Psicología: cuido de un enfermo

Toma nota de estos consejos para no ser tú también un enfermo.

Cuidar de un familiar enfermo supone un desgaste que casi siempre acarrea serias consecuencias para el cuidador, hasta el punto de que en un corto espacio de tiempo podría haber otro enfermo más. Cuando la fatiga, responsabilidades y entrega sobrepasan el límite de las fuerzas, aparecen los primeros síntomas: irritabilidad, agresividad, tendencia al aislamiento y depresión. Antes de llegar a ese momento, preocúpate de ti misma e implica al resto de la familia. Encuentra un tiempo y un espacio para ti misma, para tomarte un respiro, rescatar tu independencia y apoyarte en los demás. Toma nota de estos consejos:

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Cuida tu propia salud. Cuando sea necesario, que casi siempre lo es, ponlo en conocimiento de tu médico para que te preste la atención que necesites. Descansa lo suficiente y no busques el refugio en los fármacos o el alcohol.

Evita el aislamiento. Necesitas distraerte y relacionarte fuera del entorno más cercano al enfermo.

Mantén tus actividades, aquellas a las que antes dedicabas tu tiempo libre o incluso alguna nueva que contribuya a tu bienestar físico y psíquico; hacer deporte, pasear, leer, ir al cine...

Pide ayuda y trata de ser feliz
Es imprescindible que pidas y aceptes ayuda, que busques quien comparta este peso, quien te sustituya algunas horas para poder seguir con tu vida o tomarte unas vacaciones, porque lo necesitas más que nunca. Sentirte culpable no te ayudará ni a ti ni al enfermo. La amistad, el amor o la ilusión siguen estando ahí y tienes que disfrutarlos.