¿De qué nos enamoramos?

El enamoramiento es un estado natural en el ser humano similar al estrés, pero nunca nos paramos a analizar qué factores genéticos nos inducen al amor.

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La mujer se fija primero en la inteligencia, luego en la simpatía y por último en la personalidad. Los hombres, en cambio, al principio se enganchan por el atractivo femenino, aunque con el tiempo esa atracción disminuye y buscan más un apoyo emocional. Pero una cosa es lo que nos llama la atención, y otra muy distinta es por qué una persona se enamora de otra.
 

Todos tenemos un patrón ideal y, si el otro se ajusta a ese patrón, se inician una serie de reacciones químicas y secreciones cerebrales que nos producen esa sensación de amor. Algunos científicos han detectado un aumento de feniletilamina, que produce una reacción similar a la del estrés. Se acelera el pulso, la taquicardia avisa de que el corazón está deseoso de amar y el rubor se asoma a las mejillas.

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ADICTOS AL AMOR
El proceso es similar al de estar inmerso en una tensión emocional. Las hormonas dilatan la pupila y se acelera la coagulación de la sangre. Tras el primer aviso, llega la secreción de las endorfinas cerebrales, que fabricamos nosotros mismos. Esas secreciones hacen que nos sintamos bien. Y por eso, puede desarrollarse la necesidad de más cantidad de amor. De ahí que el gran consejo que siempre se da es que no se deje sitio a la rutina, porque aquieta esa sustancia, que también puede crear dependencia. Y por eso hay adictos al amor, a los que solemos calificar de enamoradizos.

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EL AMOR NO CORRESPONDIDO
La Dra. Fisher, antropóloga de la Universidad de Rutgers en New Jersey (EE.UU.), realizó un estudio en el que analizó a una serie de personas que, aún enamoradas, no eran correspondidas.
Además, demostró que también se afectaba el área cerebral de la recompensa, como la de los enamorados; pero como si fuera una conducta adictiva, similar a quien busca la recompensa de las apuestas. Esto explicaría por qué algunas personas siguen enamoradas aunque han sido rechazadas. Y es que a pesar de no recibir lo que uno quiere, la dopamina sigue trabajando.

HOMBRES Y MUJERES
Parece, además, que hay diferencias entre hombres y mujeres: “En hombres hemos encontrado –sostiene la Dra. Fisher– más actividad en la parte del lóbulo superior del cerebro, que se asocia con la integración de los estímulos visuales, mientras que en las mujeres, las áreas que entran en juego se relacionan con la memoria y los recuerdos”. Además, las actividades cerebrales que se producen cuando se está enamorado sólo suceden una vez en la relación de pareja, pues “a lo largo del tiempo el amor se va convirtiendo en cariño y apego”.

Según la teoría de la Dra. Fisher, hay tres sistemas cerebrales relacionados con el amor que interactúan entre sí: el impulso sexual, el amor romántico y el cariño o apego tras una larga relación.

EL AMOR ES CIEGO
También ha explicado por qué se dice que el amor es ciego. “Cuando estamos enamorados, un área del cerebro se desactiva”. Es una parte de la amígdala cerebral, que se relaciona con el miedo. Por eso “no vemos los aspectos que no nos gustan y aceptamos el resto”. Y llama la atención sobre un aspecto curioso: la actividad sexual puede elevar la dopamina en el cerebro e inducir al amor romántico, por lo que afirma de manera rotunda: “No te acuestes con la persona de la cual no quieras enamorarte”.