Salud: combate la gripe

Aunque este invierno no está siendo muy frío, se estima que a mediados de enero bajen las temperaturas y se dispare la epidemia de gripe. Te contamos cómo afrontarla.

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Estamos pasando un invierno atípico. El anticiclón nos proporciona unas temperaturas inusuales para la época y, de hecho, no han llegado los fríos. Hemos tenido, como dicen los expertos, “muy poco invierno”. Y eso se traduce, hablando de gripe, en que la incidencia ha sido muy escasa.

La epidemia llegará a mediados de mes
Según los partes oficiales, cuando se redactan estas líneas, se contabilizan unos siete casos por 100.000 habitantes. Y se empieza a hablar de epidemia cuando se llega a los 50. Es decir, estamos muy por debajo de lo que es habitual en estas fechas. Por eso, se espera un pico de incidencia a mediados de mes, no sólo porque haga mas frío, sino también porque es cuando se producen cambios bruscos de temperatura.

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Diferencias con el catarro
Aunque los síntomas iniciales son similares y el proceso de contagio es el mismo, hay diferencias. En el catarro común, la tos, el estornudo y la congestión nasal predominan, con fiebre escasa. En cambio, en la gripe hay un cansancio especial y dolor muscular. Suele haber fiebre por encima de los 38 grados. En el catarro el tratamiento es sintomático, con abundante ingestión de líquidos; en la gripe, el mejor tratamiento es la prevención con la vacuna. Pero si ya llegó, mejor pasarla en casa, beber abundantes líquidos, evitar el consumo de alcohol y de tabaco y descansar. No se deben utilizar antibióticos y, siempre en caso de duda, consultar al médico.

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El virus y el frío
Muchas veces nos planteamos la siguiente pregunta: si la gripe está causada por un virus, ¿qué relación puede tener con el frío? La respuesta es clara: mucha. Y, desde luego, en la cultura popular está asimilado. Prueba de ello es que un catarro –que también está producido por un virus (hay más de 200 virus que pueden causarlo)– suele llamarse popularmente “resfriado”.

En el caso de la gripe, el virus se llama “influenza”, porque proviene del italiano que achacaba la enfermedad a la “influenza di freddo”; es decir, por influencia del frío.

Lo que parece fuera de duda es que el frío favorece la difusión del virus. Por eso, la temporada gripal va de noviembre a marzo, con un pico habitual en enero. El virus se contagia mejor a temperaturas inferiores a 5 grados y escasa humedad. Además, el frío hace que los virus sean más estables y puedan permanecer más tiempo en circulación. Por otra parte, modifica las mucosas y hace que su difusión sea más sencilla. Por si fuera poco, con bajas temperaturas solemos estar más tiempo en locales cerrados y, posiblemente, más agrupados, lo que facilita la transmisión.

No es sólo un trancazo
Debemos ser conscientes de que la gripe no es una enfermedad banal. Es verdad que se puede pasar sin consecuencias de ningún tipo; pero no es menos cierto que una parte amplia de la población puede sufrir complicaciones serias. Por eso, se recuerda de manera permanente que la vacuna es la mejor prevención, especialmente para enfermos crónicos o mayores de 55 años. Hay que insistir en que se trata de una enfermedad vírica que cada año afecta al 15% de los adultos, al 35% de preescolares, al 30% de escolares y hasta a la mitad de los niños que acuden a guarderías. Las complicaciones de la gripe causan en la Unión Europea alrededor de 30.000 muertes cada año. En los primeros meses de 2011 se confirmaron en España más de 1.600 casos graves y hubo 186 muertes (la mayoría no se había vacunado). Así que hay que tomárselo en serio.

La vacuna
Los expertos aconsejan e insisten en la vacuna a toda persona mayor de 55 años, porque a partir de esa edad pueden existir enfermedades crónicas. Es una buena forma de evitar las complicaciones. Deben vacunarse: los niños desde los seis meses de edad; el personal sanitario; adultos y niños portadores de enfermedades crónicas (sobre todo respiratorias y cardiacas); pacientes con bajas defensas; quienes trabajan o viven en centros donde se atiende a enfermos crónicos; grupos en régimen de comunidad y todas aquellas personas que puedan transmitir el virus a pacientes de alto riesgo.