Salud: refuerza tu salud en 2012

El cambio de año es la excusa perfecta para hacer balances, formular propósitos y fijar objetivos que cumplir.

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En esta época, siempre nos surge la tentación de hacer balances y propósitos. Sin embargo, no solemos pensar en uno de los empeños más gratificantes que se pueden dar: compartir. Es algo que va creciendo en uno cuando va cumpliendo años.

Por otro lado, también es verdad que en estas fechas uno no sabe si hace propósitos o proyectos. La edad va cambiando esos dos conceptos, porque la idea de propósito parece exigir un compromiso; mientras que, cuando se habla de proyecto, queda algo de disculpa, como si a la palabra le pusiéramos un sufijo extraño que dijera “si puedo…”.

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Pero debemos ser conscientes de que la ausencia de proyectos no es más que la cara más deprimente de la vejez. Porque ésta no es cuestión de años, sino que es, sobre todo, cuestión de mirar hacia adelante, de seguir caminando y no dejar de mirar al futuro con la esperanza de seguir cumpliendo objetivos. Y para eso, no importa lo que diga el calendario.

Activa tu mente. Está demostrado que una vida intelectualmente activa previene el envejecimiento cerebral.

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Actividad cerebral. Los gimnasios están llenos de gente que quiere mantener en forma su cuerpo. Sin embargo, no hacemos nada para mantener en forma nuestro cerebro. Esto debería cambiar, ya que está demostrado que una vida intelectualmente activa previene el envejecimiento cerebral. El cerebro es una batería que se desgasta si no se utiliza. Si las neuronas no se estimulan, se deterioran. Por esta razón, todos tenemos intacta la mayor parte de nuestro cerebro.

Dejar de fumar. “¿Por qué empecé a fumar?”. Seguramente te sorprendas respondiendo “por una tontería”. Conviene que recuerdes aquella vez que utilizaste una boquilla para filtrar un poco el humo... y viste cómo una gota pegajosa, maloliente y de mal sabor se colaba por la boca. Dejar de fumar es fácil siempre y cuando se esté convencido de ello. Primero toma conciencia, y luego llévalo a cabo.

Sin obsesiones
Aunque pueda parecer una paradoja, no resulta sana una preocupación excesiva por la salud. Como ya dijimos alguna vez, es mejor ocuparse que preocuparse. Quienes se obsesionan, aunque no presenten ningún síntoma de enfermedad, tienen el doble de posibilidades de morir en los siete años siguientes que aquellos que creen que su salud es buena. Hay quien sostiene que el organismo te habla. Y por eso, los estudiosos dicen que cuando un paciente visita a su médico de cabecera quejándose de que se siente mal, así, en general, su queja debe ser atendida seriamente. 

Hacer ejercicio
Especialmente, en esa edad incierta que llamamos cierta edad, perdemos una buena parte de nuestra capacidad para transportar oxígeno que es, entre otras cosas, nuestro alimento celular. Un corazón joven lanza al minuto 210 litros de sangre. A los 60 años, sin ejercicio, no alcanza los 160. Está demostrado que un ejercicio físico habitual, pero no violento, puede ayudar a un rejuvenecimiento de diez o veinte años. Y el mejor ejercicio, el que podemos hacer todos, es andar. El ejercicio mejora el aprovechamiento del oxígeno y la eficacia del corazón; aumenta el calibre de las arterias, el número de glóbulos rojos y su concentración de hemoglobina. Aumenta la resistencia al estrés y fomenta las ganas de vivir. Y algo esencial para todos: es el mejor protector óseo. Otro propósito firme podría ser andar todos los días un buen rato, que sirve, además, para poner en orden la cabeza.

Comer sano
Es el momento de proyectar la dieta mediterránea y de ampliar el número de veces que come verduras, frutas y pescado. Y no olvides que la carne en el plato debería ser la guarnición y no al contrario. Evita las grasas animales. Por otra parte, recuerda que unos kilos de más –si son pocos– no constituyen un problema médico. Si quieres adelgazar intenta suprimir las grasas. Piensa que un gramo de grasa te aporta más del doble de calorías que un gramo de pan o de pescado. Toma la determinación de suprimir las salsas, los embutidos, el queso curado y los bollos industriales. Y amplía tus paseos. No necesitas comer menos, sino sustituir las grasas por hidratos de carbono –cereales, patata cocida, pan...–, aunque constituyan el mismo número de calorías. Sólo con eso, puedes llegar a perder más de dos kilos al mes.