Salud: conducción y medicamentos

Si te estás medicando, asegúrate de leer bien el prospecto antes de coger el coche, porque muchos fármacos tienen efectos secundarios que dificultan la conducción.

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El 10% de los conductores implicados en accidentes graves de circulación han consumido algún medicamento. Los especialistas en alergias llaman de manera continua la atención sobre los fármacos que habitualmente consumen estos pacientes y que producen, en muchos casos, somnolencia. Los antihistamínicos están involucrados en dos de cada 100 accidentes mortales y en el 4% de los accidentes con heridos.

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En general, son muchos los medicamentos que de una u otra forma pueden alterar nuestra conducta o nuestra manera de conducir. Los que son de uso habitual pueden desde modificar la percepción, hasta distorsionar la visión, como puede ocurrir con algunos colirios. Hay algunos preparados contra la tos que pueden alterar la concentración. Además, si por ejemplo, se está tomando una medicación contra la úlcera, y se bebe un poco de alcohol, la tasa de alcoholemia que se logra es muy superior a la que correspondería a la dosis ingerida.

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La Dirección General de Trafico hace especial hincapié en la importancia de que los médicos –cuando receten cualquier fármaco– se informen si el paciente es conductor habitual y señalen qué efectos puede provocarle.

Cómo nos afecta
Algunos antidiabéticos pueden originar palpitaciones o taquicardia. Los antidiabéticos pueden producir sensación de hambre y náuseas. Si se están tomando antihistamínicos, antidepresivos, antidiabéticos, beta-bloqueantes, ansiolíticos, neurolépticos, puede presentarse agresividad, nerviosismo, irritabilidad, aturdimiento, mareos, falta de concentración... Y en ocasiones puede aparecer vértigo y alteraciones de la visión. También pueden verse afectados los músculos, produciendo una pérdida de tono, o en ocasiones, una sedación anormal. A veces, puede haber temblores. Y los hipnóticos y ansiolíticos pueden hacer disminuir los reflejos de las extremidades inferiores.

Las benzodiacepinas
Otro gran grupo que puede resultar peligroso para conducir son las benzodiacepinas, que actúan sobre el sistema nervioso central relajando y tranquilizando a quien los toma. Prueba de ello es que suelen  prescribirse para estados de ansiedad o insomnio. Suelen tener un nombre comercial terminado en -pam o -lam (aunque una de las mas populares es el “tranxilium”). Y si se mezclan estas sustancias con alcohol, aún en pequeña cantidad, los efectos pueden multiplicarse.

Fármacos y efectos
En muchas ocasiones, las consecuencias del consumo de fármacos son leves y no alteran de manera significativa el comportamiento al volante. Sin embargo, conviene conocerlos, porque en el caso de un consumo prolongado, puede haber modificaciones en la conducta.
Antihistamínicos: Efecto leve y moderado.
Antiulcerosos: Efecto moderado.
Analgésicos antitusivos: Muchos no tienen efecto alguno. Otros leve y moderado, sobre todo, si contienen codeína.
Antidepresivos: Los nuevos son mucho más seguros; conviene leer el prospecto detenidamente.
Antidiabéticos: Efectos leves, por hipoglucemia.
Antiepilépticos: También los más modernos tienen menores efectos. Moderados y graves.
Antimigrañosos: Hay que tener especial cuidado con la familia farmacológica de los triptanes.
Betabloqueantes: Leves y moderados.
Estimulantes: Leves y moderados.
Neurolépticos: Moderados y alguno grave.
Hipnóticos y sedantes: De moderado a grave.