Cuidado con la garganta

Su irritación, la tos y el carraspeo son molestias muy frecuentes en estas fechas. La causa principal es el frío, aunque no es el único factor que influye.

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El frío, que debilita nuestras defensas, la humedad, el abuso de bebidas con hielo o quizá los excesos del tabaco, pueden provocar irritación de garganta.

La tos superficial, carraspera e incomodidad al tragar se presentan como primeros síntomas de una afección no grave, pero molesta. Afecta a todos, especialmente a los niños, y es mucho mas evidente por la mañana. Hay quien lo achaca a dormir con la boca abierta.

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Aprender a respirar
Respiramos constantemente, pero solemos hacerlo de manera deficiente: por la boca. Este hábito, además de llevar a nuestros pulmones un aire que no está en las debidas condiciones, es un riesgo claro de faringitis.

Nuestro organismo está preparado para recibir el aire por la nariz, que dispone de lo necesario para cumplir las tres funciones que tiene encomendadas: filtrar el aire, humedecerlo y atemperarlo, para que al llegar a los pulmones no esté ni excesivamente frío, ni excesivamente caliente.
 

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El frío y las corrientes
Muchas veces nos planteamos la misma pegunta: ¿qué relación puede haber entre una ventana abierta, una temporada de frío y un catarro o una gripe? Pues muchas; y desde luego, la cultura popular lo ha  asimilado. Prueba de ello es que un catarro –que también está producido por un virus– suele llamarse popularmente “resfriado”.

En el caso de la gripe, basta decir que el virus se llama “influenza”. Proviene del italiano. Y es que se achaca la enfermedad a la “influenza di freddo”; es decir, por influencia del frío.

El frío favorece la difusión del virus. Por eso la temporada gripal va de noviembre a marzo, con un pico habitual en enero. El virus se contagia mejor a temperaturas inferiores a cinco grados y escasa humedad. Además, el frío hace que los virus sean más estables y que puedan permanecer más tiempo en circulación. Por otra parte, modifica las mucosas y hace que su difusión sea más sencilla. Por si fuera poco, con bajas temperaturas solemos estar más tiempo en locales cerrados y más agrupados, lo que facilita la transmisión.

¿Qué podemos hacer?
No hagas mucho caso de los remedios caseros. Algunos tienen cierta lógica, como los vahos de hierbas aromáticas. Otro remedio popular que estuvo muy en boga era poner cebollas dentro del dormitorio. Lo más recomendable, en cambio, es descansar; beber líquidos, especialmente zumos de cítricos; utilizar algún colutorio que calme la irritación; comer ligero, especialmente frutas y verduras, y, sobre todo, pedir consejo al médico o al farmacéutico.

Carraspeo
Carraspear, que según el diccionario de la Real Academia es “emitir una tosecilla repetidas veces a fin de aclarar la garganta y evitar el enronquecimiento de la voz”, es el primer síntoma. Y las causas hay que buscarlas en esa deficiente respiración, en algún tipo de alergia, cambios bruscos de temperatura, en el tabaco (propio o ajeno), o en hablar más alto de lo debido.

El catarro
Otra causa importante del dolor de garganta es el catarro. Por término medio, cada adulto pasa cuatro catarros al año. Y los niños seis. Hay más de cien virus distintos que pueden causar esta infección que, aunque molesta, suele ser benigna. Tiene tres momentos críticos: final del otoño, mitad del invierno y comienzo de primavera. ¿Solución? El tratamiento sintomático y el descanso. Los niños de entre uno y cinco años son los más propensos.