Combate el debilitamiento pélvico

El prolapso es la caída o el descenso de un órgano porque sus tejidos de sostén se relajan o debilitan. Para solucionarlo, lo más habitual es la intervención quirúrgica aunque se puede mejorar con ejercicios pélvicos.

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Los prolapsos genitales son más frecuentes de lo que se piensa. Hasta 12 de cada 100 mujeres son intervenidas quirúrgicamente por este problema que ocurre cuando se cae o desciende un órgano de su normal localización porque sus tejidos de sostén se relajan o se debilitan. Los más frecuentes son los de recto y útero aunque, por extensión, se habla de prolapso genital porque el útero y la vagina también pueden desplazarse y asomar al exterior.

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Falta de estrógenos

Las razones del debilitamiento pélvico son muchas y no se debe siempre a haber tenido varios embarazos, como suele creerse, aunque el número de partos vaginales puede influir. Una de las causas más comunes es la falta de estrógenos por la menopausia, ya que los estrógenos influyen de manera directa en la fortaleza del suelo pélvico. También se debe considerar el esfuerzo prolongado durante el parto, el estreñimiento crónico, la tos frecuente, los estornudos o la obesidad. Todas estas causas ejercen una presión constante sobre el suelo pélvico y por tanto amenazan su vigor e integridad.

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Los síntomas del prolapso se asocian a un sensación de pesadez o presión en la zona, sobre todo cuando se está de pie. Cada mujer puede vivirlo de manera diferente. Mientras para unas pasa casi desapercibido, para otras puede suponer un trastorno serio que altera su calidad de vida.

Posibles soluciones

Los síntomas del prolapso vaginal suelen comenzar por incomodidad  o dolor a la hora de mantener relaciones sexuales. También aparece incontinencia urinaria, dolor, presión y pesadez en la pelvis. Pueden aparecer molestias al andar y dolor en la parte baja de la espalda.

La solución más habitual es la quirúrgica. Si la mujer es muy mayor y no desea actividad sexual, se cierra completamente la vagina. También se pueden recolocar los órganos afectados y devolverlos a la posición original.
Cuando no se quiere pasar por el quirófano, se utiliza un dispositivo de silicona que se inserta en la vagina para sujetar los órganos desplazados.

Tipos de prolapso

•Los tipos de prolapso dependen del órgano que se haya desplazado.
•El más común es el cistocele, que es el desplazamiento de la vejiga. Su importancia reside en cómo sea de grande ese desplazamiento porque, en ocasiones, puede llegar a asomar por la vagina. Este hecho aumenta, considerablemente, el riesgo de infecciones urinarias.
•El desplazamiento de útero es uno de los prolapsos más frecuentes y también puede llegar a asomar al exterior con los problemas que acarrea.
•El restocele es, como su nombre indica, la caída hacia adentro del recto y que obliga a intervenir casi siempre porque puede producirse una acumulación de materia fecal, algo que puede ser muy perjudicial para el organismo.

Los ejercicios de Kegel

Siempre que se plantea la posibilidad de reforzar el suelo pélvico, se recurre a los ejercicios de Kegel. Son simples y consiguen mejorar la musculatura de la zona con lo que, además, podrás luchar contra la incontinencia urinaria y mejorar las funciones sexuales.

Tumbada, sentada o de pie porque la postura es quizá lo de menos, la mujer debe tratar de contraer los músculos que se utilizan para interrumpir la salida de la orina. Tiene que mantener la contracción durante diez segundos. Inmediatamente, hay que relajar 10 segundos. Deberá repetirse 10 o 20 veces seguidas y, por lo menos, tres veces al día.