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Los últimos días de vacaciones ya no se viven con la ilusión de los primeros. Es el momento de hacer ese balance positivo y de ir preparándose mentalmente para lo inevitable: la vuelta a la rutina y al trabajo.
Pero hay que verlo con la realidad de que venimos de disfrutar de las vacaciones. Es el momento de repetirse una y otra vez que, sin el trabajo, no hay vacaciones. Por ello, no debemos caer en la desgana, sino mirar el nuevo curso con optimismo y fuerza.

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Los más propensos
Quien más lo padece es quien tiene pocas perspectivas laborales. La solución estriba en tener claro que sin trabajo no hay vacaciones y en valorar lo que se tiene, más aún en un momento económico como el actual. Un buen remedio consiste en establecer dentro de esa rutina que no
te agrada demasiado un proyecto
personal y un quehacer concreto para llevar a cabo en las horas de ocio.
Uno de los detalles más curiosos de la famosa “depre” posvacacional es que, a veces, no aparece al llegar, sino a los
cinco o diez días, cuando la rutina se impone de nuevo. A los síntomas de desgana y apatía, se pueden sumar problemas de sueño y, como consecuencia, irritabilidad, fatiga y cansancio.
Alimentos que ayudan
Muchos aspectos de las horas bajas se relacionan con un déficit vitamínico. Incluso muchas depresiones incipientes pueden tener este origen. Para evitarlo, debes aportar a tu organismo las vitaminas que en este aspecto resultan básicas.
La B1, o tiamina, por ejemplo, que se encuentra en el arroz integral, levadura de cerveza, germen de trigo y soja. La B3, o niacina, que la tienes en pescados, huevos, levadura de cerveza, cereales integrales y aves. La B6 puedes encontrarla en cereales y en los mejillones, o en otros mariscos como gambas o langostinos. Por último, debes aportar pescado y productos lácteos, que proporcionan vitamina B12.
Ejercicio y consejos
Es el momento de plantearse hacer algo de deporte. Caminar quince o veinte minutos es suficiente; y prescindir del ascensor es también un buen ejercicio. Las técnicas
de respiración y relajación también te ayudarán a relajarte.
Reserva media hora al día para ti y ocúpala en lo que más te guste. No abandones tus aficiones o busca una que te ayude a olvidarte de la rutina al menos por un rato.

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Pautas para solucionarlo
Para que la vuelta a la rutina sea lo menos traumática posible, te proponemos una serie de consejos. En primer lugar, es muy importante tener un proyecto para la vuelta. Por ejemplo, muchas amas de casa esperan las vacaciones para pintar y encontrarse a la vuelta con la ilusión de la casa pintada. Trata de no agotar hasta el último momento tus días libres, ya que volver unos días antes de incorporarse al trabajo facilita la adaptación al entorno de siempre. Esos días te servirán para normalizar tu patrón de sueño. Además, conviene repasar esas vacaciones que tan cortas nos han parecido y comprobar cómo el cerebro se ha ido aireando, cómo se han oxigenado las ideas, renovado ilusiones y renacido amistades, encuentros y charlas.