Ansiolíticos: un abuso peligroso

El consumo de psicofármacos ha aumentado notablemente en los últimos años y, por primera vez, supera a la tasa de consumidores de cannabis. Te contamos las razones y los riesgos.

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Desciende el consumo de drogas, pero aumenta de manera notable el de hipnosedantes, según la última encuesta del Plan Nacional sobre Drogas. El consumo de alcohol entre menores de 18 años, aunque ha bajado, sigue siendo muy elevado; pero asciende ligeramente el atracón de alcohol que se concentra en el grupo de adultos jóvenes de 20 a 29 años, de ambos sexos.  Los datos también revelan que el 21,8% de los hombres de entre 15 y 19 años y el 17,2% de las mujeres se han atracado alguna vez de alcohol en los últimos 30 días.

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Las drogas de mayor consumo son, por este orden, el alcohol (el 76,6% lo ha consumido en los últimos doce meses), el tabaco (40,2%) y los hipnosedantes (11,4%). La proporción de personas que consume estos últimos supera por primera vez a la de los consumidores de cannabis.

“Aplasta la memoria
Para el profesor Bobes, los problemas que produce la adicción a las benzodiacepinas son muy serios. Además de producir un auténtico aplastamiento de la memoria, también interfiere en los procesos cognitivos y altera la capacidad de trabajo y de atención. Y hay estudios –señala– que demuestran cómo el consumo de estas sustancias aumenta la siniestralidad vial y laboral. El problema es que tendemos a infravalorar la importancia de estos fármacos y se banalizan las consecuencias y los riesgos. Hay quien las consume, por ejemplo, para tratar una depresión más o menos leve. Y claro –señala el Dr. Bobes–, si alguien las toma para tratarla, al ver que no mejora, puede convertir el trastorno en crónico, con el riesgo de que la medicación también lo sea. Tienen sin duda, un riesgo de dependencia claro, y como puede constatar cualquier consumidor, puede producir con mucha frecuencia una sedación excesiva y una bajada de tono considerable. Todo ello pone en riesgo la actividad habitual del individuo, sobre todo para trabajos especiales o para conducir.

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Perfiles y causas
La edad de inicio se mantiene estable. Los inicios más precoces son los de alcohol y tabaco, en torno a los 16 años, y el de cannabis, a los 18. El más tardío sigue siendo el de los ansiolíticos, que empiezan a consumirse a los 34,5 años de media. El número de mujeres consumidoras duplica al de los varones. Es un consumo que viene aumentando desde 2005.
A la hora de buscar las causas de este abuso de sedantes, la crisis, la ansiedad y el estrés ocupan un lugar preeminente. Estamos en una sociedad con escasa tolerancia al fracaso, con una actividad laboral cada vez más insegura y con dificultades de convivencia y comunicación en el seno de las propias familias, lo que lleva a la soledad. Quizá por todo ello, siete de cada diez consumidores de estos psicofármacos son mujeres.

Los riesgos
El problema grave de estas sustancias, indicadas para casos de crisis agudas de ansiedad o como “hipnótico de urgencia”, es su uso prolongado, ya que además de crear dependencia, pueden tener efectos secundarios serios y graves. Por eso, los médicos de familia, que son los profesionales que más prescriben estos tratamientos, son los que deben decidir también cuándo y, sobre todo cómo, se debe abandonar la medicación.

Tres meses
Uno de los riesgos más claros es el de la adicción. Si se toman de forma regular durante tres meses, ya se está en el camino de la habituación. La Agencia Española del Medicamento ya estableció en el año 2000 la regulación de los ansiolíticos. Señala que su indicación terapéutica es para casos de “ansiedad aguda” y la duración del tratamiento no debe superar las ocho o doce semanas. En España la duración media de empleo de estas sustancias es de ocho años.

Para dormir
Se recomienda que no se sobrepasen las ocho semanas, incluyendo el período de retirada del fármaco. Sin embargo, se cometen abusos manifiestos. La persona mayor, que por la edad tiene un sueño fragmentado y sostiene que no duerme, recurre con frecuencia a estas sustancias. Entonces duerme más, pero no mejor, porque en muchas ocasiones se transforma y cambia el patrón de sueño. Se convierten en una auténtica almohada química.