No todas las aguas son iguales

Es tan beneficioso conocer los alimentos que comemos como el agua que bebemos.

Al igual que pensamos que debemos ingerir alimentos de calidad, también hay que darle importancia al agua que bebemos.

Debido a la contaminación y a la alteración de los ríos y bosques, cada vez es más difícil que el agua sea de calidad. Sin embargo, no podemos olvidar que es el nutriente más abundante de nuestro cuerpo y que constituye dos terceras partes de nuestra masa corporal.

Aguas medicinales
Cada tipo de agua tiene una cualidad única. Sus propiedades dependen de la estructura molecular, de las sustancias disueltas, de la temperatura y de la presión con la que emergen a la superficie.
Las aguas mineromedicinales son las que tienen una concentración determinada de minerales y son dotadas de una acción fisiológica y terapéutica más específica que la del agua corriente del grifo.

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Orígenes
Estas aguas mineromedicinales tienen dos orígenes principales.
1. Pueden proceder de la infiltración del agua de la lluvia o del agua del mar en la tierra. Suelen ser ricas en calcio magnesio y nitrato.
2. Otras aguas aparecen en zonas de regiones volcánicas y emergen a presión. Las de este tipo tienen, entre la mayoría de sus componentes, potasio, boro, flúor y silicio.

Tipos y bondades
CLORULADAS: Tienen un 20% de cloruros y pueden ser fuertes, medias o débiles. Vienen bien para las afecciones ganglinosas, digestivas o cardiovasculares.
SULFATADAS: Predomina el ion de sulfato. Pueden ser sódicas, que disminuyen la eliminación de glucosa por la orina, o magnésicas, que protegen la pared del estómago.
CARBOGASEOSAS: Contienen ácido carbónico libre. Vía oral son diuréticas y aumentan la absorción de hierro y calcio. Vía tópica estimulan la amplitud de movimientos respiratorios.
SULFURADAS: Contienen sulfuro como mineral predominante. Tienen indicaciones para afecciones respiratorias y hepáticas.
FERRUGUINOSAS: Son gaseosas porque van acompañadas de bicarbonato. Ayudan a absorber hierro.