Los cuatro pilares que debes cuidar

Cuando emprendes un viaje, “vigilas los niveles” de tu coche. Haz lo mismo con tu cuerpo para mantener a raya dolencias como el colesterol, el azúcar, el ácido úrico y la tensión.

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Colesterol, un peligro tenerlo alto

No tenemos conciencia del peligro que supone tenerlo elevado. Es un factor de riesgo de primer orden porque, además de endurecer las arterias, puede depositarse en ellas y reducir su calibre.  En sí mismo, no es nocivo y la prueba es que forma las membranas celulares y participa en la síntesis de hormonas, algunas vitaminas y los ácidos biliares.

•Al tenerlo elevado se favorece la formación de trombos. Si ocurre, puede privar de riego una parte del corazón –infarto de miocardio– o algún vaso del cerebro con el riesgo de ictus o hemorragia cerebral.

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•Es, con el tabaco y la hipertensión, una de las grandes amenazas del cerebro.

•Todo adulto de más de 20 años debe conocer sus cifras de colesterol y de lipoproteínas LDL y HDL. El nivel debe de estar por debajo de 200 mg/dl. El límite podría establecerse entre los 200 y los 250. Y por encima de los 250 debe considerarse alto.

La tensión deteriora el organismo

La tensión es la fuerza con que la sangre, al salir del corazón, golpea las paredes de las arterias. Cuando el corazón late es cuando tiene más fuerza (tensión máxima) y cuando descansa, entre un latido y otro, es la tensión mínima. Si las cifras son altas, existe el riesgo grave de que lesione nuestras “cañerías” internas. Conociéndolo, si hay riesgo, tiene fácil solución en manos del médico.

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•La tensión elevada no da síntomas, pero va deteriorando el organismo, con especial incidencia en cerebro, corazón o riñones.

•Esta situación provoca lesiones vasculares que alcanzan incluso a las arterias más pequeñas y los capilares y supone una alteración de la estructura de la pared de los vasos y su función. El riesgo más grave es que la presión excesiva acabe reventando una de las “tuberías”.

•Se debería tomar la tensión al menos una vez al año, especialmente los varones mayores de 40 años y las mujeres en edad menopáusica y posmenopáusica.
azúcar

Enfermedad crónica

Entre un 3 % y un 5 % de la población adulta tiene diabetes no diagnosticada, una enfermedad que se define como crónica –perfectamente controlable– que se caracteriza por el déficit o el mal funcionamiento de la insulina por parte del organismo. La insulina es una hormona especializada en el transporte de nutrientes a los tejidos: actúa como si fuera el ticket de entrada para que los azúcares, la energía de los alimentos, pueda pasar a las células y nutrirlas.

•Si el páncreas no produce suficiente insulina, o la que produce no actúa bien, la glucosa no puede entrar en las células y se acumula en la sangre. Es la diabetes.

•Siempre, y especialmente si se tiene sobrepeso, conviene saber cómo andan los niveles de azúcar en nuestra sangre.

Ácido úrico

Se manifiesta en la gota. Una de las consecuencias de un ácido úrico elevado es la cada vez más frecuente gota. Cuando comemos, ingerimos como componentes básicos de la alimentación grasas, hidratos de carbono y proteínas. Como consecuencia de la digestión de algunas proteínas, aparecen unas sustancias que se llaman purinas. De la degradación de esas purinas, resulta, en parte, el ácido úrico.

•Sube porque en la dieta hay demasiadas purinas o porque hay algún problema metabólico.

•El exceso se deposita en lugares muy concretos. La manifestación más conocida es la gota. Ese ataque doloroso en la articulación del dedo gordo del pie que se llama podagra. El ácido úrico se deposita en forma de uratos, auténticos cristales, alrededor de la articulación del dedo.