Evita comer con prisa

Comer rápido y con estrés no sólo engorda sino que, además, puede dañar tu salud, complicar tu digestión y afectar a tu sistema inmunológico.

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El ritmo de vida tan acelerado que llevamos hace que el organismo entre en un círculo vicioso más difícil de controlar de lo que imaginamos. Las prisas y el estrés pueden desencadenar situaciones complicadas. Una de las cosas más importantes que podemos hacer para mantenernos con salud es no comer con prisa.

La elección de los alimentos que elijamos para nutrirnos bien es muy importante, sobre todo, la calidad de los mismos, pero el círculo no se cierra si los comemos con prisa. En el organismo suceden a cada instante multitud de reacciones químicas que no podemos dominar. Nosotros comemos y es el cuerpo el que decide qué hacer con esos alimentos.

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Cómo masticar la comida

Comer con prisa engorda. Es cierto eso que le sucede a mucha gente cuando dice “a mí el estrés me engorda”. Esto es así porque las prisas y el estrés son incompatibles con hacer una buena digestión y ésta es la antesala de una buena salud: o salen las hormonas del estrés o las de la digestión.

Si comemos estresados, se libera adrenalina y es entonces cuando el cuerpo se pone en estado de alerta o huida. Esto hace que se paralice la digestión. Da lo mismo que el miedo sea real o imaginario, el cuerpo reacciona igual. Al liberarse adrenalina, cree que está ante un peligro y, como hacer la digestión no es lo más importante en ese momento, se para.

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Comer con prisa acarrea muchas cosas incompatibles con una buena digestión, por ejemplo, no masticar bien los alimentos, algo fundamental para aprovechar bien los nutrientes. También se ve afectada la salida de los jugos digestivos imprescindibles para digerir bien lo que hay en el estómago.

La digestión empieza en el cerebro

Lo mejor es prepararse para comer. Tanto si estamos en casa como en un restaurante hay que pensar en lo que vamos a comer para que el cuerpo se prepare para digerir esos alimentos y no otros. La digestión empieza en el cerebro.

Comer con estrés, además de a la digestión, afecta al sistema inmune debilitándolo. En estos casos, consume muchísima cantidad de vitaminas, aumenta la oxidación celular, la fatiga, la presión sanguínea y el colesterol y azúcar en sangre (por culpa del cortisol).

Ya que invertimos tiempo y dinero en elegir los alimentos más adecuados, es una pena que se estropee por las prisas. Gestionar bien el estrés es fundamental para nuestra salud. Es un ejemplo de que la mente y el cuerpo se influyen constantemente.