Psicología: el volante nos transforma

Un tercio de los accidentes y la mayoría de los altercados que ocurren en el tráfico diario de las grandes ciudades se producen por la agresividad que se apodera de nosotros al ponernos al volante. Muchos conductores se “transforman”: se olvidan dentro del coche de la educación y se comportan como realmente son, sin el menor reparo o disimulo.

¿Por qué tanta agresividad?
Frente a los mandos de un coche todo se ve diferente; protegidos en su interior, el resto de los conductores parecen convertirse en enemigos o al menos competidores a quienes hay que vencer, luchando por ser los primeros, por ocupar un espacio o por demostrar nuestra habilidad y astucia conduciendo.

Todo esto no es más que una expresión de la agresividad que en otras circunstancias contenemos quizás porque allí dentro, parapetados, nos sentimos más seguros; también porque un potente motor parece suplir toda confianza que a veces nos falta en nosotros mismos, y sobre todo, porque los demás, metidos en sus propios vehículos, sin oírles y sin que nos puedan oír, se deshumanizan y pasan a ser simplemente obstáculos que obstruyen nuestro camino.

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¿Podemos evitarlo?
Sí, simplemente deberíamos pensar en cómo nos comportamos en cualquier otra situación. ¿Quién no ha cedido el paso a cualquiera sin conocerlo? ¿Insultamos a quien tiene dificultades o camina más lento? Éstos y otros muchos ejemplos nos pueden servir para evitar transformarnos al volante. Piensa en lo que pensaría de ti cualquiera que te conozca si te viera perder así la educación y piensa, sobre todo, en la seguridad.