¿Postres sí o no?

Descubre cómo tomarlos y cuáles elegir para que resulten beneficiosos en tu organismo y no te pasen factura.

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Sabías que los postres pueden ayudarte en la digestión? Te contamos qué elegir y cómo incorporarlos a tu menú para darte un capricho sin que pase factura a tu dieta. El objetivo del postre es aligerar la sensación de tripa llena o el calor que se produce en el estómago, y esto suele pasar cuando comemos copiosamente. Por tanto, cuanto más copiosa sea la comida menos postre debemos tomar. Y no es por una cuestión calórica sino para no sobrecargar el organismo y debilitar el estómago y el intestino. Las consecuencias no son sólo engordar sino que puede doler la cabeza, sufrir de indigestiones o gases y padecer somnolencia.

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Se explica porque el postre interrumpe la digestión de todo lo que hayamos comido antes. Así que si queremos tomar postre conviene hacer antes una comida ligera. Los pasteles o tartas casan después de una ensalada que favorezca la digestión. Si quieres brownies, tartas de queso o helados lo mejor es optar por las ensaladas amargas –lechuga y apio; escarola y rábano o endivias– por su digestibilidad.

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La mejor opción
También depende de la constitución de cada uno. Las personas que más se pueden beneficiar de los postres son las de constitución delgada; los robustos pueden optar por fruta fresca o gelatinas y las personas tendentes a los edemas o cándidas deben evitarlos ya que los alimentos dulces humedecen y favorecen su aparición.

Aunque suene contradictorio, tras un helado o postre frío lo mejor es tomar una infusión. Esto se entiende porque el frío ralentiza la digestión y hace que los alimentos estén más tiempo del que debieran en el estómago además de que a veces su digestión es incompleta repercutiendo en la flora intestinal.

La mejor opción son los postres caseros: pastel de zanahoria, de manzana, compotas con canela, brownies de algarroba, flanes o natillas.

Con qué tomarlos
Comer lo que se nos antoje puede tener consecuencias no sólo porque cojamos peso sino también porque castiguemos nuestro organismo. Si no quieres renunciar al placer de un postre, es mejor que tu comida esté compuesta por alimentos ligeros y que ayuden a tu digestibilidad.

Por ejemplo, los rábanos, las endivias o el apio tienen un gran valor nutricional y pueden enriquecer una ensalada ligera que luego te permita darte un capricho sin alterar tu digestión.