"Mi familia no es menos 'real' porque mis hijos sean adoptados"

​No merecemos un trato diferente solo porque nuestros hijos tengan un ADN distinto al nuestro.

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Sharon Van Epps relata en primera persona cómo ha sido su vida y cómo ha afrontado comentarios sin mala intención pero que han señalado a su familia solo porque sus hijos son adoptados.

Estaba charlando con un padre a un lado del campo de fútbol sobre lo complicado que era a veces llevar a nuestros hijos a los entrenamientos y a los partidos. Que tu hijo pertenezca a un equipo de fútbol requiere mucho tiempo y dinero por parte de los padres, y algunos días se vuelve muy pesado.

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"John y tú tenéis mucho mérito ", me dijo. "El fútbol ya es bastante sacrificado incluso cuando se trata de tus propios hijos".

Espera, ¿qué? Me llevó un rato entender el subtexto: "Tiene mérito que actuéis como sus verdaderos padres aunque no sean vuestros hijos biológicos".

Ojalá pudiera decir que eché la bronca a ese padre, pero después de una década como madre, he aprendido a luchar mis propias batallas. La verdad es, que cuando se trata de adopción, mucha gente no lo entiende, da igual lo que les digas.

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Mi marido y yo hemos criado tres hijos: nuestra hija mayor, que ahora tiene 14 años y que la adoptamos en India cuando tenía 5, y nuestro hijo de 13 y su hermana biológica de 12, que vinieron de Etiopía cuando solo tenían 3 y 2 años respectivamente. Como padres, hacemos sacrificios diariamente, como cualquier otro. Adoramos a nuestros hijos, pero también sufrimos su paso por la edad del pavo. Nos preocupamos por sus notas, los deberes, su salud y el tiempo que pasan frente a la televisión o mirando cualquier otra pantalla, tablet, consola, etc. Nos quejamos por tener que llevarlos a sus entrenamientos de fútbol y luchamos por poner la cena en la mesa todas las noches. En otras palabras, somos una familia normal y real. John y yo no merecemos más solo porque nuestros hijos tengan diferente ADN. Elegimos ser sus padres, y lo estamos haciendo lo mejor que podemos, como todos los demás.

Al mismo tiempo, la adopción es un tema importante en nuestras vidas. Nuestros hijos no eran bebés cuando nos convertimos en sus segundos padres. Llevó tiempo, paciencia y compromiso convertir a un montón de extraños nerviosos en una familia que se quiere. La adopción significa que mi marido y yo tenemos la responsabilidad de honrar los orígenes de nuestros hijos y ayudarles a entender y conectar con sus raíces biológicas, su raza y su cultura. Hemos hecho un enorme esfuerzo para animarles a ser amigos de otros adoptados, y eso les ha ayudado a hacer amigos y mentores que han pasado por lo mismo. Lejos de ser una carga, consideramos la adopción como una señal de nuestra vida juntos, sin preocuparnos demasiado por ello, pero tampoco ignorándolo.

En ocasiones, las complicaciones inherentes a la adopción pueden provocar sentimientos de frustración y de tristeza en nuestros hijos o en nosotros mismos. Salimos adelante porque sabemos que esos sentimientos son reales y normales. En la adopción no todo son alegrías, pero tampoco penas. Es una mezcla, como cualquier otra cosa en la vida. Admitirlo no amenaza nuestra integridad como familia. Al contrario, la sinceridad nos acerca cada vez más.

No estoy segura de por qué algunas personas tienen tantos problemas asumiendo que las familias adoptivas son reales. Seres humanos que no comparten genes forman lazos todo el tiempo, por ejemplo como parejas, como amigos y sí, también como familias. No siempre tengo ganas de explicar los matices de la adopción a todo el mundo, pero doy gracias por la complicada vida que tengo como madre de tres hijos extraordinarios.

Vía: GoodHouseKeeping

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