Vida sana: adolescentes, los problemas crecen con ellas

Se han equiparado a los chicos en el consumo de alcohol y drogas y les van los chicos malotes, volviéndose sumisas. Claves para afrontar la adolescencia de ellas... y ellos también.

De repente un día tu princesita deja de serlo y se vuelve irascible, contestona, sus notas bajan... ¿Qué ha ocurrido? Ha entrado en la adolescencia, “una etapa de turbulencias”, explica el psicólogo Ángel Peralbo, en la que los padres se quedan “descolocados”. Los adolescentes de hoy tienen problemas añadidos, explica: “Empiezan antes, a los doce años, y creen que lo saben todo”.

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-Las niñas, además, tienen otros problemas.
-Las chicas doblan en tratamiento psicológico a los chicos; se han equiparado a ellos en aspectos negativos, como consumo de alcohol y drogas, y retan como las que más. Cada vez hay más casos de chicas sumisas, que asisten a relaciones muy tóxicas en las primeras experiencias. Les va el chico malote.
 

Aumenta labisexualidad

-Se suman otros problemas hasta ahora desconocidos.
-Sí, están las redes sociales, desconocidas para los padres, que deben aprender cuanto antes sobre ellas para ayudarles a ejercer autocontrol y controlar ellos también. Además, está la bisexualidad, cada vez más extendida.

Lo más popular

-¿Cuáles son los principales errores de los padres?
-Forzarlos a que nos den toda la información que queremos y darles charlas por activa y por pasiva, porque al final se defienden con mentiras. Ser demasiado duros o flexibles e imponer normas en plena discusión.

-¿Cómo actuar?
-La adolescencia es una gran oportunidad para prepararlos para la vida y darles seguridad, autoconfianza e independencia. Invertimos en estudios, pero no en inteligencia emocional: debemos darles capacidad para autocontrolar y seguridad. Su éxito va en proporción con la capacidad para desenvolverse, no con la intelectual. Debemos potenciar su autoestima, estando cerca de ellos, mostrándoles nuestro amor, centrarnos en lo que funciona, conectar con ellos, mirarles a los ojos, ser firmes y cercanos. Necesitan límites pero no estar enfadados con ellos todo el día. Debemos buscar el momento bueno para hablar con ellos y hacerlo con frases cortas. Y no darle valor al “te odio” que dicen a veces, porque no es más que rabia del momento.