Salud: niños hiperactivos

Entre el 3 y el 7 por ciento de los niños en edad escolar padece este trastorno. Tienen movimiento excesivo, no atienden, se distraen y presentan reacciones de rabia y hostilidad.

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El síndrome de déficit de atención, hiperkinesia o disfunción mínima cerebral es un problema que se puede diagnosticar hasta a la mitad de los niños que van al psiquiatra.
 

No tienen lesiones neurológicas
El niño presenta un comportamiento anormal que incluye un movimiento excesivo, falta de atención, continua distracción, reacciones repentinas de rabia o de coraje, hostilidad, inmadurez, desafío a los compañeros, desobediencia, dislexia u otros problemas escolares. El conjunto de síntomas aparece en los primeros años de vida y no presenta lesiones neurológicas ni déficit sensorial.

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Según los últimos datos, entre el 3 % y el 7 % de los niños en edad escolar lo padecen. Sin embargo, es muy interesante lo que dice el doctor Castells Cuixart. “Yo recomendaría a los padres que, antes de iniciar el periplo por especialistas, se plantearan unas preguntas: ¿Mi hijo tiene un problema educacional o un trastorno orgánico? ¿Nos hemos aplicado en educarle o le hemos dejado ir por libre? Y responder con sinceridad. A mí me gustaría dar un mensaje de tranquilidad a estos padres. Yo mismo, si ahora volviera a mi infancia, estoy seguro de que me lo diagnosticarían. Pero en mi época no había tratamiento, sino simple y pura comprensión”.

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Síntomas
Lo que primero que se detecta es la actividad corporal excesiva y desorganizada. Tiene dificultades en la psicomotricidad gruesa y en la coordinación manual: suelen tener movimientos involuntarios de manos y, con bastante frecuencia, tartamudean.

También tienen problemas para regular su conducta, ya que pasan a la acción sin reflexión previa, lo que conlleva, además de no aceptar
las normas sociales, la exigencia de satisfacción inmediata de sus deseos. Tienden a practicar actividades peligrosas y tienen poca tolerancia a la frustración.

Tres son los síntomas definitorios según los especialistas: inatención, hiperactividad e impulsividad. También están la dificultad para prestar atención en tareas y juegos, no escuchar, mostrarse olvidadizo y perder cosas, no seguir las instrucciones, ser inquieto y tener dificultad para estar sentado, hablar excesivamente o interrumpir las conversaciones y juegos de los demás.

Tiene tratamiento
Una detección precoz y una atención multidisciplinaria mejoran notablemente la situación. El tratamiento tiene que incluir muchos factores: desde un profesorado específico conocedor del problema a una formación de los padres, pasando por el tratamiento médico. Éste suele con anfetaminas que aumentan la comunicación entre las neuronas. Algunos médicos recomiendan que el niño deje el medicamento de vez en cuando para determinar si todavía lo necesita. El niño debe estar controlado porque los medicamentos pueden presentar efectos secundarios, como aparición de tics.

Aunque el tratamiento debe ser la primera opción, los expertos señalan que la implicación de la propia familia es fundamental para conseguir resultados satisfactorios. Los pediatras recomiendan: organizar las tareas según su capacidad de realización; establecer horarios y rutinas que ayuden a mejorar la organización; limitar los estímulos y, en el colegio, deben estar sentados cerca del profesor.