, el doctor Reverte, pero nada, ni nadie, me va a quitar esta sonrisa tonta que llevo dibujada en mi boca desde que el hombre de mi vida se me declaró con un anillo de azúcar, que todo sea dicho, ya ha reemplazado por un precioso solitario de oro blanco y diamantes que me tiene embobaba.

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En cuanto a la boda, lo creáis o no en 5 días lo hemos organizado todo. Iglesia. Banquete. Invitados. Y cuando digo todo es ¡todo!

Eso sí, ha sido una locura, pero como diría mi abuela que desde el cielo me está ayudando ¡Poderoso caballero Don Dinero!

Es increíble lo fácil que son muchas cosas, dependiendo del nivel adquisitivo que uno tiene, y mira, por una vez en la vida ¡voy a aprovechar el nivel adquisitivo de Víctor para organizar mi bodorrio!

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Mi amiga Bea tiene una prima que vende vestidos de novia y sin dudarlo me compro allí un precioso vestido que nada tiene que envidiar a esos otros que cuestan diez veces más y el mismo día se viene conmigo para casa. Y aquí estoy, mirándome en el espejo, vestida de novia, con mis amigas revolucionadas a mi alrededor y mi madre llorando a moco tendido a medio camino entre la emoción y la incredulidad.

Todos, absolutamente todos al enterarse de la boda me han dicho eso de: ¡Estás loca! Y luego me han preguntado aquello otro de… ¿Estás embarazada?

Y no, no estoy embarazada, pero sí estoy total y completamente loca por un hombre llamado Víctor, que sin darme cuenta se ha metido en mi corazón y siento que yo me he metido en el de él.

Cuando abandono mi casa y me meto vestida de novia en el coche que nos llevará directas a la iglesia, me tiembla todo, pero eso no es nada para el nervio que me entra cuando llego a la iglesia y veo a mi chico esperándome con su bonito traje.

¡Por Dios… por Dios… Víctor es purita tentación! Y casi grito aquello de….

Aymamacitalindaaaaaperoqueguapoybuenorroqueestamifuturomarido.

Peroooooooooo… me reprimo.

He de estar a la altura de la boda, cuando con galantería, Víctor, abre la puerta del coche, tiende su mano hacia mí, y al salir del vehículo mirándome a los ojos murmura.

- Es imposible que estés más bonita… Duendecilla.

Escuchar aquello me hace sonreír y encantada murmuro.

- Tú estás para comerte… Superman.

Divertido Víctor cuchichea.

- Puedes empezar cuando quieras.

Olvidándome de las miradas que nos rodea, me acerco a su boca y lo beso.

¡Hummm… qué rico!

Lo beso con pasión, necesidad y delicadeza y cuando me separo de él, sin hablar, entiendo lo que dice su mirada y me acaloro.

¡Uf… Uf… la calor que me entra!

Como puedo, recupero la cordura.

El Tiranosaurio Rex se acerca a mí todo trajeado y me ofrece su brazo. Es el padrino de la boda, al igual que mi madre es la madrina y mirándome murmura.

- Estás preciosa Alicia.

- Gracias… tú estás muy guapo —murmuro con gusto.

El Tiranosaurio Rex sonríe y yo con cariño me agarro a él.

Sé que piensa como mi madre y el resto de los invitados eso de ¡es una boda precipitada! Pero su sonrisa, me hace saber que confía en nosotros y yo se lo agradezco.

Una vez entramos en la iglesia, la ceremonia comienza y yo me sumerjo en una burbuja, hasta que pasado un buen rato oigo que el cura dice aquello de:

- Puedes besar a la novia.

Según dice aquello, miro a Víctor que con la sonrisa más bonita de su vida, me mira e indica.

- Padre… dirá a mi mujer.

Y me lanzo… no espero a que él me bese. Lo beso con amor, pasión y deseo.

Diez minutos después cuando salimos de la iglesia, los amigos y las familias, nos sepultan en arroz, lentejas y pétalos de rosas blancas. Todo el mundo nos besa, nos felicita mientras nosotros agradecemos las muestras de cariño y nos miramos, todavía sorprendidos por lo que acabamos de hacer.

¡Que nos hemos casado!

Durante el banquete que organizamos en el casoplón de Víctor, que ahora será mi residencia, disfruto viendo a la gente disfrutar.

Somos unas cien personas y aunque al principio me parecían muchas, reconozco que ahora que están allí, son las justas y necesarias. El catering de la comida es exquisito. A todos les gusta y cuando digo a todos incluyo a Rubia y sus cachorros, Elektra, Batman, Thor y Hércules que se están poniendo morados.

Víctor y yo sonreímos. Hoy es nuestro día y lo estamos disfrutando a nuestra manera.

Cuando la orquesta contratada para el evento comienza a tocar en el jardín de la casa, mi maridito me coge de la mano y mirándome a los ojos dice.

- ¿Bailas conmigo nuestra canción?

Boquiabierta pregunto.

- ¿Tenemos canción?

Víctor asiente.

Con él salgo a la improvisada pista y cuando me abraza y comenzamos a bailar la canción "Yo no me doy por vencido" del maravilloso Luis Fonsi, acerca su boca a mi oído y murmura.

- Contigo nunca me cansé, ni me rendí, ni me di por vencido hasta que te conseguí.

Ufff… lo que me entraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa.

Encantada, apoyo mi cabeza en su hombro y bailo con él. Con el hombre que me ha enamorado y que como dice la canción, no se dio por vencido.

Cuando la canción acaba y comienza otra, todo el mundo se lanza a la pista a bailar. Lo quieren pasar bien, tan bien como nosotros.

Víctor baila. Yo bailo. Todos bailamos y en un momento dado, tras mi marido darme un dulce beso en los labios, cuando se aleja, divertida le miro el trasero y murmuro.

- Sí, sí, sí… ¡Alégrame la vista!

Víctor me escucha, me mira y suelta una carcajada y yo guiñándole el ojo bailo con mis amigas, mientras siento que es el mejor día de mi vida.

No sé que pasará mañana, ni pasado mañana, pero hoy sé que soy feliz, que vivo el momento y que la vida hay que disfrutarla al mil por mil.

Por eso amigas, os recuerdo que debéis de ser felices.

Disfrutad de los momentos que la vida os ofrece solas o acompañadas y nunca olvidéis que si yo he podido encontrar el amor cuando menos lo esperaba ¿Por qué no lo vais a encontrar vosotras!

¡Feliz Verano Guerreras!

Megan Maxwell

>> Leer el relato 'Alégrame la vista' de Megan Maxwell desde el principio.