Soluciones para situaciones de estrés

El estrés es tres veces más frecuente en mujeres que en hombres y aumenta si, además, es trabajadora y madre. La causa podría estar en la dificultad para conciliar vida laboral y familia. Apunta cómo afrontarlo.

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Entre un 2% y un 4% de la población padece estrés enfermizo. Éste es tres veces más frecuente en la mujer que en el varón y suele pasar factura en forma de dolor de espalda, tirón de cervicales o un auténtico agotamiento.

Cuando se reflexiona sobre por qué ellas son más propensas a padecer de estrés, uno piensa que una de las causas podría estar en la dificultad de combinar la vida laboral y la vida familiar. Por este motivo, las principales víctimas del estrés son, precisamente, las mujeres que trabajan.
 

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Más en madres y trabajadoras

Un 15% de las mujeres trabajadoras lo padecen. Este porcentaje aumenta cuando se trata de madres de familia y disminuye, muy apreciablemente, cuando se plantea en los varones de la casa.

Mientras que, sólo un 13% de las personas que no tienen hijos se ven afectados por este problema, la cifra aumenta entre madres trabajadoras. Entre las mujeres que trabajan más de 39 horas por semana, casi tres de cada diez sufren estrés, porcentaje que disminuye a una de cada diez cuando no tienen hijos.

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En vista de estas cifras, se puede deducir que el estrés comienza cuando la mujer cree que el trabajo le quita un tiempo que debería dedicar a la familia, sea cierto o sólo una sensación.

La mujer, su principal víctima

“Las mujeres padecen con mayor frecuencia trastornos depresivos, ansiosos y de la conducta alimentaria así como insomnio debido a factores hormonales. También las fluctuaciones de progesterona y estrógenos en el ciclo menstrual pueden contribuir a los cambios de ánimo en las mujeres”, asegura la doctora Ferrando Bundío, de la Asociación Española de Psiquiatría Privada.

Desmotivación, falta de energía, dificultades de concentración, ansiedad, angustia, miedo y dificultad para dormir afectan a la vida cotidiana dependiendo de la gravedad de cada cuadro, explica la doctora Ferrando.

Un poco, es sano

Hoy conocemos como estrés el conjunto de molestias, esfuerzos, irritación y tensión a la que un ser viviente está sometido por el entorno. Éste puede ser el ruido, el miedo, el trabajo o la ansiedad. En definitiva, es la prueba de resistencia a la que la sociedad nos somete.

El estrés es tan antiguo como el hombre y, aunque hoy la gente puede enfermar por él, hace miles de años era su salvación. El motivo es que el estrés nos pone en guardia, preparándonos para la acción. Nos ponemos en tensión para afrontar físicamente un peligro. Pero, si no hay descarga de energía, ésta se acumula. Los lípidos van a la sangre y aumenta el riesgo coronario. También disminuye nuestro sistema inmunitario. El nerviosismo induce al estómago a una mayor producción de ácidos y aparecen espasmos intestinales. La sexualidad se distorsiona. En las mujeres, aparecen alteraciones menstruales, y en los hombres, puede llegar la impotencia. Disminuyen las defensas orgánicas y el primer aviso es el insomnio. Después viene la irritabilidad.

Qué hacer ante los síntomas

•El estrés es tres veces más frecuente en mujeres que en hombres. Pasa factura en forma de dolor de espalda, tirón de cervicales o agotamiento.

•Ante los síntomas de estrés, es importante consultar con un especialista. Él es quien mejor podrá ayudarte y orientarte. Es importante que no te abandones.

•Debes descargar la tensión acumulada. No es que haya que dar puñetazos en la mesa ni que haya que ir dando saltos por la calle. Por eso debemos acompasar el esfuerzo psíquico y el físico. Esto se consigue practicando deporte de una forma progresiva y continuada. Por ejemplo, un buen paseo distrae, es bueno y calma.

•Debes imponerte como norma la adaptación, es decir, se debe asumir que se vive en un entorno agresivo. Que por acelerarnos nosotros no vamos a conseguir nada. Intentar ajustar el tiempo y reconocer que nuestro nerviosismo no actúa sobre el reloj.

•Es importante comunicarse, tener vida en común y hablar.