El amor es bueno para la salud

Las relaciones afectuosas afectan positivamente al corazón, como motor del organismo, ya que reducen el estrés, la ansiedad y la depresión. A continuación, te invitamos a descubrir los beneficios de estar enamorado.

No es nueva la idea de que estar enamorado proporciona energía, y esa energía se traduce en un mejor sistema inmunitario y en mayor felicidad.
Está probado que el matrimonio le sienta bien al organismo. Una curiosa encuesta llegó a la conclusión de que los hombres casados hasta la edad de 55 años tienen una tasa de mortalidad inferior a la de los hombres que viven solos. La diferencia, en cambio, es menos notable entre las mujeres. Pero también a ellas el matrimonio les beneficia.

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El divorcio, en cambio, ejerce un efecto adverso, especialmente en los hombres. Y es que la vida del solitario tiende a ser más desordenada y, sobre todo, más arriesgada. Se mueve más, viaja más y cambia de trabajo con más frecuencia. Uno de los aspectos que señalan como más positivo es la convivencia. El contacto con seres queridos beneficia a todo el organismo, y por ejemplo, entre quienes han tenido un infarto, la recuperación es mejor si se vive en familia que si se vive solo.

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Si el matrimonio no se lleva bien, el sistema defensivo del organismo se resiente. Y cuanto más rencor se exprese en las diferencias de pareja, más riesgos hay. En otras palabras, quien se enfada con su pareja y adopta una postura beligerante, sufre más. Lo que más afecta es el sarcasmo, las humillaciones, las interrupciones y el rechazo de las propias responsabilidades.

El consejo que se impone si quiere tener longevidad es no preocuparse en exceso por la salud, casarse, y llevarse bien con la pareja. Y dormir lo suficiente. Porque las horas de sueño influyen. Los que duermen menos de seis horas por noche o más de ocho tienen una tasa de mortalidad mayor que los que duermen entre siete y ocho horas.

Las feromonas
Aunque de momento no está suficientemente demostrada, cada día gana más adeptos la teoría de las feromonas, que actúan como verdaderos “cupidos” que van lanzando sus “flechas” previamente programadas. Se trata de sustancias que segrega el cuerpo y por las cuales dos personas, inconscientemente, se sienten atraídas. Lo que parece cierto es que de la misma manera que una cría reconoce a su madre en una manada, también podrían encontrarse las personas en determinados casos, simplemente por el olfato de las feromonas.