Crisis y paro: evita que afecten a tu salud

La crisis económica ha provocado un aumento de los casos de estrés, ansiedad y depresión. Te contamos por qué y cómo tratarlos.

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Las personas que no tienen trabajo van al médico diez veces más que aquellas que sí lo tienen. Incluso podría hablarse ya de una “patología o enfermedad del paro” que tendría como síntomas iniciales la depresión, el insomnio, la agresividad, la decepción vital y la pérdida de autoestima. Tras una primera etapa errante, pronto comienza el consumo abusivo de alcohol. Todo ello, acaba desembocando en conflictos dentro del entorno familiar.

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Actualmente puede decirse que el desempleo es la primera causa de insomnio y de estados depresivos. De hecho, el 9% de los parados se queja de esa situación de bajo ánimo, que sólo se da en un 4% de la población activa.
Además, más del 26% de los desempleados tienen alguna crisis de ansiedad y de angustia, frente al 14% de los que tienen un empleo. Además, cerca de la cuarta parte de las personas que están en paro tienen problemas de sueño.

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El proceso
Cuando llega el ERE o el despido, el individuo confía en que la situación se va a resolver. Confía en sí mismo, en amistades, en entrevistas, en viejas aspiraciones. Hay promesas y la confianza se mantiene. Además, en la primera fase, todavía tiene cobertura económica. Se siente incómodo, pero seguro. Él mismo busca negar la situación en que se encuentra. No tiene  dónde ir, pero sigue levantándose a la misma hora.

Pasa el tiempo y el tema de la economía se convierte en obsesión. A partir de entonces, todo es mirar hacia atrás. Cada vez tiene menos relaciones sociales. Se recluye. Es cuando empieza a ser candidato a la enfermedad. Se ve como un jubilado prematuro que por desconfianza ya no busca un nuevo trabajo. Empieza a sentirse infravalorado y se convierte en un individuo susceptible y picajoso. Poco a poco, la enfermedad del paro se va asentando. Comienzan los trastornos psicológicos y emocionales.

Además, si el parado es cabeza de familia, el problema se agudiza y la salud del otro se destruye paralelamente. El paro no sólo incide en la salud de quien lo padece, sino también en la de su familia. Si hay algún problema mental subyacente, el paro lo agudiza. La ansiedad, la depresión y el insomnio se acentúan. Y hay un intento de aislarse de la sociedad.

Lo que más se demanda
Los ansiolíticos, concretamente las benzodiacepinas, son los psicofármacos más prescritos por el médico de familia. Su utilización suele ser la adecuada a corto plazo, aunque pocas veces está justificado su consumo de forma más constante, como ha pasado en los últimos años. Cuando se  toman de manera prolongada pueden generar dependencia.

Los antidepresivos, en cambio, no producen esa adicción pero sí pueden provocar un síndrome de abstinencia si se dejan de tomar de repente. Por eso, se debe hacer de manera paulatina. No obstante, no parece existir un consumo abusivo de antidepresivos sin prescripción médica; más bien al contrario porque, en ocasiones, es el propio médico el que detecta que se ha abandonado el tratamiento antes de lo debido.

Es más fácil que se sufra un problema de abuso con las benzodiacepinas. Por eso se recomienda un uso a corto plazo (entre cuatro y ocho semanas) y su retirada gradual.

Más consultas
La realidad es que la crisis y el desempleo han multiplicado el número de casos de ansiedad, depresión y estrés. De ahí el aumento de consumo de antidepresivos. Como señala el Dr. Zarco, “aunque este mayor consumo no se debe sólo a la situación económica, es cierto que la aparición de nuevos fármacos, con menos efectos secundarios, ha multiplicado su demanda. Y por eso debemos asesorar a nuestros pacientes sobre las intervenciones más adecuadas (farmacológicas o no)”.
 

El perfil
Para los médicos de familia, el perfil del paciente al que se prescribe psicofármacos con más frecuencia coincide con el que a su vez los demanda; es decir, una persona de mediana edad, tanto hombre como mujer, y de cualquier condición sociocultural. El tratamiento farmacológico debe ir acompañado siempre de psicoterapia de apoyo. Es decir, hay que ofrecer al paciente un espacio de escucha en el que pueda exponer confidencialmente sus problemas y en el que se le oriente acerca de cómo poder afrontarlos.