Sigue tu reloj biológico

Cada dos horas, cambia el ritmo circadiano de tu cuerpo y marca el protagonismo de uno u otro órgano. Respetarlos mejorará tu estado físico y emocional.

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El cuerpo humano tiene su ritmo biológico: los ritmos circadianos, que oscilan cada 24 horas y ayudan al organismo a distinguir entre el día y la noche, por ejemplo. Los ciclos circadianos o reloj biológico están en el hipotálamo y son regulados por una sustancia sensible a la luz (melatonina) producida por la glándula pineal (ubicada en el cerebelo).

En el cuerpo, el ritmo biológico cambia cada dos horas. Empieza a las tres de la madrugada. Es la hora del pulmón, que se encarga de la distribución de la energía en el organismo. Por eso si está débil, a esa hora acusamos ataques de tos. Algunos ejemplos de reloj biológico son: la hora de los pulmones, va de las tres a las cinco; la del intestino grueso, entre cinco y siete; las del estómago, entre siete y nueve...

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El jet lag es un buen ejemplo para ver su importancia. Al modificar horarios, hay un desajuste circadiano que causa malestar en el organismo. Por eso, cuanto más nos adaptemos al ritmo que marca la naturaleza, mejor será nuestra calidad de vida, mejorará nuestra digestión y estado emocional.

Cómo comer

Si tienes en cuenta los ritmos circadianos, puedes potenciar tu energía con la alimentación. El desayuno debes hacerlo nutritivo y energético pero fácil de digerir. Ya que si fuera demasiado fuerte nos sentiríamos pesados a lo largo de la mañana. La hora del mediodía es un momento de mucha actividad, pero no hay que hacer comidas demasiado copiosas ya que no hay mucha energía en el estómago y le costará mucho tiempo hacer la digestión, provocando somnolencia y sopor. Hacia las seis o siete de la tarde se debería cenar ya que la energía descendente es más fuerte y la del estómago también. Se puede comenzar por una sopa, consomé o infusión para potenciar la digestión. No hay que cenar mucho ni muy tarde; los alimentos están más tiempo en el estómago facilitando la formación de fermentaciones, además de interrumpir la desintoxicación del hígado, lo que puede provocar pesadillas. Puedes seguir este lema: “Desayuna como un rey, come con un príncipe y cena como un mendigo”.