Normas para un verano sin gritos

Impón a tus hijos desde normas y rutinas para que el periodo estival sea más agradable. La psicóloga Sonia Martínez te da una serie de consejos.

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Tus hijos llevan una semana de vacaciones y ya estás desesperada porque se han perdido todas las normas en casa? Es momento de establecer unas directrices para disfrutar de unas felices y merecidas vacaciones para todos en lugar de pasar un verano agotada y a gritos con ellos. Para lograrlo, sigue los consejos de Sonia Martínez, psicóloga clínica y directora de los Centros Crece Bien.

“Lo primero que hay que hacer, os quedéis en casa u os vayáis a otro sitio, es volver a establecer límites con rutinas, derechos, deberes y responsabilidades a partir de los cuatro años”, explica Sonia Martínez.

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Toca reestructurar a la familia. Con los cambios de rutina, los hijos vuelven a medir los límites de los padres; por eso, lo más importante es fijar desde el principio horarios, derechos y también obligaciones, desde poner la mesa hasta colgar la ropa, según la edad. Todos deben cooperar. No se debe permitir desde el principio que estén tumbados todo el día en el sofá porque luego es difícil el cambio de rutina.

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Deberes. Aunque los hijos hayan acabado con unas notas excelentes, desde los cuatro años deben trabajar a diario al menos quince minutos. Pueden leer, dibujar, repasar...

Recompensas. Las pequeñas responsabilidades deben tener recompensas. Eso no se tiene que vivir como un chantaje o como si estuviéramos educando mal, explica Sonia Martínez. Cuando cumplen sus obligaciones y se les premia con que elijan, por ejemplo, su comida favorita, se les está enseñando a ser autónomos.

Pequeños permisos. El verano puede ser un gran momento para replantearse algunos hábitos educativos. Desde pequeños es muy importante enseñarles a ser responsables, señala la psicóloga, y eso se consigue permitiéndoles tomar pequeñas decisiones, como elegir a qué jugar en familia o qué ropa ponerse. Cuando toman decisiones, maduran. Con la toma de decisiones, además, pueden equivocarse y con ello aprenden también a rectificar y a tolerar la frustración.

Peleas entre hermanos. La rivalidad y los celos entre hermanos se recrudecen en verano porque cada uno de ellos busca su sitio en la familia. Para suavizar el problema, Sonia Martínez propone que parte de las responsabilidades sean conjuntas. Por ejemplo, poner y quitar la mesa por igual en un tiempo establecido. Si lo cumplen, hay una recompensa. Pueden elegir, por ejemplo, una película para ir al cine. Si no se ponen de acuerdo en la película, no hay cine.

Hablar con adolescentes
En verano, los problemas se recrudecen con los adolescentes. Uno de los errores de los padres, señala la psicóloga, es permitirles lo que permiten a sus amigos. No todos son igual de responsables. Es importante crear un clima para hablar, saber cómo reaccionaría si, por ejemplo, le ofrecen algo que no le apetece. Hay que hablar sin hacerles juicios ni enseñarles, porque “ellos lo saben todo”, sino decirle: “Vamos a ver qué soluciones encontramos juntos”.