Cómo hidratarse comiendo

Además de tomar un litro y medio de agua al día, incluye en tu dieta alimentos crudos, ácidos y mucha fruta.

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Beber agua –se debe tomar como mínimo un litro y medio al día sin esperar a tener sed– es imprescindible para que nuestro organismo funcione. Es insustituible, pero hay otros hábitos alimenticio que nos ayudan a estar hidratados y a controlar el calor interno.

Ahora en verano los alimentos crudos se toleran mejor que en el invierno porque hace calor y no necesitamos mantener la temperatura interna. En los desayunos empezar por frutas –enteras, en zumo o batido–. En las comidas y las cenas incluir ensaladas, sopas frías, gazpacho o salmorejo y hortalizas –acelgas, lechugas, berros, espinacas, alcachofas o endivias–. Después de las comidas tomar infusiones, la de menta es la más enfriadora. Y entre horas optar por frutas o crudités.

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También puedes elegir alimentos ácidos o salados –que no quiere decir comer con sal–. El sabor ácido es útil en la pérdida de líquidos y son desintoxicantes, como germinados, trigo, el yogur, tomate y en general todas las frutas –manzanas, pomelo, piña, pera, melocotón...–. El sabor salado tonifica los riñones, como las algas, la soja, la cebada, el cerdo, el tofu, el calamar, las ostras, las gambas o los mejillones.

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La preparación
Para hidratarte influye también el modo de preparar los alimentos. Los escaldados, salteados y al vapor son mejores que a la parrilla, horneados, a la barbacoa, fritos o estofados ya que éstos pierden todo el agua y suben la temperatura interna. Los alimentos blandos también hidratan más que los secos, por ejemplo el pan es mejor tomarlo sin tostar. O consumir quesos frescos en lugar de curados.
Tampoco abusar del café ni de las bebidas azucaradas porque deshidratan si se toman en abundancia.

Refrescan y te cuidan
Además de refrescar, muchas frutas y verduras te ayudan en otras funciones para cuidar tu salud. Por ejemplo, el apio refresca y es muy útil contra la retención o los edemas; los espárragos fluidifican la sangre y disminuyen la tensión arterial; las berenjenas promueven la circulación de la sangre y el pepino descongestiona la piel.

En cuanto a las frutas, el melón y la sandía, los reyes de la hidratación, benefician el corazón, la vejiga y el estómago; el limón mejora la absorción de minerales y limpia la sangre; la manzana humedece los pulmones y ayuda a generar líquidos; la pera ayuda en las digestiones y la piña tiene un gran poder diurético.