Hijos, piercing y tatuajes

Raro es el adolescente que no lucha con sus padres para obtener su permiso o un buen día se lo pone y lo esconde hasta que lo descubren. La solución no es prohibir, sino escuchar, sugerir y negociar.

Los tatuajes y los piercings captan la atención de los más jóvenes. Raro es el adolescente que no lucha con sus padres para obtener su permiso o un buen día se lo pone y lo esconde hasta que lo descubren. La solución no es prohibir, sino escuchar, sugerir y negociar, porque detrás de la moda se pueden esconder motivos que los padres deberían conocer.

¿Son algo más que un capricho? Los jóvenes necesitan mostrar cierta rebeldía, canalizar sus conflictos juveniles, expresándolos a través de la ropa, la música, el lenguaje, los piercings y tatuajes, pero lo importante como padres es saber leer el mensaje y descifrar si esa rebeldía es un impulso natural y positivo para su maduración o esconde inadaptación y frustraciones.

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Escucha y muéstrale tu interés. Si tu hijo te pide permiso y te cuenta lo que quiere hacerse, es un buen principio. Al hablarte de sus gustos, está demostrándote que le importa tu opinión y está enviándote un mensaje de tranquilidad porque, tras ese deseo, no hay rabia, sólo reivindicación. En otros casos, si tu hijo tiene problemas, es cuando quizá la comunicación sea más difícil y le sorprendas con piercings o tatuajes sin haberlos consentido.

¿Que consejos debo darle?
Al margen de proteger su salud comprobando la higiene y profesionalidad del local donde se lo ponga, trata con él asuntos como el modelo, tamaño y lugar del cuerpo. Recuérdale que un tatuaje es para siempre y, si es discreto, será más difícil que se arrepienta. En el caso de los piercings, puedes negociar en qué ocasiones no debería llevarlos.